• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Una panorámica

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Es bien conocido tras experiencias negativas, el espionaje entre compañeros de trabajo, por  colaboradores vocacionales del régimen o funcionarios a sueldo. Es grande y temido en los organismos e instalaciones castrenses; medio en el que es vital la cautela para asumir actitudes o expresar juicios que al delator cercano pudieran resultarle motivo de sospecha.

Instancias como la Fiscalía General parecen funcionar con soplones propios, cuyos reportes hacen de base jurídica a partir de la cual quienes la presiden indican la persecución, con apego a la infidencia antes que a la investigación seria,  transparente e imparcial, de cualquier caso delictivo.

Tan  agraviante conducta oficial en una Venezuela militarizada, ya dura años, empeorada al extremo de traducirse hoy en organismos civiles y de uniformados, con gente  adoctrinada y armada que cumple órdenes, ufanos con el título de Patriotas Cooperantes.

Y ¿qué del foráneo que se dice Presidente? de ostensible ignorancia en materias fundamentales para presidir un Estado, hace uso de artimañas para eternizarse en ese lugar que le queda grande; él y sus socios, saqueadores del tesoro nacional, cada vez que abren la boca es para mentir, amenazar, e incitar al odio. Asistimos a impunidades y persecuciones derivadas de un ejercicio aberrante de la justicia; tendiendo más cada día a ser éste un país cárcel, con crecientes agresiones a la población y  prohibiciones de salidas al exterior.

 Así, ante el desolador panorama de quienes tienen en sus manos la conducción política y la administración de los bienes nacionales, como ante los cómplices de la expandida militarización de las diferentes instituciones e instancias del poder, uno no cesa de preguntarse ¿de dónde salieron?, ¿qué currículo tienen para llegar a los cargos que ocupan? Aparte de funcionarios grises, hemos visto ministros públicamente desautorizados, lo que les es compensado por la prosperidad económica y el evidente cambio de vida; sin que a propósito de ello y a pesar del tiempo transcurrido, nadie haya desmentido las denuncias de las fortunas acumuladas por importantes personeros del régimen.

En enero del 2006 el Gobierno reveló su propósito de crear el Premio Bolivariano de Artes Plásticas Socialistas, con tres  menciones: “Muralismo didáctico de las masas revolucionarias”, “Glorificación pictórica de neo próceres”, y “Exaltación escultórica de misioneros abnegados”; asimismo, la Orden del artista comprometido y la Medalla del creador no elitesco; a ser otorgados por “Jurados honorables” designados por el ministro de Cultura. Parecía estar cerca el decreto que haría del realismo socialista el arte oficial de la revolución bolivariana, y cabe preguntar si siguen en pie esas ideas bajo la conducción del artista Maduro.

Quizás el comando cívico-militar pretenda reescribir también nuestra historia cultural, y para sacudirse el arte oligárquico y dar cabida a uno cónsono con el  proceso, fomente un muralismo dedicado con loas al comandante eterno, como hizo en el concurso Murales por la Integración Latinoamericana en octubre de 2005 la oficina venezolana del Parlamento Andino, cuyas bases establecían que “el mural debe resaltar la figura del presidente Hugo Chávez Frías dentro de la Integración”; los diputados andinos escogerían el ganador. Fue revelado también el proyecto de mostrar en cuadros de caballete nuestras calles pulcras y sin mendigos, fábricas llenas de trabajadores sanos y satisfechos, escuelas desbordantes de niños alegres y bien nutridos, ancianos paseando felices en los parques; es decir, una suma de mentiras que de hecho venían a ser cual evidencias concretas de la puesta en marcha, también aquí, de una “Revolución Cultural”.