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Alexis Alzuru

La oposición como rutina

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La indefinición de sus objetivos es el problema principal que ha generado la crisis que tiene la MUD. Algunos sostienen que sus fines son electorales; otros dicen que son técnicos. Hay los que afirman que debe ser una instancia en la que se coordinen diferentes postulados. Lo cierto es que la oposición ha trabajado bajo algunos prejuicios que le han permitido cuestionar al gobierno, pero no pactar sus metas. De hecho, la salida constitucional de Nicolás Maduro es un objetivo realizable, aun cuando no esté a la vuelta de la esquina. Su remoción se puede anticipar. Sin embargo, los prejuicios que se mantienen en la oposición han impedido que se concrete. La creencia según la cual se puede derrotar al presidente sin fines consensuados, es un presupuesto que necesita cambiarse. Gracias a esa opinión se ha invertido más tiempo y recursos en discutir que en aclarar los objetivos que se deben perseguir.

Confrontar sin fines consensuados es hacer oposición ciega. Pues los reclamos van tras errores y aciertos, sin direccionalidad. Lo que empodera a la crítica es la intencionalidad, no el centimetraje en los medios. Cuando la confrontación es dispersa se convierte en rutina; si se quiere, en un eslabón del sistema. En especial, cuando los errores de los gobernantes son frecuentes. Cuestionar las decisiones del presidente es tarea sencilla. Sus equivocaciones son muchas y obvias. En general, las decisiones de Nicolás Maduro van a contrapelo del sentido común, del conocimiento y de las experiencias cuyas consecuencias negativas han sido comprobadas. Aun cuando es conveniente reconocer que algunas de sus acciones son calculadas. La guerrilla socioeconómica en la que hunde al pueblo es un buen ejemplo.

La estrategia de la oposición ha sido polemizar, no construir sus fines. Bajo esa premisa su agenda ha sido tan heterogénea como los miles de asuntos que agobian la vida de los venezolanos. Hay tantas críticas como opositores; tantos objetivos como dirigentes. Por supuesto, esa oposición es un traje a la medida del gobierno. Habla mucho y acierta en pocos blancos. Convertir la lucha en un carrusel de críticas ha permitido que el presidente lave su rostro autoritario y estabilice su mandato.

Los fines transformados en idearios políticos son los que capturan el poder. La confrontación no suma voluntades; tampoco gana votos. Por eso, mientras la MUD no acuerde sus objetivos será difícil materializar la salida del gobierno. Hasta ahora la oposición sigue sin responder la pregunta sobre lo que debería perseguir en esta etapa. Por ejemplo, si decidieran que el asunto es la salida constitucional del presidente entonces su organización, mensajes, actividades y voceros tendrían que orientarse hacia la construcción de consensos. Algunos arreglos serían dentro del bloque opositor; pero los fundamentales serían con los militantes y cuadros directivos del Polo Patriótico.

La separación de Nicolás Maduro de la jefatura del Estado exigirá acciones concertadas con los socialistas, en cualquier escenario que se produzca. Lo cual permite ver que la elección de este objetivo obligaría a tomar decisiones difíciles. Basta pensar que para satisfacerlo, los voceros de “la salida” tendrían que dar un paso atrás. Esto es: tendría que convenirse que postergaran sus aspiraciones, propuestas y minimizaran su presencia en medios. Un pacto que no supondría su separación de la unidad. Sólo se les solicitaría que actuaran en coherencia con un objetivo que ya representa un consenso popular. Por supuesto, la oposición siempre tendrá abierta la posibilidad para evitar tanto la discusión sobre los fines como la relativa a las decisiones difíciles. Después de todo, aquel otro prejuicio según el cual el trabajo de la MUD es oponerse ofrece una excusa excelente para que muchos sigan diciendo que cuando critican asumen riesgos y responsabilidades ante los venezolanos.

@aaalzuru