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Pedro Luis Echeverría

La orden ejecutiva de Obama

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El presidente Obama, haciendo uso de sus facultades constitucionales, marcó un hito fundamental en lo que han de ser las relaciones futuras de los inmigrantes latinoamericanos con la institucionalidad norteamericana, mediante la promulgación de una “orden ejecutiva” que facilitará parcialmente la normalización de la estadía legal de un importante número de inmigrantes latinos que viven en ese país subterráneamente y con la amenaza permanente de una deportación a sus países de origen. Aun cuando la referida “orden ejecutiva” no beneficia al total de inmigrantes indocumentados que allí residen, calculado en aproximadamente 11 millones de personas, no cabe duda de que significa un importante paso para el establecimiento de una política migratoria llamada a regular de forma sistemática y racional la presencia y “statu quo” de los ciudadanos latinoamericanos que van a Estados Unidos llenos de esperanzas y expectativas para tratar de construir un futuro mejor y estable para ellos y sus hijos.

El destino e implementación de la “orden ejecutiva” no será de un tránsito político fácil, habida cuenta de la actitud negativa que sobre ella ha asumido el Partido Republicano, hoy por hoy la fuerza política mayoritaria en el Congreso de ese país. En efecto, los voceros del referido partido han expresado su disconformidad con el contenido y la forma de aprobación de la decisión adoptada por el presidente Obama; aseguran que es ilegal y amenazan con enjuiciarlo por violar la Constitución, igualmente anuncian que no permitirán asignación alguna en el presupuesto de la nación para financiar los costos de su puesta en marcha, y llegan al extremo de advertir que no aprobarán el presupuesto que próximamente será sometido a la aprobación legislativa y paralizar, de este modo, la acción del gobierno.

No obstante el despliegue de pirotecnia verbal, a ese partido no le será sencillo revocar la acción adoptada por la administración Obama. La medida referida beneficia, por de pronto, a aproximadamente 4 millones de personas que hacen vida en ese país y que contribuyen con su trabajo y su capacidad de consumo al crecimiento de la economía norteamericana. No parece políticamente posible que a esos inmigrantes se les obligue a regresar a la condición de clandestinidad que han mantenido hasta ahora sin causar la conmoción social que significará la defensa de los derechos recientemente adquiridos y los efectos colaterales que se causarán, en comicios venideros, en detrimento del Partido Republicano.

Pero, ¿qué es lo que hay detrás de esa posición republicana?

En primer término, hay que destacar que la población de latinoamericanos que vive en esa nación ha ido adquiriendo importancia política creciente no solo por su potencial electoral, sino también por su presencia activa en  importantes posiciones en la administración, en los cuerpos legislativos  y en las alcaldías y gobiernos locales norteamericanos. Las campañas electorales para los comicios de 2012 resaltaron la importancia del voto latino como lo evidenciaron los contenidos de las campañas electorales del presidente Obama y de Mitt Romney. En esas elecciones el voto latino contribuyó decisivamente al triunfo demócrata.

Más allá de las consideraciones de orden racial y otras de diferente ponderación e importancia que se esgrimen en contra de la legalización de los inmigrantes sin estatuto legal, a los republicanos los mueve una poderosa razón electoral. En primer término, la proyección de la tasa de crecimiento vegetativo y aluvional de la población de origen latinoamericano indica que a la vuelta de pocos años esta será la primera minoría racial en Estados Unidos. Pues bien, en la medida en que se legalice su presencia en ese país, adquiere el derecho al voto el que se supone que se orientará en mayor medida en beneficio del Partido Demócrata y eso no le conviene a los intereses del partido republicano porque le obligaría a replantear su plataforma electoral y las estrategias que han venido observando hasta ahora. Asimismo, la capacidad negociadora que le supondrá a la comunidad latinoamericana en Estados Unidos la proporción decisiva de esos votos, cambiará la correlación de fuerzas internas y, con ello, “los hispanos” lograrán una mayor e importante participación en las decisiones trascendentales del Estado norteamericano.

Finalmente, el ascenso político que obtendrá la dirigencia de la comunidad latinoamericana les permitirá optar por los cargos más relevantes de la institucionalidad de Estados Unidos en franca competencia con los anglosajones nacidos en ese país.

Así las cosas, le corresponderá al sistema democrático norteamericano resolver los diferentes e importantes asuntos derivados de la “pica en Flandes” colocada por el presidente Obama.