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Vladimir Villegas

La oposición y sus fantasmas

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La oposición no la tiene fácil después de las elecciones presidenciales. Se enfrenta a unos cuantos fantasmas que le complican la existencia, entre ellos el de la abstención, fenómeno que puede perjudicarla sobremanera en los venideros comicios para elegir gobernadores, previstos para el 16 de diciembre de este año. Su reto principal ya no es morder en el electorado chavista, sino evitar que su propia cantera de votos se vea afectada por la depresión y la desilusión posterior al 7 de octubre.

En tiempo récord los factores agrupados en torno a la Mesa de la Unidad Democrática tendrán que no sólo reactivar y movilizar a su maquinaria electoral, sino impedir que por el desaguadero de la decepción se le escapen los votos necesarios para garantizar que el 16 de diciembre se preserve un buen número de gobernaciones, que puedan hacerle contrapeso al gobierno de Hugo Chávez. Es una tarea complicada pero necesaria, porque de lo contrario un triunfo arrollador del chavismo abriría las compuertas a otros fantasmas, entre ellos el de la división y la dispersión.

Por si fuera poco, también las fuerzas opositoras deben lidiar con sus propios profetas del desastre, que hacen esfuerzos por demostrar que la actual conducción no sólo está equivocada sino que le hace el juego a un sistema electoral perverso, a través del cual será imposible derrotar al Gobierno. Esos profetas están con un limón en la mano, y exprimen su jugo en la herida del 7 de octubre de una manera que con toda seguridad sabotea la posibilidad de salir bien librados del compromiso que significa ir a unas elecciones regionales apenas dos meses después de haber perdido unas presidenciales.

Es cierto que hay muchas aberraciones en el comportamiento del árbitro electoral, como las migraciones a destiempo, el permitir los abusos del oficialismo en tiempos de campaña e incluso fuera de ellos, y el no hacer nada para garantizar que el día 16 de diciembre no se repitan hechos irregulares como los que se vieron durante y después del 7-O .Pero más allá de denunciar esta situación no es mucho lo que pueda hacerse, porque de aquí a los comicios lo fundamental es ganar a los ciudadanos para la idea de que la abstención equivale a entregar sin luchar muchos espacios ya conquistados por las fuerzas agrupadas en torno a la MUD.

Es muy poco probable que de aquí a diciembre la oposición logre mejores condiciones que las existentes en la actualidad. No tiene mayor lógica una estrategia de denuncia que a la larga se pueda traducir en mayor abstención. Es difícil alcanzar un término medio que deje en evidencia los desequilibrios electorales a los cuales están sometidos quienes adversan al Gobierno, y que a la vez no signifique un desestímulo para sus propios votantes. Cualquier equivocación puede costar varias gobernaciones. Por eso el reto de la MUD no es cualquier cosa, y lo que corresponde es lo prioritario: evitar el deslave en diciembre.

Ya vendrán nuevos tiempos de lucha y movilización de los ciudadanos para lograr un sistema electoral más justo, equilibrado, transparente e integral, que garantice la participación en términos de igualdad. Esa tarea no le corresponde exclusivamente a los partidos agrupados en torno a la MUD. Los propios factores que hoy lanzan candidaturas disidentes del chavismo tendrán ocasión de probar en carne propia los lunares que hoy empañan el sistema electoral, y seguramente acompañarán, más temprano que tarde, la exigencia de más garantías para que la voluntad popular se exprese con mayor libertad.

Los ciudadanos, por su parte, ya han comprobado que la abstención sabotea sus aspiraciones de un país mejor. La oposición no tiene más camino que seguir en la ruta electoral, en las actuales condiciones, y si los ciudadanos la dejan sola también tendrán que aprender a asumir las consecuencias. Así funciona la política.