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Nicolás Bianco

Un nuevo orden en educación (y II)

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A medida que conocemos en detalle las profundas carencias y deficiencias que padece la mayoría abrumadora de los conciudadanos en materia educativa, nos damos cuenta de que el nuevo gobierno democrático presidido por Henrique Capriles Radonski requerirá acercarse a tan crítico asunto con una visión y un abordaje que integren los diferentes componentes y etapas de todo el sector de educación. Debemos innovar durante seis años para rescatar la educación nacional y para estar a la vez presentes en la sociedad del conocimiento de 2025.

Una primera ilustración permite ver la formidable “planificación estratégica” que hemos de asumir para alcanzar tales cometidos. Promover un sólido proceso de enseñanza/ aprendizaje es un deber y un derecho constitucional. El cálculo de 4 millones de niños de entre 1 y 6 años actualmente fuera del nivel escolar y otros millones que cursan hoy en alguna destartalada aula, ejercerá una descomunal presión sobre todo el sector que se expandirá más allá del fin del periodo constitucional.

En estos últimos cuatro años en el ejercicio del Vicerrectorado Académico de la Universidad Central de Venezuela, he percibido con angustia la inacabable tragedia nacional del bachiller sin cupo. La dictadura agravó con toda la mala fe posible el sufrimiento familiar, al facilitar sin consistencia alguna el paso por la educación media y diversificada, saturar el mundo universitario con “nuevas universidades” carentes de estructuras y calidad, abrir irresponsablemente las compuertas de la educación superior a cientos de miles de estudiantes, mientras asfixia y subvierte el orden institucional y académico del valeroso grupo de universidades autónomas. Una consecuencia de lesa patria es el engaño que vive en silencio el egresado y su familia por el imperdonable fraude de la Medicina Integral Comunitaria.

Debemos caminar aceleradamente hacia el gran acuerdo nacional en educación, y tal y como lo ha propuesto el candidato democrático, integrar como en salud, “el Sistema Nacional Único y Federalizado de Educación”, y aplicar nuevos diseños curriculares por perfiles de competencia, centros de datos, gestión de información y conocimientos, fortalecimiento docente, movilidad estudiantil, virtualización y educación a distancia, en un contexto que vaya reforzando los gradientes de todo el sector y que haga de la escuela, el liceo y la educación superior regional y/o municipal su principal objetivo.

Hemos de descomprimir las universidades públicas autónomas, retomar el concepto de educación superior e insertar los beneficios de la sociedad del conocimiento de estos años claves del siglo XXI. El bachiller debe poder seleccionar entre una oferta profesional, científica, humanística, tecnológica y informática. Considerar nuevas versiones de las “escuelas técnicas” al aprobar la educación media y completar la oferta del nivel superior con los estudios de doctorados, maestrías y posdoctorados.

Es esencial promover una gran convocatoria nacional de los sectores docentes, profesionales, empleados y trabajadores para integrarse a la educación pública, con condiciones económicas óptimas, con la asignación de presupuestos anuales que garanticen génesis de nuevos conocimientos y la absoluta flexibilidad en las instituciones de nivel superior para generar y compartir ingresos propios que provengan de actividades creativas intramurales.

El robot Curiosidad anda caminando por la superficie marciana. Pleno de tecnologías y sistemas de análisis. ¿Se imaginan que alguien se le acerque? No perdamos la oportunidad de participar. Seamos terrícolas democráticos y de progreso.