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Guillermo Cochez

¿Por qué me he ocupado tanto de Venezuela?

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Esta pregunta me la hacen a diario en mi país. Causa extrañeza que estoy al tanto de lo que ocurre en la tierra de Bolívar.           

La solidaridad es uno de los principios que más caracteriza a las sociedades democráticas. Así como Panamá tuvo necesidad de que otros fueran solidarios con ella durante la angustia de nuestra dictadura, se hace necesario que seamos consecuentes con los que hoy la requieren. Y jamás podremos olvidar que, en gran medida, esa solidaridad provino del gobierno y del pueblo venezolano.

Jamás pensé en la repercusión de lo que hice en la OEA el 16 de enero del pasado año, cuando, contrariando las órdenes recibidas de mi Cancillería ese día (solo ese), hablé en el Consejo Permanente de la OEA criticando todo lo hecho el 10 de enero en Venezuela cuando se juramentó ilegalmente Nicolás Maduro. Posteriormente ha quedado muy en duda si para esa fecha el presidente “enfermo”, que no pudo juramentarse ese día, habría estado ya muerto.

La solidaridad es la unidad en metas e intereses comunes. Es el conjunto de aspectos que unen o relacionan a las personas y a los países; es la colaboración y ayuda mutua que ese conjunto de relaciones promueve y alienta. Por eso, al darse una catástrofe natural en Haití o un tsunami en Japón, la solidaridad humanitaria universal se activa para darles la mano a los que la necesitan. Igual sucede cuando un país vive violaciones de los derechos humanos y ataques contra su democracia. Las alertas se disparan porque el fenómeno de la solidaridad democrática es universal y nos preocupa a todos. Es como si en un vecindario no nos preocupara la presencia como nuevo vecino de un violador o de un narcotraficante.

Desde 1975, en mi primer viaje a Venezuela para asistir en el Instituto de Formación Democratacristiana (Ifedec) a curso para secretarios internacionales socialcristianos, me convertí en permanente visitante a ese país. Hicimos muchos amigos allí, como Arístides Calvani, Herrera Campins, Caldera, Pérez Olivares, Rodríguez Iturbe, Álvarez Paz, por mencionar solo algunos. Con el curso de los años esos contactos se ampliaron a otros partidos que también se preocuparon por nuestra suerte. Los 15 años de chavismo han profundizado esos lazos en mis repetidas visitas allá.

Venezuela fue muy solidaria con nosotros. En 1988, siendo Enrique Tejera París canciller de Venezuela ante la OEA, su país pidió a la Organización la celebración urgente de una reunión de cancilleres para discutir el caso de Panamá, donde las elecciones habían sido anuladas, luego de ganarlas la oposición. Los últimos cuatro presidentes democráticos venezolanos siempre estuvieron pendientes de nuestro devenir.

Por iniciativa del doctor Calvani se nos facilitó ayuda técnica en varias áreas: publicidad, a través de Guillermo Betancourt Oteyza; activismo, con Enrique Naime; política, con el diputado Eudoro González (QEPD). Para todos ellos su contacto en Panamá fui yo. Dieron mucho de sí por ayudarnos.

Simplemente he decidido devolver intensamente esa solidaridad, de la cual jamás nos podremos olvidar. Ojalá que otros que también la recibieron, como muchos chilenos, hicieran la mismo.

 

*Embajador de Panamá OEA (julio 2009-enero 2013)

gcochez@cableonda.net