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Jaswant Singh

La nueva seguridad de Asia por partida triple

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El invierno es la temporada alta de la diplomacia de la India, pues el tiempo fresco y soleado constituye un telón de fondo ideal para la ceremonia, las sesiones fotográficas en el Taj Mahal o el Fuerte Rojo de Delhi y los acuerdos bilaterales, pero este invierno ha sido particularmente impresionante, pues dirigentes de Japón y de Corea del Sur la han visitado para hacer avanzar la causa de la cooperación en materia de seguridad en Asia.

La primera en llegar fue la presidente de Corea del Sur, Park Geun-hye. Pese a que cuenta con un fundamento económico sólido, la relación bilateral ha carecido durante mucho tiempo de una dimensión válida de seguridad, pero la reciente autoafirmación de China –incluida su declaración unilateral en noviembre pasado de una nueva zona de identificación de la defensa aérea, que se superpone en alrededor de 3.000 kilómetros cuadrados a la de Corea del Sur, en el mar de Japón– ha animado a Park a reforzar los vínculos de su país con la India en materia de seguridad.

Las imprevisibles y con frecuencia provocativas políticas del dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-un, representan un impulso suplementario para mejorar los vínculos, como también los planes de China, cada vez más visibles, para debilitar la alianza de Corea del Sur con Estados Unidos. No es de extrañar que las conversaciones celebradas durante la visita de cuatro días de Park se centraran en la estrategia general y abarcasen exámenes detallados de la seguridad marítima y la construcción naval.

También ocupó un lugar destacado en el programa la energía nuclear, en vista de la dependencia de los dos países de la energía importada por rutas marítimas peligrosas. En 2008, Corea del Sur, como miembro que es del Grupo de Proveedores Nucleares, apoyó la exención por la que se concedió a la India el acceso a la tecnología nuclear para usos civiles y al combustible procedente de otros países, que se le habían negado desde que en 1974 pasó a ser una potencia con armas nucleares. De hecho, los ensayos nucleares de la India fueron los que en un principio impulsaron la constitución del Grupo de Proveedores Nucleares. El apoyo de Corea del Sur a las ambiciones nucleares para usos civiles de la India le granjeó grandes elogios en este país y contribuyeron a la cooperación bilateral en materia de utilización civil de la energía nuclear.

Esa incipiente asociación estratégica es sin duda importante, pero, por lo que se refiere al equilibrio regional de poder, la profundización de los vínculos de la India con Japón son aún más importantes.

Si bien la relación de la India con Estados Unidos se ha debilitado últimamente, a raíz de la detención y del maltrato de un funcionario consular indio en Nueva York, sus vínculos con Japón son vigorosos. La visita, en el pasado mes de diciembre, del emperador de Japón, Akihito, y de la emperatriz, Michiko, fue la señal más clara hasta ahora de una alianza de facto entre las dos democracias.

La última visita de la pareja imperial, como príncipe heredero y princesa, a la India se remontaba a medio siglo atrás cuando este país formaba parte del movimiento de los Países No Alineados y Japón estaba satisfecho con la garantía de seguridad que le brindaba Estados Unidos, pero, como el ascenso de China ha cambiado el equilibro de poder de Asia, los dirigentes indios y japoneses han estado buscando nuevas garantías de seguridad y la visita del emperador y la emperatriz fue la señal más clara que Japón podía dar sobre la importancia que concede a esa alianza que se está perfilando.

La búsqueda de una mayor seguridad fue incluso más explícita el pasado mes de enero, cuando el ministro de Defensa de Japón, Itsunori Onodera, pasó cuatro días en la India examinando los detalles de una mayor cooperación en materia de defensa. Durante la reunión, Onodera y su homólogo indio afirmaron la intención de sus países de “fortalecer la asociación estratégica y global entre Japón y la India”, incluidas “medidas que comprenden desde maniobras periódicas de combate conjunto e intercambios militares hasta la cooperación en materia de lucha contra la piratería, la seguridad marítima y el contraterrorismo”. En realidad, este año se celebrarán maniobras navales bilaterales en aguas japonesas por primera vez, lo que será una señal potente enviada a China.

Pero las relaciones indojaponesas no deben limitarse a la esfera de la seguridad, cosa que el primer ministro, Shinzo Abe, quien ha procurado intensificar los vínculos bilaterales más vigorosamente que ningún otro dirigente japonés, parece entender. Abe, convencido de que una India fuerte redundará en pro de los intereses más importantes de Japón y viceversa, abriga la esperanza de crear un nuevo “arco de libertad y prosperidad” que conecte las dos más importantes economías democráticas de Asia.

Si bien Abe podría haber hecho más durante su reciente visita a la India para hacer avanzar su visión –por ejemplo, reuniéndose con el dirigente indio de la oposición Narendra Modi, que puede llegar a ser el próximo primer ministro del país–, parece seguro que se logrará esa relación en los próximos años. Japón ya ha superado a Estados Unidos como una de las mayores fuentes de inversión extranjera directa para la India, que representó una entrada total de 2.200 millones de dólares el año pasado, y recientemente los 2 países triplicaron el acuerdo de canje de dólares de Estados Unidos, con lo que ahora asciende a 50.000 millones de dólares.

Abe, principal invitado de la India en las celebraciones del Día de la República de este año, también considera, acertadamente, la intensificación del comercio como un elemento fundamental en la profundización de la relación bilateral, con lo que contribuirá en gran medida al aumento de la seguridad, pero el comercio bilateral ascendió a tan solo 18.400 millones de dólares en el período 2011-2012, muy inferior al comercio entre la India y China e insignificante en comparación con el comercio entre Japón y China.

Sin embargo, aun con una importante profundización de los vínculos, las relaciones bilaterales por sí solas serán insuficientes para contrarrestar a China. Para la consecución de un equilibrio interno de poder en Asia, será necesario que la India, Japón y Corea del Sur concierten un acuerdo tripartito de seguridad, que solo se podrá lograr si los dirigentes japoneses y surcoreanos superan sus animosidades históricas.

Como declaró Winston Churchill en su famoso discurso de 1946 en Zúrich: “No podemos permitirnos el lujo de arrastrar en los años futuros los odios y venganzas que han brotado de las heridas del pasado”. Así como Francia y Alemania procuraron la reconciliación para construir un futuro mejor en los años que siguieron a la declaración de Churchill, Japón y Corea del Sur deben aprender a mitigar los odios y las heridas del pasado para construir, junto con la India, una estructura de paz y un futuro más próspero para Asia.