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Pedro Conde Regardiz

El papa y la cuestión militar

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Después de la Independencia, Venezuela experimentó un siglo de guerras intestinas (1830-1935), entre presuntos caudillos que en diferentes partes del país mantenían supremacía sobre todos los asuntos concernientes a la esfera pública. Fue desastroso en todos los mundos: político, económico, social, militar. El país se despobló y arruinó económicamente, tanto así que para 1930 la población había disminuido en 3 millones de habitantes, según el historiador Guillermo Morón. Imperó un militarismo mal entendido, puesto que cada caudillo luchaba por una parcela de poder y pretendía cobrar su aporte a la independencia nacional. Este cobro se hizo tradicional, inmanente a la institución armada como privilegio por ejercer dichas funciones y derivó en corrupción. Desde la fundación de la república, muchísimos han sido los escándalos bien aireados de corrupción militar.

En nuestra época, el antecedente más notorio de militarismo en las funciones públicas fue la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y su camarilla, responsables de uno de los más lamentables períodos de nuestra historia, en tanto violador de los derechos humanos, enriquecimiento ilícito y entrega de nuestras reservas petroleras al cártel de las empresas transnacionales. Hubo muchos presos políticos, fallecidos, asesinados, torturados salvajemente, mujeres violadas, que con abnegación y convicciones democráticas luchaban contra la barbarie y el atraso. La unión cívico-militar del momento dio al traste, en 1958, con tan ignominioso régimen que deshonró nuestra herencia libertadora deseosa de construir una nación independiente, próspera para todos y democrática en el sentido liberal del término. En AD, ahora no hablan de aquel heroísmo, buscan olvidarlo como los tres años transcurridos después del golpe de 1945. Se avergüenzan.

Por diversas razones relacionadas con las negativas consecuencias arrojadas por los gobiernos que ejercieron funciones a partir de 1969, se instaló en 1999, mediante elecciones pulcras respetas por los “llamados partidos del status” (AD y Copei), el gobierno del teniente coronel Hugo Chávez en un ambiente de optimismo y esperanza. Requirió la participación de muchos ciudadanos, convocó una asamblea constituyente de donde emanó un mamotreto constitucional que siempre calificó como “el mejor del mundo”, pero que en realidad es algo así como un reglamento por detallista y el exagerado número de artículos, uno de los cuales es el referente a la institución armada (art. 328) que reza así: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional”…Como se nota, este contenido siempre ha sido letra muerta, puesto que el gobierno se encaminó hacia un militarismo cada vez más acentuado, propagador de incompetentes ejercicios de cargos, de funciones para las cuales no han adquirido las destrezas indispensables y más bien como premios para compensar el haber participado en la conspiración que desembocó en la asonada de 4 de febrero de 1992. Los militares aprenden, se endurecen, para matar, lo cual no es un principio en la esfera civil. De ahí su fracaso, en parte.

Siguiendo los ejemplos anteriores ahora cunde la corrupción, infringen derechos humanos, ejercen el poder hedonísticamente, buscan aumentar el patrimonio personal y lograr una posición social a expensas del Estado que no podrían obtener privadamente con sus niveles pésimos de educación. Se dicen chavistas, socialistas, contrariando el texto constitucional citado supra y, peor aún, toleran la presencia militar cubana en los altos mandos militares, siguen sus instrucciones, los persiguen, los espían y ellos tranquilos para “salvar su carrera” y proteger lo robado; permiten que aviones aterricen de noche, según dicen en el Táchira, repletos de cubanos, a quienes no les duele la vida de un venezolano, para reprimir despiadadamente la justa protesta tachirense. ¿O será que los militares criollos se niegan a tal represión? Siempre he pensado que el aparato militar y de inteligencia cubano es el que realmente oprime a Venezuela con la anuencia de nuestros militares, lo cual digo como venezolano ejerciendo mis derechos constitucionales y para protestar por tan reprochable actividad antinacional.

Pero, lo más asombroso es la desviación registrada en la susodicha “cooperación en el mantenimiento del orden interno”, la cual desviación se constata en la brutalidad con que se convierten muchos componentes en fuerza de choque de la implacable represión a las protestas por doquier por una situación que empobrece, de pobretería, chapucería, desmanes, declaración de enemigo interno a quienes disienten como doctrina militar, apoyan la operatividad gubernamental al margen de las leyes y del contenido de tratados internacionales. Califican de injerencia la solidaridad internacional con los que luchan auténtica y corajudamente, desarmados, contra un gobierno dictatorial que se vanagloria de estar armado. No respetan la vida como lo demuestran los 43 asesinados el año pasado, las torturas y penurias de los detenidos arbitrariamente en calabozos policiales, sin proceso judicial.

La represión y controles excesivos crean tensiones entre los ciudadanos y las fuerzas del orden, esto es, militares y policiales. Detienen sin que haya ninguna infracción cometida, caprichosamente por ser estudiante, los estigmatizan, y a los jóvenes en general, creándose una gran desconfianza entre una parte de la población y dichos cuerpos armados, lo cual disminuye la eficacia para combatir el crimen real que campea en todos los estratos de la sociedad y en todos los rincones del país; influye en su capacidad y competencias para afrontar el crimen organizado desde las alturas del Estado y la del hampa común. Son muchas las denuncias de personas detenidas en su transcurrir diario, interpeladas para control fundamentándose en la apariencia física y social, lo cual constituye humillación, discriminación y violación de principios constitucionales.

Cierto tipo de controles se hacen en público, generalmente incluyen palpaciones, registro del cuerpo; los policías y militares tocan los ciudadanos desde la cabeza a los pies, máxime cuando se trata de mujeres, casos en los cuales se apresuran para abusar y humillar, como ha sido el caso de las esposas de Leopoldo López y Daniel Ceballos, sin que nadie de la anquilosada MUD se atreva a protestar enérgicamente, a emprender alguna acción; tal vez compartan tales prácticas crueles, reveladoras de la naturaleza humana de los que, en mala hora, monopolizan las instituciones políticas. Se explica, entonces, la rabia y furia perturbadoras emocionalmente de los venezolanos, pero que por errores políticos  de la MUD no se plasmará a cabalidad en el resultado de las próximas elecciones. Quizá, lo más grave es que la arbitrariedad y abuso sistemáticos sea tolerado en estos cuerpos militares y del orden, por lo cual nada extraña su espantoso descrédito.

Para comenzar a superar las dificultades políticas es preciso que los militares actúen según la letra y espíritu constitucionales, vuelvan a los cuarteles que es donde están sus verdaderas funciones para la defensa de la patria, a la par que la legión de cubanos abandone al país, cese su injerencia indeseable, creadora de tensiones innecesarias entre los venezolanos y entre nuestro pueblo y el gobierno cubano. Tal vez, sea la ocasión de abordar estos temas y el de los presos políticos al través de la intermediación del Vaticano, de su santidad el papa Francisco, con motivo de su próxima visita a Cuba. También podría abordarse en las negociaciones de Cuba con la Unión Europea. Si continúan el militarismo en funciones civiles netamente desastrosas para el bienestar nacional, y la injerencia cubana, se acentuarán las protestas por las tensiones sociales que generan, la crisis.  Buscando  el origen de las calamidades, una nueva agenda es indispensable para la mediación papal.

Quizá, los responsables políticos gubernamentales podrán así entender cómo comenzar a sacar al país de la crisis, aprender del caótico pasado reciente y tomar impulso hacia delante. ¿Puede hacerlo Maduro con ese incompetente equipo de gobierno? Pues no. Cómo será de pésimo que quien, en parte, maniobró y convenció a Chávez para  ir al desastre socialista, heredado y complicado por Maduro, el taimado Jorge Giordani, se ha vuelto oráculo improvisado, iluminado por velas, dados los apagones, al avizorar simulando originalidad “una bomba de tiempo”, lo cual es pronosticado diariamente por numerosos economistas y empresarios. Este gobierno no es capaz de dar ese indispensable impulso en búsqueda del bienestar. Tampoco la MUD. Pero sí hay cómo auspiciarlo.

Se requiere la persuasión papal para que “entren en razón” en bien del país, con la agenda, como ya dije: abandono del militarismo innecesario y oneroso, cese de la odiosa intervención cubana en Venezuela y lo ya solicitado: libertad para los presos políticos. Eso sí es fuente de paz, pues estabiliza, crea confianza. Luego habría que cambiar el modelo económico, reanimar la economía y afrontar la inseguridad, para lo cual contribuyen los puntos anteriores. Venezuela lo agradecería. Su santidad podría incluso cooperar en la organización de la transición y evitar más costos sociales que han arruinado al país. No vengan ahora con la  indolente muletilla de la MUD: “Los problemas entre los venezolanos los arreglamos nosotros” mientras la nación resbala velozmente hacia la pobreza, disolución y narcotráfico. Queremos detener tan caótica situación y emprender otra historia de libertad y prosperidad.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz