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Francisco Paz

La oposición de la oposición

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Es una fortuna poder tratar los temas en los que debemos ocuparnos, gracias a la invariable chapucería del gobierno. Los jonrones que han dado los últimos días, convencidos como están de que sus seguidores son un hatajo de bobalicones que creen ciegamente en todas las genialidades que son capaces de crear, desde la guerra económica, pasando por la guerra de precios petroleros, hasta llegar al más brillante invento: el “canje” de presos políticos que propuso el comodatario de Miraflores, que tan no ha podido gobernar que no ha podido ocupar La Casona. Eso sí, al prisionero de aquí me lo dejan por allá... bien lejos. ¡Guillo! Baste decir, para entrar en materia, que este régimen es, como dijo algún brillante político a quien no cito por una falla de memoria, como cierta cortesana francesa del siglo antepasado a la cual no se le podía calumniar, porque no había nada que se dijera de ella que no fuese cierto.

Mientras estos particulares camaradas marxistas-leninistas, como dice mi paisano León Arismendi, esperan el milagro de la Caridad del Cobre o de Buda o de Xi Jinpin, debemos atender otros asuntos. Es necesario tratar de canalizar unas energías que en estas aceras se están derrochando en el ejercicio de conductas autodestructivas que resultan, por decir lo menos, incomprensibles. Y sospechosas, si queremos decir lo más. Es evidente que hay sectores dentro de la oposición que mantienen una feroz oposición contra la oposición. Y conste: no me refiero a algunas voces que vagan con su soliloquio aturdente (esta palabra suena mejor que aturdidor, para mi gusto) denunciando conspiraciones más audaces que las ingeniosas guerras del gobierno. Tampoco incluyo a quienes de la mejor buena fe proponen puntos de vista distintos y avanzan críticas constructivas, frente a la línea estratégica que se plantea la alianza. No, me refiero a grupos con presencia, con organización y músculo, así como a algunos conspicuos directivos de esos grupos, que en su predicamento arremeten contra la Mesa de la Unidad Democrática y contra quienes son sus voceros.

Superado el desconcierto que nace de observar tal aparente aversión hacia el más serio y exitoso esfuerzo que se ha hecho para frenar el avance del desastre que ha significado este gobierno, solo queda tratar de encontrar una explicación que permita poner en contexto la actitud de quienes actúan así. Tratando de encontrar esa explicación, surgen dos respuestas posibles cuando se trata de deducir cuál es el móvil. A ello se llega preguntando: ¿Quién es el beneficiario de esos ataques? Sin duda que el régimen milico-incivil que ostenta el poder (que no gobierna, porque tienen dos años anunciando que van a anunciar cosas que luego dicen que no van a anunciar, porque es la oposición la que quiere obligarlos a que las hagan).

De allí las dos respuestas posibles: la primera, el móvil es servirle la mesa al gobierno por alguna sospechosa alianza que puedan tener con este, debido a razones inconfesables; la segunda es la convicción de no contar con apoyo popular alguno que permita convertirse en alternativa de poder, a menos que sea mediante el método de la turbidez fluvial. Y hablo de solo esos dos posibles móviles, dado que una aparente tercera hipótesis de móvil es la de la mano segura con base en el poder real, el de verdad, el de las divisiones que se contabilizan. Esto queda descartado porque quienes manejan eso andan en otros menesteres. Como decían en mi pueblo: “Están comprando querosén”. Y yo digo gracias a Dios, porque hay que tener presente siempre que golpistas son quienes están gobernando y lo recuerdan cada día con sus múltiples y continuadas violaciones de la Constitución.

Eliminada la no solo imposible, sino indeseada posibilidad de un golpe como razón de ser de la oposición de la oposición, cabe comentar lo preocupante de las restantes posibles explicaciones. Comencemos desde la segunda, señalando que la posibilidad que consiste en la “pesca en río revuelto”, no solo es la típica manifestación del escamoteo a que se reduce la antipolítica, sino que se constituye en la más contundente evidencia del desprecio que sienten por las reglas de juego democrático. Tal como ocurre con el caso del chavismo, quienes ya no se sienten muy cómodos con eso que llaman elecciones. Ojo, que no del chiabismo, que designa a una masa de defraudados a quienes les estafaron sus ilusiones y tenemos la obligación ciudadana de reanimar y ganar para la reconstrucción nacional. Sino del chavismo, del que integran los enchufados.

Se trata entonces de un grupo de oposición al que el cronograma de los períodos que establece la Constitución les es incómodo. En su desesperación, son quienes entonces proponen vías expeditas, porque el voto no es sino una manipulación fraudulenta de un CNE espurio y que por tanto no se puede votar, porque no va a ser posible ganar una elección. Y caen en la contradicción de postularse para cargos de elección. Y ahora proponen una constituyente. Esta situación se podría resolver pactando entre los partidos que voluntariamente hacen vida en la Mesa de la Unidad Democrática, que todo aquel que, fuera de los canales regulares de la alianza unitaria, continúe atentando contra la unidad de propósito y acción queda en libertad de hacerlo, pero no podrá postular a sus candidatos en el método de elección que se pacte para definir las candidaturas a las parlamentarias.

En absoluto debe interpretarse de lo dicho que la gente debe abandonar el derecho a la protesta pacífica contra las acciones y omisiones atrabiliarias, abusivas e inconstitucionales del régimen. La dirigencia política no solo debe apoyar esa forma de lucha donde quiera que surja, sino que debe ayudar a canalizarla para impedir que atente contra quienes, por sufrir las calamidades que nos rodean, protestan. La protesta no puede ser contraproducente.

A estas alturas, si es que han llegado hasta aquí, cabe aclarar que este escrito es inusualmente largo como consecuencia de la escasez de papel. Gracias a ese vil ataque del régimen contra la libertad de expresión (hoy, acostumbrados como están a hacer lo que sea para conculcarla, deben estar regocijándose por la macabra masacre de París, seguramente) es que puedo extenderme a placer. Tiro por la culata, que llaman.

Más preocupante es el primer móvil propuesto. Un cuadre con el gobierno con fines que, obviamente, incluirían el continuismo en su cartilla, junto a razones crematísticas. Es como para dudarlo, por la tragedia que vive el país, pero la saña con la que algunos sedicentes opositores atacan a la MUD, haciendo un formidable esfuerzo para no disimular sus ataques, hace desvanecer la duda y tiende el velo de la sospecha. Se trata de una oposición gobiernera, en cuya conformación puede haber factores de cualquier ideología o extracción, incluyendo factores externos que obran solo según sus intereses. A estos elementos hay que ponerlos en remojo. Si reinciden, que el respectivo partido, grupo u organización al que pertenecen amarren a sus locos. O se deshagan de ellos, si es queda claro que son traidores o espías.

En ambos casos, primero que cualquier otra cosa y como consecuencia de lo invaluable de la unidad como base para generar el cambio político que permita iniciar la senda de la reconstrucción nacional, lo deseable es seguir en la dinámica del diálogo interno, honrando el ejercicio de la política para reforzar los lazos de la unidad. La diatriba interna, esa que mantiene la oposición de la oposición, además de inútil, impide que se cumpla el primer propósito, que no es otro que agenciar mecanismos para resolver los problemas concretos más acuciantes que sufre la gente, en medio de la desgracia que estamos viviendo. Es cierto que el cronograma electoral impone tareas a la dirigencia opositora que ameritan un esfuerzo permanente, pero no se puede perder de vista que la finalidad fundamental de quienes creemos en el Estado democrático y social de derecho, desde la diversidad de las ideologías, es el bien común. 

En esta Venezuela, el bien común nos presenta desafíos que pasan por la generación y puesta en marcha de una estrategia que mitigue los devastadores efectos de la imprevisión, el despilfarro y la corrupción gigantesca, que se han entronizado en nuestra tierra de la mano del régimen milico-incivil. Hoy el bien común impone una titánica tarea de organización a nivel de bases partidistas, en todos los rincones del país, que nos ayude a los ciudadanos a enfrentar de la mejor manera posible las gravísimas consecuencias del cataclismo que ya estamos viviendo en medio de este espantoso legado de inseguridad, desabastecimiento, recesión e inflación –en acelerado tránsito a la hiperinflación– que amenazan con traer más hambre y miseria. Nada de esto se logra haciéndole oposición a la oposición. Y las tareas hay que emprenderlas ya, no después de ganar la Asamblea Nacional.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.

 

@Francisco_Paz_Y