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Sumito Estévez

Un objeto llamado cocina

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El apartamento donde pasé mi infancia estaba al final de la Avenida 4 de Mérida, en un edificio diseñado por el arquitecto Fruto Vivas. Por década y media lo tuvo alquilado mi madre. Tenía 2 pisos, 4 cuartos, 4 baños, sala y cocina. A la luz de la infancia todo se recuerda enorme, así que tal vez exagere, pero calculo que debió ser un apartamento de casi 200 metros cuadrados. Finalmente, cuando yo tenía 17 años, mi madre pudo comprar un apartamento, el mismo desde hace 32 años, que tiene 3 cuartos, 2 baños, una cocina y una sala; y calculo que tiene 150 metros cuadrados aproximadamente. Yo, el hijo de esa incansable señora llamada Anú, desde hace año y medio vivo en un apartamento que pago. Uno de 100 metros cuadrados más terraza, 2 cuartos, 2 baños y una sala-cocina. Hace 50 años una profesora universitaria podía alquilar una casa grande. Hace 30 años una profesora universitaria podía comprar un apartamento grande en una zona residencial de clase media. Hoy en día una persona de 50 años, con 25 años de ejercicio profesional, normalmente compra un apartamento de 100 a 150 metros.

Nuestra historia, metraje cuadrado incluido, es idéntica a la de casi cualquier persona de clase media de Venezuela y, salvo contadas diferencias, del mundo. Si cada vez somos más (y la Tierra por lo visto no puede crecer), cada vez serán más pequeños los apartamentos. Pero no solo el metraje y la edad a la que se puede comprar han variado, antes la cocina era un lugar escondido (por ejemplo, en la casa de mi infancia o en la actual de mi madre) y hoy literalmente la puerta de entrada (mi caso) de casi todos los apartamentos nuevos es por la cocina. Suena el timbre y nuestros invitados entran por ese nuevo espacio arquitectónico bautizado como sala-cocina. Es lógico que sea así. Si teníamos que acomodar de 2 a 3 cuartos (y 2 baños) en 100 metros cuadrados, tarde o temprano nos íbamos a ver obligados a derrumbar la pared que separaba la sala de la cocina.

Ese fenómeno de la cocina como primer lugar que ven las personas que nos visitan tomó por sorpresa en su momento a arquitectos y diseñadores. Lo que antes era un lugar para no ser visto, de repente pasó a ser el lugar más visto. Pero como todo en la vida, una ocasión nueva siempre será una oportunidad. La cocina doméstica como espacio público es en este momento el lugar en el que más se invierte a la hora de decorar una casa. Prácticamente no existe espacio utilitario (mesón, lavaplatos o muebles de guarda), equipo necesario (cocina, nevera) y utensilios (desde una licuadora hasta un simple pela papas) que no haya cambiado dramáticamente en las últimas dos décadas, y algo inconcebible hace unos años como el que un diseñador de objetos de cocina pasara a ser estrella mundial al mismo nivel que un diseñador de autos de lujos es la norma.

Cinco son las categorías del diseño que en este momento se manejan. Las dos más evidentes (y obviamente las dos primeras que se desarrollaron) fueron el diseño del espacio para comer ante la nueva dinámica de encuentro en el hogar y el diseño de objetos utilitarios. Esto generó toda una industria embriagante de materiales para pisos, mesones y paredes, que literalmente visten de texturas los primeros minutos cuando se entra al hogar. La otra línea de desarrollo inicial fue la del diseño de objetos para interactuar con la comida. Es tal la influencia del objeto utilitario que en la Navidad pasada, por ejemplo, me regalaron una tijera de cortar aves y un pela papas, no por que necesitara esos dos objetos sino porque eran bonitos. Hoy un objeto de cocina posee la misma importancia (y precio) en la estructura doméstica que la que en su momento tuvo un cuadro para la sala.

Pero comentábamos que son cinco las líneas modernas del diseño en y para la cocina. Hemos hablado de dos. Las otras tres, aunque menos obvias, no por ello son menos influyentes. Mucho objeto se piensa es para contener la comida. Frascos para especias, botellas, salseras y recipientes. Cuando la nevera es parte fundamental de la estética pública del hogar, abrirla implica mostrar literalmente un cuadro vivo e iluminado.

Finalmente, es mucho el esfuerzo que hoy se hace en diseñar la comida y en diseños inspirados en la comida. La próxima vez que usted abra un chocolate piense que forma, grosor y hasta bajo relieves han sido cuidadosamente planificados, una vez que se sabe que la comida antes de entrar a la boca será exhibida; y en el caso de los diseños inspirados en comida, hablamos de objetos con forma de comida como por ejemplo un puf-manzana inspirado en un cuadro de Magritte.

Nuestras cocinas son una galería. La galería que cuenta cómo somos cuando nadie nos ve. Nuestras cocinas no solo son un punto de encuentro, son el primer abrazo que nos da la casa cuando llegamos… Y los diseñadores lo saben.