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Alberto Krygier

Un nuevo mundo

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Alexis de Tocqueville afirmó que se requería una nueva ciencia para un nuevo mundo. Shimon Peres, actual presidente del Estado de Israel, alega que hoy en día la ciencia, la creatividad y el conocimiento están reemplazando hasta los recursos que nos ofrece la tierra misma como fuente de desarrollo.

Nuestra civilización está cambiando. Nos encontramos en una nueva etapa de nuestro desenvolvimiento político, económico, social y cultural: se trata de un nuevo orden que está caracterizado, en una de sus múltiples facetas, por una cultura planetaria progresivamente homogeneizada que se va modernizando con base en nuevas tecnologías que tratan de institucionalizarse y que, por otra parte, buscan llevar a otro nivel nuestro desarrollo en los ámbitos que acabamos de señalar.

Para pretender entender estas nuevas etapas del mundo y nuestra participación en ellas, se requieren nuevos métodos de estudio, de adquisición de conocimientos y de análisis, amén de estar dispuestos a eliminar barreras intelectuales y a adoptar nuevos y diversos conceptos, técnicas y disciplinas. Necesitamos nuevas formas de pensar y aprender que combinen la visión clásica con los nuevos adelantos analíticos.

Este nuevo orden tiene dos grandes vertientes: una se caracteriza por progresos positivos, prácticos y rápidos, producto de las innovaciones en ciencia y tecnología, que se manifiestan en forma material; la otra es más ideológica y espiritual que material, y está representada por los avances de la democracia y la libertad. Las mejoras resultantes de ambas vertientes se están extendiendo a un mayor porcentaje de la población, pero todavía son aprovechadas por solo una minoría.

Decir que existe una democracia porque hay partidos políticos y sufragio libre y universal no es suficiente. Democracia significa también permitir que la sociedad civil participe en la toma de decisiones importantes. La democracia no puede coexistir con significativas polarizaciones socioeconómicas y culturales, con una economía que no es libre, y sin asegurar adecuadamente la protección de las minorías y de los derechos individuales. Hace poco aprobamos una nueva Constitución, pero se requiere crear instituciones no partidistas que nos aseguren un mejor nivel de vida, y una razonable seguridad jurídica, social e individual. 

Aunque antes se pensaba que estas dos vertientes eran divergentes, realmente convergen en una simbiosis dentro de un sistema. La sociedad no puede progresar sin una de ellas; no marcha bien, sobre todo ahora que tanto el desarrollo económico como el social y político dependen de las ideas y de las innovaciones. Antes era inconcebible que países poco desarrollados compitieran con países de avanzada, pero esto está sucediendo en la actualidad gracias al recurso de la innovación.

Las innovaciones en el campo gerencial se pueden agrupar en dos corrientes. La primera trata de incrementar la productividad en el trabajo, mediante la innovación de procesos y la reducción de costos. La segunda enfatiza la creación de nuevos productos, bienes y servicios y se interesa por la búsqueda de nuevas inversiones y empresas que incrementen el empleo. Es lo que impulsa el crecimiento económico y el ingreso. Y en todo ello juegan un papel primordial las tecnologías de punta.

El siglo XX ha sido el siglo de la innovación, principalmente las innovaciones tecnológicas. Constituyen el motor principal del desarrollo social y económico. Este ha sido el signo del avance de la economía de mercado y de la democracia. El progreso de la economía depende de cómo se implementen las innovaciones en procesos y en productos y servicios. ¿Qué pasará si el nuevo siglo se satura en nuestros campos? ¿Qué será mayor, el decrecimiento del empleo por la producción, o la creación de empleos por la innovación de productos? ¿Se podrán complementar? ¿Cómo va a afectarnos el crecimiento de la economía simbólica financiera? ¿Se van a poder integrar las organizaciones estatales con las empresariales?

No podemos, nadie puede, prever lo que resultará. Pero esto no significa que no podamos ejercer un impacto sobre el nuevo orden que va a ser construido. Debemos decidir cómo nos vamos a insertar en el nuevo siglo del nuevo mundo. En una situación de incertidumbre, toda acción, por pequeña que sea, puede tener consecuencias incalculables. El todo se construye de cosas infinitesimales. Podemos crear de múltiples maneras un mundo nuevo en una economía libre y en un sistema democrático, mas se hace indispensable armonizar, concertar, conciliar una ideología y espiritualidad, por un lado, y mente, tecnología y una nueva ciencia, por el otro. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo fusionar y ampliar ambas vertientes? Esto es lo que debemos estudiar, dialogar y discutir hoy, mañana y perennemente. Debemos ser audaces e imaginativos. Es posible hacerlo, a pesar de las grandes dificultades. El único progreso que existe es aquel por el cual luchamos. La esperanza reside ahora, como siempre, en proceder con inteligencia y en poner nuestra máxima voluntad. Es la conjunción de querer, saber, poder y hacer.