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Andrés Cañizález

El país en tres encrucijadas

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Venezuela está en medio de varias encrucijadas. En una suerte de cruce de caminos, con opciones de tomar un sendero u otro. Está en manos de las autoridades, de la dirigencia política y especialmente de la sociedad venezolana, como un todo, marcar la ruta a seguir. El venezolano de a pie está atravesando severas dificultades en su vida cotidiana, que se han agudizado con el transcurrir de los meses de 2014, y lo que es peor sin perspectivas de pronta mejoría. Sin embargo, en la mayoría de los ciudadanos de este país no se percibe voluntad para salidas violentas o cambios bruscos en la conducción nacional.

Desde mi punto de vista, para la mayoría de los venezolanos las cosas están de esta forma: Nicolás Maduro está haciendo un pésimo gobierno, pero esperaremos el momento institucional (referendo, elecciones) para castigarlo. En ese venezolano de a pie no percibo la tesis de “Maduro vete ya” que enarbola un sector de la oposición venezolana. El descontento con la mala gestión de Maduro, debe decirse con absoluta claridad, no se ha traducido en el alma popular en una conexión con las salidas inmediatistas que promueve un sector opositor. Así las cosas, planteo lo que veo como las 3 encrucijadas que se viven en el país.

La primera encrucijada se vive en el seno del alto gobierno en relación con el desastre económico. Desastre económico en parte heredado de la gestión de Hugo Chávez y en parte producto de lo que a todas luces es una inacción de Maduro, posiblemente producto de la propia debilidad de su liderazgo y de la falta de cohesión entre las corrientes que hoy signan al chavismo. El gobierno de Maduro vive la siguiente encrucijada: ¿continúa encerrada la política económica en las tesis de Chávez, con las secuelas de inviabilidad que saltan a todas luces o se da un giro en el manejo de la economía y de la política social que haga viable a largo plazo al propio gobierno?

Una combinación de factores hacen suponer que se optará más por lo segundo. Serán medidas difíciles pero necesarias.

La segunda encrucijada está en la dirección política del oficialismo y tiene que ver con la ruta que tomará. ¿Se mantendrá una tesis radical de control absoluto de las instituciones ahogando las discrepancias incluso de los chavistas críticos o se apostará por un reacomodo con la cesión de cuotas de poder a la oposición y a esos sectores críticos y los partidos del chavismo que no son el PSUV? Las tesis emanadas del III Congreso del PSUV de julio pasado parecieran apuntarla la primera opción. Un chavismo que con diferencias internas severas logra mantenerse en el control absoluto del poder en Venezuela, nucleado en torno al heredero de Chávez, Nicolás Maduro. La nomenclatura del partido entronizándose y sencillamente logrando la invisibilidad simbólica de las diferencias en el seno del chavismo.

La tercera encrucijada se vive en seno de los sectores de oposición. El dilema más notable está entre los que podríamos catalogar de cortoplacistas y los largoplacistas. Los primeros han puesto sobre el tapete una serie de opciones desde la infortunada salida hasta el reciente Congreso Ciudadano, pasando por la tesis de la constituyente que se esgrime desde la acera de Leopoldo López. Los segundos, cuyo rostro visible es la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), congelados sin respuestas al país que no sea la ruta electoral, que en un año como 2014 -en el cual no hay elecciones- los deja sin una promesa de cambio. La encrucijada para estas oposiciones se dice sencillo pero la tarea no lo es: ¿mantenerse o no unida con una propuesta común de cambio democrático?