• Caracas (Venezuela)

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Gustavo Tovar

350

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“Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Declaración Universal de los Derecho Humanos

El balazo en la cabeza

Miguel Rodríguez Torres, Diosdado Cabello y Francisco Ameliach, entre otros militares traidores de Venezuela, asesinaron a centenares de venezolanos en sus golpes de Estado de 1992.

Centenares de víctimas desprevenidas e inocentes fueron alcanzadas por el “diálogo” mortal de estos fascistas que supieron clavar, con balas, sus ideas políticas en la cabeza, en el corazón y en la espalda del pueblo de Venezuela.

Sangre derramada por doquier, mucha ansiedad y tristeza fue la huella que impusieron en su primera aparición pública estos asesinos en serie, estos despiadados del poder que hoy lamentablemente todavía rigen, con sus balas y su oscura mortandad, el destino de nuestra nación.

No invento ni exagero cuando de forma descarnada expongo lo anterior, es público, es conocido, es parte de la historia reciente. Además, los asesinos ni siquiera se avergüenzan de su felonía. Asumieron sus crímenes y se rindieron a la justicia, estuvieron presos, pero fueron absueltos por un acto de irresponsabilidad inconmensurable del decrépito y soberbio Rafael Caldera. Si no hubiese sido por él, estos malhechores estarían pagando todavía su condena.

Nunca debieron salir de la cárcel y mucho menos ocupar puestos de poder político, por esa lenidad estamos como estamos. Que sirva de lección y aprendizaje para generaciones futuras.

Lo cínico es que las principales víctimas de la furia criminal de estos tipos fueron sus propios “hermanos del alma” militares, cuyos cuerpos inermes, cayeron uno tras otro tras la arremetida golpista. Paradójicamente, es esa misma y traicionada fuerza militar la que hoy los resguarda y mantiene en el poder causándonos esta apoteósica debacle.

“Patria socialista o muerte”, estos militares golpistas y su jefe convirtieron a Venezuela en una nación humillada, perseguida, torturada, herida, degollada y moribunda, que ha vivido entre el sobresalto, la autocracia y el luto.

Una bala en la frente del disidente opositor es su consigna, su manifestación de amor, su ministerio de paz y de justicia. Son la peste dictatorial que ha clavado en la cabeza de la nación su oscuridad y su plomo.

Hay que erradicarlos del poder si queremos recuperar la luz y la vida.


El desafío no violento

Ha habido dos formas de enfrentar las tiranías y el despotismo a lo largo de la historia. Una, a través de las armas y la violencia; otra, a través de la resistencia civil y la no violencia.

De raíz arraigadamente cristiana, la no violencia como método de lucha para enfrentarse a regímenes despóticos, liberarse de dictaduras y transitar hacia la democracia, surge con Gandhi y su desafío al imperio británico (el más poderoso de la época) para lograr la independencia de la India.

A diferencia de la resistencia pasiva o de la desobediencia civil de Thoreau, el ahimsa o el camino de la no violencia, según palabras de Gandhi, no consiste en “abstenerse de todo combate real contra la maldad”, por el contrario, consiste en una lucha espiritual más profunda y enérgica, en un desafío activo, un reto dinámico contra el poder, sin agredirlo y sin usar las mismas armas (balas o tanques) para derrotarlo.

La lucha no violenta no doblega al prójimo, lo transforma.

Gene Sharp en su libro De la dictadura a la democracia es quien mejor sintetiza y explica de modo sencillo y práctico cómo erradicar una dictadura aplicando la teoría de la lucha no violenta.

Razona sobre el poder político y señala que este es otorgado por cada ciudadano a la autoridad de un país y, en ese sentido, advierte que cuando se desconoce esa autoridad, cuando se le desafía y reta, cuando se moviliza contra él y contra sus instituciones, ese poder otorgado se desvanece, se pierde.

Sharp expone que la lucha no violenta es una disciplina que, como la militar (sin armas, por supuesto), usa la planificación estratégica, la organización y la movilización para lograr sus fines.

La no violencia no es pasiva ni “pacifista”, es activa porque moviliza, arrostra, reta, desafía al poder, se burla de él y lo desconoce resistiendo a su autoridad y a su fuerza bruta.

La rebelión no violenta culmina cuando la mayoría del pueblo descontento logra desconocer completamente la autoridad -y sus instituciones- y ocupa físicamente los espacios del poder político.

Requiere mucha fortaleza moral, convicción y disciplina. No todos los seres humanos tienen la magnitud espiritual ni la determinación para ser no violentos.


350

No sólo la Declaración Universal de los Derechos Humanos justifica la rebelión popular contra una tiranía, en específico también lo hace la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 350 que reza: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”.

La pregunta es ¿cómo se aplica este derecho constitucional? Aquí les comparto la manera de hacerlo a través de la no violencia. Antes que nada destaco que la no violencia se activa cuando las vías políticas o electorales se agotan y se secuestran, como es el caso de Venezuela.

Si el poder político es concedido por el pueblo -por la sumatoria de todos sus habitantes-, y la república está integrada por poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Moral y Electoral), que a su vez tienen representantes para cada uno de ellos, la manera de rebelarse a través de la no violencia activa y desconocer el régimen y autoridad que contraría los valores, principios y garantías democráticas y que además menoscaba los derechos humanos de sus ciudadanos es ocupando masiva y popularmente cada uno de los poderes públicos.

Cuando eso ocurre, cuando el pueblo se moviliza y ocupa los espacios de los poderes públicos, se materializa el constitucional y reivindicador derecho a la rebelión popular contenido en el 350. El poder constituyente del pueblo se rebela y ocupa el poder constituido hasta concertar la transición que viene acompañada de elecciones para escoger los nuevos representantes de los poderes públicos.

En Venezuela, durante todo este tiempo, los mismos militares fascistas que dieron sendos golpes de Estado en el 92 y que asesinaron a cientos de compatriotas por la espalda han cometido toda clase de violaciones de nuestros derechos humanos (dichas violaciones reconocidas por todas las instituciones públicas internacionales: ONU, OEA, CIDH, etc.); se han robado de manera comprobada las elecciones (pervirtiendo el sistema electoral); han prostituido y corrompido el sistema judicial (la impunidad criminal alcanza 90% y nuestras degradantes cárceles son campos de concentración chavista); han convertido la Asamblea Nacional en una siniestra institución donde a la oposición se le niega la palabra, se le humilla y se le golpea; y desde el Poder Ejecutivo han vejado, perseguido, torturado y asesinado a muchos venezolanos (la bala en la cabeza es su consigna), ejercen el poder político de manera despótica y tiránica.

Esto sin mencionar que han traicionado la soberanía nacional y entregado la conducción del país y nuestros recursos al dictador cubano Fidel Castro. Somos un vergonzoso apéndice de Cuba.


La salida

Las protestas populares de los últimos días son un reflejo del hartazgo nacional. Los jóvenes de manera no violenta se han volcado a las calles a exigir una salida constitucional a la crisis política. El régimen los ha herido, encarcelado, asesinado o desaparecido. Otra vez la bala en la cabeza es su consigna. El ambiente es asfixiante y caótico.

¿Por qué?

Porque las manifestaciones de rechazo al régimen y las movilizaciones no han intentado ocupar los usurpados, ilegítimos y pervertidos poderes públicos. No los espacios públicos, insisto: los poderes públicos.

Si el pueblo de Venezuela, asistido por la Constitución Bolivariana (está en su derecho), desea de manera no violenta transitar de esta dictadura militar y fascista a una democracia plural, igualitaria, más humana y más libre, tendrá que planificar, organizarse y movilizarse masivamente para ocupar los poderes públicos y permanecer ahí, como poder constituyente, hasta que se logre la transición hacia un nuevo poder constituido.

Los esfuerzos no pueden ser caóticos ni dispersos, se requiere de una gran unidad nacional que enfoque la reivindicación democrática hacia los pilares de apoyo de la tiranía (TSJ, AN, Fiscalía, Miraflores, etc.), los ocupe y los sustituya.

El futuro de la nación está en la calle, son sus jóvenes y han dicho nuevamente “presente” frente a la historia. Valdría la pena replegarse, planificar, organizarse y movilizarse sin violencia para lograr la reivindicación final: la libertad y la independencia de Venezuela.

¿Qué poder público ocuparás? Tú eres Venezuela, llegó el momento, tu momento, nuestro momento.

Es hora…