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Manuel Felipe Sierra

La nueva página

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Más allá de lo que ocurra con el conteo de votos que haga el CNE, las elecciones del 14 de abril significaron una clara victoria política para la sociedad democrática y también una derrota política para el chavismo. 

Ello implica, de hecho, que se abre una nueva página en la vida política venezolana y se consolida una clara mayoría que apuesta por el regreso a la democracia sometida durante 14 años a un proceso de desnaturalización. El chavismo acudió a estas elecciones en franca ventaja. Venía de dos resultados (7 de octubre y 16 de diciembre de 2012) que le fueron favorables, lo que habría de influir en esta votación. Si bien es cierto que por primera vez afrontaba una prueba sin la presencia de Hugo Chávez, durante la campaña el candidato Nicolás Maduro hizo de médium del líder fallecido en una curiosa sesión de espiritismo electoral. De esta manera, sin estar vivo, Chávez fue en verdad el candidato frente a Capriles Radonski, su contendor de la elección pasada, lo cual le dio a la consulta el carácter de una segunda vuelta. 

Si se toma en cuenta que Chávez fue reelegido en octubre con una abrumadora votación y que sus actos funerarios en marzo fueron convertidos en un escenario para la deificación de su liderazgo y la exaltación de su legado, era de suponer que ello aportaba otro factor favorable al abanderado oficialista. El empate técnico del domingo pasado reveló en cambio un deslave de la votación chavista, que no parecía probable según los sondeos de opinión. Si bien existía la posibilidad de que un sector del chavismo pudiese abstenerse, en ningún caso se espero que trasladara sus votos al aspirante opositor. Y ello sucedió con una tendencia que habrá de acentuarse seguramente en futuros eventos. 

De esta manera, los factores democráticos acumulan una fuerza vigorosa y en crecimiento para las luchas sociales venideras que obrará como contrapeso durante el mandato de Maduro. Ya no se trata solamente de acumular fortalezas como en el pasado para afrontar a la mayoría chavista, sino de utilizar el nuevo activo político para avanzar en los episodios que habrán de ocurrir frente a un panorama de serias complicaciones en el plano económico y social y que le tocará asumir al nuevo gobernante. 

Lo ocurrido tendría que obligar (como lo señaló en su análisis de los resultados José Vicente Rangel) a un manejo más realista y pragmático de Maduro y su equipo para responder a estos enormes retos. De ninguna manera, ello quiere decir que desde Miraflores se renuncie al discurso radical, mucho menos ahora en el plan de construir el culto chavista, pero habrá la necesidad de actuar en unas circunstancias distintas a las cuales le permitieron a Chávez avanzar en su proyecto. Como siempre, "la política es el arte de lo posible".