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Gustavo Roosen

Para ser país exportador

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Muchas voces se han ocupado de analizar la conveniencia y la oportunidad del ingreso de Venezuela en Mercosur, algunas con el entusiasmo de quien confunde acuerdos u oportunidades con resultados, otras con el acento en la comparación de nuestra propia ­ahora escasa­ capacidad exportadora frente a la abundante de los otros actores del grupo.

 

Más allá de estas consideraciones, quizás habría que preguntarse sobre las condiciones de base ­capacidad de producción, actitud, marco legal, normas administrativas, políticas de estímulo­ necesarias para tener una oferta exportadora competitiva. Mercosur nos ofrece, ciertamente, un mercado ampliado, lo que implica una mayor oferta de productos y servicios con los cuales satisfacer las necesidades del país, pero ­así deberíamos verlo­ sobre todo un mayor espacio para los nuestros.

 

¿Están dadas las condiciones para aprovechar este mercado ampliado? ¿Podemos abrigar la esperanza de dejar de ser país fundamentalmente importador y convertirnos en exportador? ¿Sobre qué bases es posible desarrollar una economía exportadora? Si se parte de la consideración de que en materia de negocios los países no tienen amigos sino intereses, es lógico pensar que con la incorporación de Venezuela los miembros de Mercosur aspiran a ampliar su mercado. Ya lo han venido haciendo con éxito, de manera estructurada y sistemática.

 

Venezuela ha sido destino de sus exportaciones en importantes volúmenes, antes incluso de la formalización del acuerdo, con el resultado de ganancias para los sectores productivos de esos países, en los cuales Gobierno y empresa privada actúan de forma consustanciada.

 

Cuando se piensa en las condiciones básicas para el desarrollo de una economía exportadora no se puede menos que mencionar la ampliación de los mercados, el desarrollo de una actividad comercial dinámica y estratégicamente dirigida, la aplicación de políticas públicas estimuladoras de la producción, incluidas políticas de financiamiento y políticas sectoriales para campo de actividad y, sobre todo, para las cadenas productivas con mayor capacidad movilizadora de la economía.

 

Indispensable pensar también en la capacidad institucional para abrir mercados, modernizar las estructuras productivas, comercial y de servicios, poner en práctica las políticas acordadas y dinamizar estructuras de apoyo efectivo a través de agencias de desarrollo, con participación del sector privado y con presencia del Estado como animador.

 

Son también condiciones indispensables privilegiar la innovación, identificar las cadenas de valor con mayor potencial exportador, ampliar la oferta exportadora al campo de los servicios y del conocimiento, atender la nueva realidad de los clusters para concentrarse en la producción especializada de partes aprovechando las ventajas comparativas de materia prima, disponibilidad de mano de obra, habilidades, cercanía de los centros de producción y de consumo.

 

Los países que han logrado concretar su voluntad exportadora han dado primera importancia a la promoción del diálogo entre los sectores público y privado, han legislado para favorecer el comercio, consolidado un marco institucional que permite a los agentes económicos la planificación de sus actividades a mediano y largo plazo y, finalmente, desarrollado una política proactiva que confía en el crecimiento de los mercados pero que, sobre todo, se plantea objetivos y los alcanza. Son países que han fortalecido su infraestructura portuaria y la vialidad interna como elementos fundamentales para la competitividad de sus productos y han hecho de la exportación no una respuesta coyuntural sino una estrategia de desarrollo.

 

La buena aplicación de estas condiciones básicas se da, obviamente, cuando lo que priva es un criterio económico más que político, cuando lo que anima los acuerdos comerciales no son objetivos de influencia ideológica sino de diversificación de mercados y apertura de oportunidades. La promoción de una economía exportadora es otra herramienta para la generación de trabajo y el desarrollo de nuestra capacidad de hacer.