• Caracas (Venezuela)

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Karl Krispin

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La cifra impensable e inabarcable que da nombre a este artículo es el porcentaje inflacionario entre 2006 y 2008 que tuvo Zimbabue gracias a un enemigo del progreso llamado Robert Mugabe. Según un reciente artículo de The Economist (si hay alguna revista infalible en sus juicios es The Economist, auténticamente mucho más que los papas que bastante que se equivocan y si no examínense las declaraciones de Francisco sobre el capitalismo o la gaffe de haber visitado en su propia cueva a Fidel Castro) Mugabe está tan ido y chocho que leyó dos veces el mismo discurso ante el Congreso de su país. Las cifras de la inflación fueron publicadas, continúa la revista inglesa, hasta ese año porque luego el gobierno se vio imposibilitado de siquiera emitir papel moneda y la economía se dolarizó de facto.

¿Por qué una nación continúa sosteniendo a un tirano? Mugabe sigue siendo hábil y astuto y hasta ha tenido un cogobierno con la oposición. A este señor Hugo le regaló la réplica de la espada de Bolívar que por lo menos los actuales han dejado de obsequiar. La “que camina por América Latina” lleva engastadas piedras preciosas, algo bastante insostenible en esta economía de vacas esqueléticas. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es la inflación anual de nuestra Venezuela: lo cierto es que la padecemos y la calculamos a diario en nuestro abolladísimo estilo de vida de cinturones apretados.

A pesar de que se diga que a los gobiernos les horroriza la inflación, regímenes como el del sufrido Zimbabue (antes considerado el granero de África) continúan pisoteando a sus ciudadanos con toda naturalidad.  La república de Weimar llegó a exhibir cifras parecidas y eso estrictamente fue el caldo de cultivo para el surgimiento del totalitarismo nazi hasta llegar a la guerra de nuevo. Es la economía estúpido, reza el citado chiste. Pero el populismo político no sabe ni contesta a la hora de los ajustes. Venezuela hoy sería integrante de la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que incluye a los 34 países más avanzados económicamente si el gobierno del presidente Pérez hubiese podido ultimar las medidas del gran viraje. Pero aparecieron golpistas, comunistas, notables y estatistas vestidos de náufragos para arrastrarnos con su rebelión. En el régimen de las colas y la inflación se corre la arruga y no se toma decisión alguna. El cajero automático que escupe dólares, que es la renta petrolera, nos salva de las cifras surrealistas del antipaís africano. Somos pobres por no ser capitalistas. En el futuro la labor será aprender a sumar y restar y aplicar aquella sabia máxima del palurdo general Gómez de que no se puede gastar más de lo que se tiene.

@kkrispin