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Esteban Oria

No se parece a Chávez

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Ni en las fantasías más extremas de un opositor en tiempos de Chávez pudiera imaginarse escenas de represión como las vividas el 12 de febrero de 2014,  las redes sociales muestran imágenes y videos realmente indignantes de uso de fuerza letal contra civiles desarmados, atropello masivo y desconocimiento de los derechos humanos. La verdad es que, si no fuera porque el origen de estos datos es Venezuela, creeríamos que es una zona en conflicto en Siria. La situación de violencia parece tener como detonante una sumatoria de errores consecutivos en la implementación de políticas públicas. Tal es el caso del desbordamiento de la inseguridad y la escasez general de bienes que, según fuentes del Banco Central, alcanza en tan solo el mes de enero 28%.

Si había algo que debíamos reconocerle al presidente Chávez era la forma como afrontaba estos retos de la vida diaria de un gobernante, en ocasiones hasta tomaba la situación con cierta ironía y las denominaba “aventuras”, mientras probaba su café en Aló, Presidente; sin embargo, el nuevo gobierno de Maduro ha mostrado una escalada represiva nunca antes vista por generaciones de venezolanos y ha marcado una distancia insalvable con su antecesor y otrora padrino político, Chávez.

El gobierno de Maduro intenta identificarse y se autodefine como una continuidad o legado de Chávez, pero está claro que la gente en la calle empieza a sentir profundas y extremas diferencias, y me refiero al mismísimo pueblo chavista. Sin ir muy lejos, el portal Aporrea ya empieza a parecerse más un portal de oposición por la cantidad de artículos de opinión que expresan críticas al gobierno de Maduro.

En la calle la situación no parece ser distinta, y son muchos los chavistas que se preguntan por qué ya no viene Mercal a su plaza o calle, por qué no funcionan los CDI, por qué no hay medicina en los hospitales, por qué un repuesto para su carro, nevera, aire acondicionado o lavadora cuesta hoy 10 veces más que cuando estaba Chavéz o por qué tienen que hacer colas para todo, incluso hasta amanecer para poder comprar alimentos. Cuántas madres del barrio que reciben su cheque ya no hallan qué hacer porque no les alcanza el dinero ni para comprar la leche de su bebé.

Siendo Chávez de ascendencia militar siempre enalteció el pensamiento de Bolívar, y principalmente aquel que cita: ¡Maldito el soldado que levante sus armas contra el pueblo!; y, de hecho, dadas sus altas responsabilidades como jefe del Estado y líder de un proyecto que impactaba extrafronteras se cuidada de los detalles y prefería soluciones de contención; en muchas ocasiones se observó a Chávez contener a sus propios grupos o afectos incluso bajo la mirada crítica de su entorno.

El Chávez que conocimos tuvo liderazgo propio, siempre se le veía en el balcón del pueblo arengando multitudes, su personalidad no aceptaba presiones, particularmente aquellas de su propio equipo de trabajo. Todos eran conscientes de que era él y su pueblo y todo lo demás era susceptible de una supervisión, por lo que todos estaban atentos. Esa era su forma de arreglar los asuntos; y por esa razón, consciente de las consecuencias de una orden cruzada, es que atendía personalmente las decisiones de alta responsabilidad. Pero en la Venezuela pos-Chávez lo que observamos es una multiplicidad de actores, cada uno con papeles determinantes y no parece haber una agenda común.

Retomando el tema económico, que es de urgencia popular, la gente no sale del asombro ante la pérdida de su poder adquisitivo, chavistas y no chavista. En tan solo menos de un año el venezolano ha pasado de ganar 300 dólares mensuales a menos de 50. A eso le agregamos la subida de precios de bienes y servicios que afectan a todos por igual. Ante esta situación de perplejidad y asombro lo menos que se puede esperar en la administración pública son reclamos populares. Es por esta razón que no entendemos esta actitud de represión a diestra y siniestra.

Acaso es mentira que un apartamento que el año pasado costaba 500.00 bolívares en Guarenas hoy cuesta 2 millones de bolívares; pregúntese usted, querido lector, si su caso es ser aspirante a casa propia, si podrá bajo estas circunstancia poseer una vivienda, tendría que tener una inicial de 600.000 bolívares y un sueldo de 30.000 bolívares. Ante esta circunstancia es justicia cuestionarse, preguntarse o manifestarse sobre esta anomalía y vulnerabilidad constitucional que lesiona directamente un principio constitucional: su derecho de poseer casa.

Las manifestaciones sociales son eventos propios de la democracia; son formas de expresión y todo gobierno democrático debe encarar esta circunstancia con la norma legal y la normalidad funcional; cosa ajena a la democracia es la represión y la satanización de la protesta pública. En este sentido exhortamos a los actores políticos involucrados, y principalmente al gobierno, a apegarse a la norma constitucional. A entender que los venezolanos somos esencialmente un pueblo libre, que nuestra naturaleza rechaza cualquier forma de represión, silenciamiento, de violencia, y que la historia siempre está atenta a las desviaciones y ha sido determinante para el futuro de todo aquel que viole el espíritu de los valores de emancipación libertario que heredamos de nuestro Libertador Simón Bolívar.