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Guillermo Cochez

Un obispo revolucionario panameño

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Escasos de una historia patria profunda, nos enteramos de hechos relevantes de grandes panameños porque otros se interesan en su investigación. El arzobispo de Mérida, monseñor Baltazar Porras, célebre como confesor de Hugo Chávez al renunciar a su cargo en abril de 2002, estuvo de visita en Panamá días atrás. Está investigando los orígenes de un ilustre prelado panameño, nacido en Santiago de Veraguas, a finales del siglo XVIII, y que jugó un papel determinante en las luchas independentistas americanas, siendo muy cercano a Simón Bolívar. Historiadores y eclesiásticos de Venezuela han escudriñado sobre la vida de tan ilustre prelado que llegó a ser obispo de Mérida de Maracaibo, vicepresidente del Congreso de Cúcuta, senador y gran confidente de Bolívar en la lucha libertaria.

Rafael Hilarión Lasso de la Vega, hijo de Estefanía de la Rosa Lombardo y Nicolás Feliciano Lasso de la Vega, capitán de las Milicias Reales, y de ascendencia familiar de alcurnia, nació en Santiago el 21 de octubre de 1764. Fue mudo hasta los 15 años, y le quedó el resto de su vida la dificultad de pronunciar bien la letra “r”. Enviado a Panamá al Seminario Conciliar, a los 18 años se traslada a Bogotá al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde termina estudios y lo consagran presbítero en 1792. Obtiene doctorado en Filosofía, Teología y Cánones, y se especializa en Derecho Canónico; enseña en el mismo colegio.

En 1804, a sus 40 años, es nombrado en la parroquia de Funza, cerca de Bogotá, donde presta servicios por trece años y luego, tras no aceptar a los independentistas, lo designan chantre (dignidad eclesiástica en desuso) en la Catedral de Panamá. En 1813, a petición del rey Fernando VII, el papa VII lo nombra obispo de Mérida en Maracaibo, en el occidente de Venezuela, precisamente por su ardiente defensa al colonialismo español.        

La época es difícil para la Iglesia católica, ya que como tal juega un papel decisivo en la conquista y colonización de América para la Corona española y, enfrentada al reto de la emancipación americana, debe asumir un rol en defensa del statu quo o aceptar las nuevas realidades de sus pueblos. En ese dilema estuvo monseñor Lasso de la Vega, fiel defensor de la Corona, pero en el momento decisivo decide apoyar la independencia, y le da así el giro correcto a la Iglesia, considerada como enemiga de los insurrectos. Con esta acción hace cambiar a Bolívar la percepción que tenía de la jerarquía eclesiástica. Lasso de la Vega asumió un papel protagónico en las nuevas estructuras, siendo vicepresidente del Congreso de Cúcuta y senador y demostrando su gran capacidad intelectual y humana.

Tras petición de Bolívar al Vaticano, le nombran obispo de Quito. Sobre él el Libertador dijo: “Una iglesia sin cabeza es como un cuerpo sin alma”. Le nombró digno de llamarse “príncipe de la Iglesia y sobre todo padre de los pobres”.

Murió en Quito dejando tras de sí un obra que hoy es objeto de estudio por la Iglesia venezolana por sus grandes aportes a la causa emancipadora.

 

*Abogado y político