• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Con o contra ellas

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La polarización traducida en escisión, que nos hostiga cual política gubernamental, es una expresión de la nación militarizada.

La universidad, o en general las universidades, y en particular las autónomas, entendidas como ámbito natural para la pluralidad y el libre ejercicio de la libertad, como espacio ideal para el encuentro enriquecedor de las diversas concepciones artísticas, culturales, científicas, y políticas, e instancias dedicadas a la búsqueda sistemática de la verdad y a la creación de conocimientos, precisamente por serlo son percibidas desde una óptica cuartelera como “el enemigo”, al cual hay que agredir, descalificar, humillar y destruir.

El régimen, urgido de la necesidad que lo agobia de acabar con esas instituciones de cuyo seno emergen seres libres, pensantes, críticos y con apego a altos valores éticos, además de incluir en sus agresiones campañas de descrédito y de lanzar contra la comunidad estudiantil toda clase de cuerpos represivos entrenados para la barbarie, hoy suma el uso instrumental jurídico-económico-policial, de obedientes poderes públicos bajo el control de supuestos magistrados; y en activo apoyo de estos, una legión  de funcionarios no calificados de espías cual ofensa ni con el degradante nombre  de sapos, sino con la especial designación de “patriotas cooperantes”.

Ante la asfixiante atmósfera de primitivismo, cuando más esencial nos es el desarrollo de la educación, más se empeñan los uniformados en agredir a las universidades. El régimen ensayó varias formas de apoderarse de ellas y al fracasar en todos sus intentos optó por cercarlas y asaltarlas; diseñando además una estrategia de tres componentes: desconocimiento de la legalidad, asfixia presupuestaria y violencia selectiva, por separado o de conjunto.

La universidad siempre ha sabido dar a lo largo de su noble existencia institucional, y nunca ha dejado de hacerlo con la misma determinación  con que hoy encara la asaltante tropelía gubernamental, la debida respuesta a todo ello; y en seguir adelante como ejemplo inspirador en los campos fundamentales de la educación y la cultura a través de la producción, la enseñanza y divulgación de conceptos profundos y reflexivos, con la dedicación y participación determinantes de sus estudiantes, docentes, investigadores, técnicos y empleados, lo que conforma el universo académico, a partir de la conciencia de un compromiso de profunda significación  con el país. Y acorde con una visión generalizadora dentro de la cual lo cultural demanda atención, cabe destacar aportes positivos como lo son libros, exposiciones artísticas, conciertos, recitales y montajes teatrales.

Un hecho que complace vista la depreciación del país, es la asistencia numerosa de público a las presentaciones de nuevas ediciones en librerías sentidas como propias. Además de la motivación implícita en el conocimiento del autor, se acude en la actitud militante de conferirle a esa presencia el significado político de mostrar junto a otras personas, motivadas por lo cultural, y ante la ordinariez que el régimen insiste en imponer: “Aquí está el país pensante, creativo, el de apego a valores éticos y humanísticos esenciales”.

Tales eventos y tantos otros similares validan nuestra convicción de ser Venezuela un país firme en la decisión de siempre avanzar, aun enfrentando circunstancias absurdas y adversas como las actuales, que conforman un humillante hundimiento conducente a plantearnos que todo aquel que se proponga sembrar la esperanza y estimularnos a transitar el camino del bien, pero no en el mínimo alcance individual sino el de la entrega a la lucha por el bien colectivo, merece y debe contar con nuestra más sentida solidaridad.