• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Víctor Rodríguez Cedeño

Una nueva oportunidad

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Mientras en la región el “albachavismo” insiste en acabar con el sistema de protección de derechos humanos, y revela su verdadera “preocupación” por el pueblo y los ciudadanos, en el país el “madurismo” trata de imponerse por todos los medios. Un vulgar ventajismo basado en el uso indebido de los recursos del Estado y en el igualmente grosero y aberrante sometimiento de las instituciones públicas para tal fin, principalmente, del Consejo Nacional Electoral que avala la violación clara, constante y generalizada de las normas que regulan los procesos electorales, esas que defienden con valentía los estudiantes de todo el país, con la lamentable ausencia de los dirigentes opositores que parecen rendirse ante los atropellos del CNE.

Maduro fue nombrado presidente encargado de la República por el Tribunal Supremo de Justicia para que pudiese, desde esa posición y sin restricciones, encadenar al país y recorrerlo abusivamente con los recursos de todos los venezolanos e inaugurar, como jefe del Estado y candidato, canchas de bolas criollas, tintorerías y areperas socialistas y otras obras que desaparecen cubiertas de gamelote, como los grandes proyectos agrícolas que una vez anunciaron con arrogancia.

Nicolás recorre el país para crear falsas expectativas entre los más necesitados, a la vez que trata de explicar el “paquetazo socialista” del cual es enteramente responsable, y la medida más reciente, la creación de un sistema cambiario complementario que no es más que una nueva devaluación que ni sus arquitectos, Jorge Giordani y Nelson Merentes, hombres humildes de Naiguatá y de Coche, como lo ha recordado el mismo Maduro, son capaces de explicar con claridad.

El candidato oficialista va y viene a lo largo del país mostrando los “éxitos del régimen”, que no son más que promesas y ofertas electoreras propias de un populismo exacerbado que no puede sino ser interpretado como una nueva forma de esclavitud en la que el tarifado, es decir, el “hombre nuevo”, que no es más que el esclavo del siglo XXI, recibe prebendas, como una vez el sometido a la esclavitud y a la servidumbre recibía el pan, el agua y el vestido, a cambio del voto en elecciones que todos sabemos no son libres, tampoco honestas, mucho menos transparentes.

La candidatura de Maduro no arranca, como lo esperaban los estrategas cubanos ahora en dificultades para crear una imagen favorable y aceptable que represente la continuidad de la gestión de Hugo Chávez. Difícil tarea. Un hombre simplón, poco creativo, sin imaginación, copia burda del mentor, definitivamente, un hombre que no agrada a todos los seguidores del chavismo, menos a algunos sectores de la dirigencia pesuvista con conocidas ambiciones de poder. La mentira y la manipulación están ahora al descubierto. Nicolás no es Chávez, como tampoco Henrique Capriles Radonski es el mismo que enfrentó con esfuerzo y voluntad a Hugo Chávez en la campaña electoral pasada. Eso pesa, y mucho, en este proceso.

La corta lucha que con tantas limitaciones nos ha impuesto Tibisay Lucena apenas comienza. Tenemos poco tiempo, es cierto, pero nada torcerá la voluntad y el ánimo de quienes quieren un cambio en este país. La victoria es muy probable y eso lo saben los cubanos y sus dependientes de Miraflores. Los votos están allí y, esta vez, muy distintamente de lo que ocurrió el 7 de octubre, serán defendidos por quienes tienen la responsabilidad de hacerlo. Nos contaremos en cada urna electoral y se impedirá todo intento de desconocer la voluntad popular.

El 14 de abril es, sin duda alguna, otra oportunidad para cerrar este capítulo vergonzoso de nuestra historia, caracterizado por el derroche, la ineficiencia y la corrupción; pero, sobre todo, y eso es la más grave, por la entrega a una potencia extranjera de nuestro destino, mientras que sus líderes se rasgan las vestiduras en la lucha contra el imperio.