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Carlos Alberto Montaner

La oposición venezolana arrasa

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A Nicolás Maduro le salió muy mal la primera ronda de conversaciones. Debió escuchar en silencio las quejas de una oposición que es la mitad del país.

El oficialismo habló de la revolución en abstracto. La oposición habló de la falta de leche, la destrucción del aparato productivo nacional, la inflación, la corrupción, el saqueo del menesteroso Régimen cubano, de cómo en 2013 murieron 25 000 venezolanos por una delincuencia que aumenta cada día. Para los espectadores no dogmáticos el resultado fue obvio: la oposición arrasó.

¿Por qué Maduro creó esa "guarimba" antigubernamental en Miraflores? Tenía dos objetivos claros que no logró. Primero calmar las protestas y sacar de las calles al Movimiento Estudiantil que paralizó Venezuela y logró mostrar imágenes de un Régimen patrullado por paramilitares y Guardias Nacionales tan crueles como los ejércitos de ocupación, que ya habían provocado 40 asesinatos.

El segundo objetivo intentaba reparar su imagen y la del Régimen. En las encuestas ambos van en caída libre. A Maduro lo culpan (incluso su gente) de hundir el proyecto chavista, el desabastecimiento y la violencia.

Ese fenómeno tiene alto costo político internacional. Ciento noventa y ocho parlamentarios sudamericanos, encabezados por la diputada argentina Cornelia Schmidt, acusaron en la Corte Penal Internacional de La Haya a Maduro de genocidio, torturas y asesinatos. Algo serio, pues podría acabar enrejado, como Milosevic.

Ser chavista sale caro. Al candidato costarricense José María Villalta, esa (justa) acusación lo pulverizó en las urnas. Una encuesta de Ipsos confirmó que el 94% del Perú rechaza a Maduro y al chavismo. Humala lo sabe y hoy pone prudente distancia con Caracas. Ni a Lula da Silva le convienen esas amistades peligrosas.

Sólo Rafael Correa, quien padece una notable confusión de valores y no entiende qué son la libertad y la democracia (en Miami defendió al castrismo) insiste en su inquebrantable amistad con Maduro.

La oposición, dijo Julio Borges, seguirá en las calles y dialogando con el Régimen. Hasta que salgan todos los presos políticos, restituyan sus derechos a María Corina Machado y Leopoldo López. Hasta que el Régimen renuncie al tutelaje vergonzoso e incosteable de La Habana, configure un Consejo Nacional Electoral neutral y devuelva la independencia al Poder Judicial. Hasta que el Gobierno desista de la deriva comunista y admita que los venezolanos no quieren "navegar hacia el mar cubano de la felicidad". En definitiva, hasta que celebren elecciones limpias, con observadores imparciales y se confirme lo que quiere el pueblo: que se vayan Maduro y sus cómplices.