• Caracas (Venezuela)

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Alberto Soria

De "lo parecido", huya

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Usted lo comprueba a cada rato. Lo observa en la televisión, en revistas y periódicos. La banalización –disfrazada– avanza.

Se hace cocina sin nutrición. En Europa (donde hay controles) padres y maestros se despiertan un día y se enteran de que en las hamburguesas escolares y en los supermercados en lugar de ternera, hay caballo.

En el vino, para botellas vistosas envueltas en palabras, en lugar de añejamientos largos, caros, en barricas de roble, se ponen a flotar virutas de madera en tanques de acero inoxidable. “Es parecido, nadie lo nota”, nos explican.

Sin sustancia y fundamento, la apariencia se instala. Se convierte en moda. Intenta dominarlo todo.

 

 I

“Creo que hay una tendencia generacional hacia la superficialidad, que es a lo que lleva la sociedad instantánea”, comenta mi compañero de cata y sobremesa el maestro Nelson Garrido.

Entrevistado aquí por Carmen Méndez, cuenta cómo observa la banalización en su arte: “Ahora todo el mundo es fotógrafo, y eso es como si nosotros dijéramos que las personas que aprenden a escribir en un proceso de alfabetización se convierten automáticamente en escritores. Que haya más gente que sepa escribir no significa necesariamente que haya más poetas y escritores. Manejar la herramienta no implica tener el lenguaje”.

Cambie usted la profesión y la herramienta, y constatará cómo la tendencia se expande en el mantel de la sociedad contemporánea, como una mancha de aceite.

Garrido sostiene que “detrás de la cámara hace falta una persona pensante”. Lo mismo predican los maestros en la cocina, servicio, despensa, botellas y copas, que pueden convertir algo tan cotidiano, como mesa y tertulia, también en herencia, historia, viajes, lecturas, placer.

 

II

Para justificar desde la hamburguesa de caballo al vino maquillado, desde el aprendiz que se autoproclama chef hasta quien aprieta un botón y que cree hace retratos, se invoca su actualidad y aceptación.

También, aunque no se lo proclame abiertamente, su presencia mediática gracias al mensaje redundante, la publicidad encubierta y el que “también vende”. También vende porque la apariencia es una percepción, y la percepción hoy es la realidad.

Ante eso, uno no puede dejar de pensar en lo acertado y punzante de una breve frase del filósofo francés André Comte-Sponville: “Virtud sin buena fe es mala fe y no virtud”.