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Maritza Izaguirre

El papa Francisco solidario con los pobres

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Es indudable que la elección del papa Francisco y su estrecha vinculación con la América Latina de los pobres y marginados representa un hecho importante, dada la relevancia del problema. No hay que olvidar que la inequidad ha sido una de las características de este continente, y para vergüenza nuestra llegamos a ser considerados una de las regiones más inequitativas del mundo.

La situación ha cambiado en la última década. El éxito de las reformas emprendidas en los años noventa ha permitido un cambio en cuanto al empleo y mayor gasto social, especialmente en educación y salud.

De otro lado, programas exitosos dirigidos a los grupos más desfavorecidos, como Bolsa Familia en Brasil, Progreso en México y múltiples iniciativas similares, incluidas las misiones y otras actividades originadas en el seno de la sociedad civil, han tenido impacto en reducir la pobreza y la exclusión. Entre ellas hay que destacar el trabajo constante de la Iglesia Católica.

De allí que la designación del nuevo Papa, por su filiación, representa un reconocimiento a la Compañía de Jesús, la cual a lo largo de los siglos se ha destacado por su labor evangelizadora en busca de la paz y el amor, basada muy especialmente en la formación del capital humano y, lo más importante, en su compromiso con el cambio y la transformación de la sociedad.

Es así como ha contribuido con la educación de los niños y jóvenes del continente; en nuestro caso vale destacar la puesta en marcha de un movimiento ejemplo, gracias a la iniciativa del padre José María Velas sj, Fe y Alegría, que ilustra el real compromiso de la compañía con la educación popular. El núcleo nace y crece en el barrio, convive con la comunidad, aprende de ella e incorpora otros segmentos de la sociedad, al integrar voluntarios en las diferentes tareas que surgen para cumplir con los objetivos de cada proyecto. Así, poco a poco, con voluntad y sacrificio, se demostró que a costos razonables se puede educar con calidad a los escolares provenientes de hogares de menos recursos.

En las etapas iniciales, la residencia del núcleo directivo en el barrio permitió el compartir el día a día la vida comunitaria y conocer a fondo los problemas que confrontaban, y luchar hombro a hombro con los habitantes por su solución. Hoy el movimiento opera en diferentes países, tanto en la región como en el resto del mundo.

Esta iniciativa pionera ha permitido comprobar la fuerza de la sociedad civil y el compromiso de la compañía con la acción social, ejemplo de solidaridad con los que menos tienen, e incorporar a los jóvenes universitarios en tareas voluntarias mediante las cuales adquieren el compromiso y la solidaridad del buen ciudadano.

Que Dios acompañe al Papa en su dura tarea.