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Ramón Hernández

Poco papel y mucho voluntarismo

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La leyenda urbana repite que en Cuba, como una cortesía a la población, se informa mensualmente cuál es el porcentaje de arvejas tostadas que se le ha incorporado a la mezcla que se entrega como café en los centros de abastecimiento. Pero los cubanos saben que el líquido que elaboren puede contener cualquier cosa. Antes de probarlo intentan adivinar a qué les sabrá, nunca aciertan.

En los últimos años, por la destrucción de un ramo agroindustrial que fue sostén de la república junto con el cacao y el cuero durante dos tercios del siglo XIX y las primeras décadas del XX, los venezolanos han preferido no adivinar qué contiene ese paquete que le venden como café y que en su mayor parte se importa de Nicaragua, no precisamente por su calidad sino por su bajo precio, aunque no es lo que indican las facturas y los registros de Cadivi.

El azúcar que se consume en La Habana es importada en un altísimo porcentaje. El estruendoso fracaso en la consecución de zafra de 10 millones de toneladas, con las que el socialismo cubano pretendía demostrar al mundo que estaba en el sendero correcto de la historia, no sirvió de lección, pero marcó el punto de quiebre. Todavía le achacan al embargo estadounidense los “contratiempos” de la economía cubana, cuando siempre fueron problemas derivados de sustituir la planificación y la gerencia con voluntarismo y control policial, que fue lo único que, con matanzas incluidas y un buen trecho de corrupción, calcaron bien del estalinismo soviético.

La escasez y la cartilla de racionamiento han sido los elementos que junto con el paredón, la barba de Fidel Castro y sus interminables discursos han caracterizado el régimen cubano, pero ha sido el fracasado modelo económico lo que ha pretendido imponer en Venezuela la camarilla que ejerce el poder desde 1999, con tanta dedicación como fortuna. Han arruinado el país.

Las cifras del Banco Central de Venezuela y del Instituto Nacional de Estadísticas indican que en los últimos 15 años la producción nacional ha decaído de manera proporcional a como el Estado ha estatizado y centralizado los medios de producción. Al sustituir la gerencia y la planificación por el partidismo, el clientelismo y el rentismo los quebró o están en proceso. No producen, viven de la renta petrolera.

El afán de “distribuirse” la riqueza tuvo su pico en el escándalo de Pudreval, pero la cima de la destrucción fue, sin duda, el proceso expropiatorio non sancto que perpetraron Elías Jaua,  Juan Carlos Loyo e Yván Gil disfrazado de lucha contra el latifundio, y que empezó en 2005. Nueve años después no se han cosechado los millones de toneladas de arroz, pimentones, ají dulce, berro y tomates que con total desparpajo anunciaba Loyo sin haber preparado la tierra ni sembrado.

Los habitantes del 23 de Enero recordarán hoy, Sábado de Gloria, la única vez que Aníbal Espejo se apareció con un cargamento de pavón del expropiado hato El Frío y garantizó, a quien quiso escucharlo, que desde ese día en adelante tendrían garantizadas las proteínas que el capitalismo les había negado. No volvió, y nadie le pidió cuentas, ni siquiera Chávez que se molestó cuando le solicitaron real para pagar la nómina.

Tanto Rafael Ramírez como Jorge Giordani se llenan la boca diciendo que el afán es acabar con todas las formas de rentismo, especialmente el petrolero. Sin embargo, las cifras los traicionan. Siendo ellos los principales responsables de la política económica, la mayoría de los ingresos del país provienen de la venta de petróleo crudo, no de gasolina; dañaron las refinerías. Lo más graves es que con la misma inercia que cayó la producción no petrolera se ha desplomado la extracción de hidrocarburos, con la consecuente caída de los ingresos. Los rezos en el gobierno son para que no bajen los precios.

Desde 2008, cuando todo el oficialismo repetía que Venezuela era inmune a la crisis financiera mundial, la renta petrolera ha disminuido de manera alarmante. Ese déficit no se ha compensado con la producción de carne, café y cacao, sino con endeudamiento y ventas de crudo a futuro. Hoy la deuda externa es astronómica: casi 250 millardos de dólares, pero Venezuela le entrega a Cuba casi 14 millardos de dólares anuales para que los beneficiarios de la tarjeta de racionamiento sepan cuántos chícharos mezclaron con el café que se toman. Los venezolanos todavía desconocen cuánto le deben a China y a Rusia con cada marroncito que le fían en la panadería. Ofrezco en cambalache oro por espejismos, experiencia garantizada, hecha en socialismo.


 @ramonhernandezg