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Marianella Salazar

La oposición fortalecida

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Desde el referéndum constitucional de 2007, cuando el CNE pretendió desconocer el triunfo opositor y, a pesar de los desafueros y obscenidades proclamadas a los cuatro vientos por Hugo Chávez, no le quedó más remedio que reconocerlo, todos los resultados han sido alterados por un Poder Electoral al servicio del oficialismo y de sus candidatos. En las presidenciales de abril, el candidato Henrique Capriles Radonski denunció el fraude electoral, y si alguien tenía dudas, las disipó durante el apresurado acto de proclamación –sin partida de nacimiento– de Nicolás Maduro, cuando la presidente del organismo, Tibisay Lucena, en un inusitado discurso político que debió inhabilitarla como árbitro electoral, anunció que no habría conteo de los votos y acto seguido envió a la basura, o mandó a incinerar las cajas con papeletas, lo que imposibilitó la revisión.

En estas elecciones municipales, la rectora, que siempre ha hecho gala de su sangre fría, a pesar de haber soportado imperturbable las iracundias del “gigante” cuando los resultados no lo favorecían, en esta oportunidad, al hacer los primeros anuncios, se le vio nerviosa y errática, con notorios lapsus que dieron pie para sospechar que, una vez más, la contundente victoria de la oposición fue escamoteada. Además del ventajismo, abuso de poder, amedrentamientos y otras malas mañas, tuvieron que reconocer el triunfo en la Alcaldía Metropolitana de Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, San Cristóbal, Barinas, Valencia, Maturín, Porlamar y en otras pequeñas ciudades conquistadas por primera vez.

En el caso de Barinas, la capital del estado natal del “comandante eterno” –gobernado por Adán, su hermano mayor–, la derrota inferida a esa familia y al oficialismo en el proclamado día de la lealtad a Chávez tiene un valor simbólico. El voto ideológico y el esotérico no los favoreció.

En cuanto a los municipios que integran la Gran Caracas, la oposición mantuvo sus espacios y los fortaleció: Chacao y El Hatillo son bastiones consolidados; en Baruta, a pesar de las maquinaciones, inhabilitaciones y desventajas, el alcalde Gerardo Blyde, sin estridencias, le dio una paliza de padre y señor mío al candidato oficialista, que hasta pena da señalar el porcentaje que obtuvo; en el caso del populoso municipio Sucre, los conciertos electorales en la redoma de Petare del famoso reguetonero, exdelincuente y exdrogadicto boricua Don Omar, para apuntalar la candidatura del pelotero-cantante, no pudieron ante el sólido trabajo que durante años adelanta en los barrios el alcalde Carlos Ocariz.

Las candidaturas del Potro Álvarez y el animador Winston Vallenilla, caprichos costosos de Nicolás Maduro, tienen un precio político enorme. La gran mayoría del chavismo no pudo tragarse unas candidaturas que representaban la antítesis del socialismo y prefirieron no votar, o votar nulo. Fue un error improvisar con personajes mediáticos.

Algo parecido sucedió con la candidatura de Ismael García en el municipio Libertador. El triunfo del alcalde Jorge Rodríguez estaba cantado, el “liderazgo” de García fue construido por la administración anterior de Globovisión (Alberto Ravell), a pesar del rechazo que en algunos sectores opositores tenía y tiene el ex jefe del Comando Maisanta, cuya lista todavía es utilizada en el gobierno para pasar factura a los opositores. Esa fue una causa determinante para su derrota; por fortuna no hizo mella en el liderazgo incuestionable de Antonio Ledezma, el hombre con mayor coherencia política y espíritu conciliador de la oposición, que se ha impuesto siempre a la maquinaria demoledora del chavismo. No hay que perderlo de vista.