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Fermín Lares

El que tenga ojos que vea

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La noticia de la elección de Arturo Sosa como el nuevo Superior General de la Compañía de Jesús es una impresionante muestra de cómo brilla el talento venezolano en el mundo.

Ser el Superior General de los jesuitas no es cualquier concha de ajo. La Compañía de Jesús es la congregación más importante de la Iglesia Católica, la más influyente en la iglesia y la más influyente fuera de la iglesia.

Fundada por el vasco Ignacio de Loyola en 1534, ha tenido desde entonces un peso enorme en las actuaciones de los papas y de la iglesia, comenzando por ser la vanguardia de la Contrarreforma, pasando por el hecho de que sus sacerdotes fueron los confesores de nobles y monarcas europeos de varios siglos, e incluso hasta por haber tenido una muy importante participación en el desarrollo de la llamada Teología de la Liberación, el movimiento religioso latinoamericano de izquierda que surgió a partir de los cambios propiciados por Juan XXIII con el Concilio Vaticano II, que promovió un acercamiento eclesial más pronunciado hacia los pobres.

Una de las fortalezas más grandes de la Compañía de Jesús es la preparación intelectual de sus integrantes, generalmente mayor que la de los miembros de otras congregaciones religiosas. Los jesuitas tardan más años en ordenarse como sacerdotes y luego se especializan en materias no necesariamente ligadas a la religión. El vínculo que históricamente han tenido los jesuitas con la educación y la fundación de universidades y otros centros educativos en todas partes del mundo les ha permitido tener también una gran influencia entre las élites que se han educado con ellos, como en la UCAB en Venezuela y en Georgetown y en el Boston College, en los Estados Unidos.

El venezolano Arturo Sosa, un investigador de las Ciencias Sociales de vieja data en su país, ya estaba desde 2014 radicado en Roma como delegado de las Casa Romanas Interprovinciales de la compañía, que incluyen a la famosa Universidad Gregoriana y al prestigioso Observatorio Vaticano, uno de las instituciones astronómicas más antiguas y todavía entre las más importantes del planeta.

Aunque el nombramiento del caraqueño Arturo Sosa es singular, al presidir una institución que por casi 5 siglos es de tanta significación para la Iglesia Católica, no se trata del primer nombramiento de gran relevancia para un venezolano en los predios del Vaticano. El cardenal aragüeño Rosalio Castillo Lara, fallecido en 2007, llegó a ser el gobernador del Vaticano en 1995, después de haber sido el administrador del patrimonio de la sede apostólica, es decir, quien manejaba las finanzas del Vaticano, y haber dirigido entre 1975 y 1983 la reforma al Código de Derecho Canónico, que es como la Constitución de la Iglesia en Roma y el mundo.

Los venezolanos de hoy día no solo se distinguen internacionalmente por su excelencia en el béisbol de las Grandes Ligas o por el triunfo en los concursos de belleza. Además del éxito inspirado en lo celestial, dan muestras de su talento en el muy terrenal campo de la academia y de las ciencias exactas, como es el caso del actual presidente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el venezolano Rafael Reif, graduado de ingeniero eléctrico de la Universidad de Carabobo, con doctorado en esa misma especialidad de la Universidad Stanford y experiencia docente en la Universidad Simón Bolívar de Caracas.

El MIT es considerado como una de las tres mejores universidades del mundo, con Harvard de primera y Stanford, donde estudió y dio clases este venezolano, como la segunda. Del MIT han salido hasta ahora 85 premios Nobel y entre sus ex alumnos se cuentan el astronauta Edwin Aldrin, segundo hombre en pisar la luna; el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan; el ex presidente de la Reserva Federal norteamericana, Ben Bernanke y el lingüista Noam Chomsky.

El Dr. Reif maneja en esa universidad un monto anual de casi $12.5 millardos, 10% de ellos dedicados a la investigación. Entre los logros del MIT se cuentan la primera síntesis química de la penicilina y la vitamina A, la creación del GPS, el desarrollo del radar y la creación de los sistemas de orientación inercial y la invención de la memoria de núcleo magnético, que permitió el desarrollo de las computadoras digitales.

Los doctores Reif y Sosa, así como el mundialmente reconocido director orquestal Dudamel, la pianista Gabriela Montero, el basquetbolista Greivis Vásquez, el ingeniero Carlos Tomás Mata, jefe del Laboratorio Avanzado de Instrumentación Electrónica del Centro Espacial Kennedy de la NASA (no es el único venezolano trabajando en esta organización, hay unos cuantos, entre ellos mi amigo Juan Misle), o Bárbara Millán, investigadora asociada del Centro Europeo de Investigación Nuclear, con sede en Suiza, además de chefs, artistas plásticos, empresarios, ingenieros petroleros y periodistas de renombre planetario, tienen la particularidad de que todos ellos fueron formados en democracia, en las universidades que crecieron y se desarrollaron, o fueron creadas, como la Simón Bolívar, de 1958 a 1999.

¿Cuál es el legado que deja en Venezuela el socialismo del siglo XXI? ¿Dónde está el tan pregonado hombre nuevo? La respuesta está a la vista de todos. ¿Por qué no terminan de irse y nos dejan reconstruir el país tan bello que teníamos y no lo sabíamos?

 

 

@LaresFermin