• Caracas (Venezuela)

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Froilán Barrios

Sin papel no hay empleo

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El año 2013 marcó profundamente nuestra condición de vida al aparecer y permanecer como hecho cotidiano la escasez y el desabastecimiento de los productos de primera necesidad; alimentos, artículos de aseo e higiene, repuestos automotrices, electrodomésticos, etc, fundamentales para la vida familiar en cualquier lugar del planeta.

Injusto sería afirmar que este colapso económico, ya que al gobierno nacional no le gusta que le llamen crisis, es culpa de la actual gestión; es la consecuencia de 15 años de disparatadas políticas públicas que han derivado en el agotamiento de las divisas y en la corrupción y enriquecimiento de quienes detentan el poder. Lo grave del asunto es el empeño en continuar por el camino equivocado y desembocar en el caos total como remedio a la tragedia diaria que vive la inmensa mayoría del país.

Con la excusa de maquillar la incapacidad gubernamental, desde Miraflores se decreta la guerra económica, manifestando que sólo se otorgará divisas a los empresarios patriotas, aún cuando al sumar la actividad económica privada incluida la formal y la informal se genera 70%  del empleo de todo el territorio nacional. Es decir, de 13.400.000 ciudadanos venezolanos activos laboralmente, 2.500.000 trabajan para el Estado y hay 1.500.000 desempleados, el resto sobrevive gracias a su relación con el sector privado de la economía.

En definitiva, su decreto de guerra a muerte a la economía privada como excusa para manosear a placer la renta de petrodólares se convierte en el cementerio de millones de puestos de trabajo y la precarización del modo de vida de una población atribulada por el desabastecimiento, la escasez y el pulverizado poder adquisitivo.

Para esconder esta realidad, nada más propicio que ahogar financieramente a los medios de comunicación impresos, de allí la actitud justificada de sus propietarios de exigir las divisas necesarias ante el actual cierre de decenas de periódicos de provincia, la drástica reducción en el tiraje y contenido, y la consecuente amenaza de afectar a más de 30.000 puestos de trabajo directos e indirectos, de consumarse la declaración presidencial “Así me llamen dictador” y ajustar sus cuentas con algunos medios impresos que no le son afectos.

De allí que el llamado del SNTP a defender los puestos de trabajo de periodistas, gráficos, empleados administrativos, obreros bajo el lema “Sin papel no hay empleo” es una tarea para todo sindicato y gremio. Ya que no sólo es la defensa del empleo, es en definitiva nuestro derecho a la libertad de expresión como derecho humano lo que está en juego, y a la existencia del sector productivo privado como fuente de empleo de millones de venezolanos.

Al mismo tiempo, si no hay libertad de expresión tampoco hay libertad sindical, situación alarmante en nuestro país al registrarse más de 2.000 conflictos laborales anuales desde 2008 hasta 2013, registrados precisamente por todos los medios de comunicación, en particular los impresos, como testimonio gráfico del infierno laboral, diferente al difundido paraíso del presidente obrero.