• Caracas (Venezuela)

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Fausto Masó

¿Hasta cuándo?

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¿Hasta cuándo durará la protesta? ¿Lo suficiente para que Maduro renuncie o lo reemplace el chavismo por otro inquilino en Miraflores? ¿Se hartará la gente de las calles cerradas? ¿O habrá un diálogo real, una democratización de las instituciones? Los chavistas encubiertos apuestan por el cansancio de la sociedad civil, creen que esta agitación morirá de muerte natural. Se equivocan. En realidad, a Maduro le ha ido mal desde el primer día; parece que el último y el gran error de Hugo Chávez fue escogerlo como sucesor.

Maduro habla de paz, y ordena disparar; imita la energía para insultar de Chávez, pero al país no lo amedrenta que lo llamen fascista; contados venezolanos saben lo que era el fascismo. 

Y, para colmo, a los estudiantes se les unen habitantes de los barrios del interior de Venezuela. Maduro no entiende que los disturbios en Valencia en buena parte los provocan el cierre virtual de las ensambladoras y de la zona industrial, no relaciona el alzamiento del Táchira con el maltrato a ese estado, lo deja indiferente que cientos de miles de venezolanos hayan perdido su empleo con el cierre de los centros comerciales, que un ingeniero o un economista recién graduado solo consiga un empleo miserable, si lo consigue, claro; tampoco le importa la emigración masiva de trabajadores calificados, los pequeños empresarios españoles y portugueses que liquidan sus negocios para irse de Venezuela, ignora lo que significa para el país esa pérdida de capital humano, no ve cómo afecta a los pobres la especulación con el cemento cuando intentan ampliar su rancho. Maduro se limita a hablar del imperialismo mientras lo aplauden ministros y funcionarios.

Algún economista aplaudió el Sicad 2, sus bonos en dólares subieron de precios. Otros señalaron que se dio un paso en la dirección correcta, a pesar de que el gobierno esté aplicando la devaluación más brutal de la historia de Venezuela, sin medidas compensatorias. Nos espera a la vuelta de la esquina una recesión pavorosa. Solo un dictador juega con la economía como Maduro mientras elimina la prensa, se apodera de la radio y la televisión, pretende limitar el Internet, pero Venezuela se le sigue yendo de las manos. No hay trabajo, un rector de una universidad gana 500 dólares mensuales, algunos profesores 15 o 20. El malestar se extiende a zonas como la Isabelica, en Valencia. ¿Qué hará Maduro? Amenaza con asaltar las universidades, comienza con la UCV; abandona cualquier ropaje democrático. Los que hablan de neutralidad periodística, alientan un diálogo sin condiciones, son sus colaboradores ocultos. A los empresarios finge complacerlos Maduro porque necesita urgentemente reactivar la producción interna del país

Esto no se arregla con que decidamos escucharnos unos a otros, en vez de prestar atención al ruido de las balas. El gobierno de Maduro perdió la apariencia democrática. La crisis económica no garantiza que los chavistas se vuelvan antichavistas, pero sí que se cansen de Nicolás Maduro, ya aparecen las primeras señales. Es posible ser todavía chavista, en cambio por ninguna parte se consigue a un madurista, hasta la palabra “madurista” suena fea. Maduro no existe políticamente, aunque sus cadenas de radio y televisión sean casi diarias. Es un caso patético que sería cómico si todos los venezolanos no sufrieran las consecuencias; da palos a ciegas, solo que en las manos esgrime un terrible garrote.

Los chavistas no saben cómo librarse de Maduro, lo mantiene en Miraflores la fuerza de la inercia y el miedo a la oposición; mientras, el gobierno se queda sin argumentos. No vivimos una reedición de 2002 cuando buena parte del Ejército y Pdvsa en pleno se oponían a Chávez. ¿Qué hacer con Nicolás Maduro? es la gran pregunta que se hace el propio chavismo. Hasta ahora no han encontrado la respuesta.