Las nuevas caras
2 de agosto 2012 - 16:55
Más allá de las inevitables tensiones políticas del momento, más allá de la decisiva cita del 7 de octubre, tiendo a ver un significativo sustrato social que habla más de cambio generacional, de renovación de fuerzas, y menos de credos ideológicos o de antagonismos entre bandos o sistemas.
A la luz de los desafíos que se le presentan al planeta -equilibrios ecológicos, sobrepoblación, hambruna, tensiones entre países, modelos dictatoriales-, hablar hoy en día de derechas o izquierdas, o de burguesía, la verdad es que nos retrotrae a conceptos desvencijados, que ya no nos hablan del mundo real sino de concepciones anacrónicas.
Las conquistas de hoy tienen que ver con ciudadanía, con derechos, con respeto a las minorías, con transparencia, con políticas públicas eficientes, con libertad de expresión, con creatividad, con innovación, con la denuncia de todos los esquemas de sujeción que atan la condición humana. La violencia de género, la desigualdad, los gobiernos que no son más que camarillas, la pobreza como negación de oportunidades, el militarismo, la contaminación, son las verdaderas plagas que debemos erradicar en una encrucijada en la que la humanidad debe dar un salto cualitativo si quiere asegurar su propia permanencia como especie.
Con todo y la deuda social que este país acumula, y cuyos indicadores no han mejorado sustancialmente en estos últimos tres lustros, es evidente que las nuevas generaciones de Venezuela sólo persiguen prosperidad y crecimiento. Y estos legítimos deseos, que atraviesan transversalmente todas las diferencias sociales, nada tienen que ver con la imagen oficial que el país muestra: concentración de poderes, militarismo, solidaridades automáticas, modelos económicos estatistas y todo el rosario verborreico de inconsistencias que nos acompañan en el día a día. Se diría que frente al país conocido, otro país de nuevas voces, energía y concepciones irrumpe en la escena para dar cuenta de otra cosmovisión, para reorientar las responsabilidades públicas por otros senderos.
Este nuevo país no habla de antagonismos, de diferencias; este nuevo país no condena a sectores sociales para ensalzar a otros; este nuevo país no cree en amos y esclavos. Las nuevas caras son modernas y pragmáticas, tienen un especial sentido de la solidaridad, y entienden que el desafío es grande cuando piensan en la erradicación de todas las plagas que nos condenan como nación.
Se diría entonces que la cita del 7 de octubre, si bien de apariencia política, esconde en el fondo una verdadera encrucijada de visiones. Por un lado, el país que ya conocemos, y que con la continuidad que se nos ofrece no traerá ninguna novedad.
Por el otro, el país de las nuevas caras, de las nuevas generaciones, para quienes todo lo anterior ya sólo representa un amasijo de modelos viejos y una repetición de fracasos. Los desafíos que el futuro plantea son de otro orden y la política por sí sola ya no basta para entender las nuevas realidades y las urgencias sociales. Las nuevas caras llegan para decirnos que nada tienen que ver con el pasado.

