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Diego Arroyo Gil

Una nueva Guerra a Muerte

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“Esto se trata de tener divisas para garantizar la salud, el alimento, la inversión social y para superar el modelo rentista petrolero”. Este fue el argumento que esgrimió Rafael Ramírez, el zar de la economía venezolana, para justificar las modificaciones al sistema cambiario y de asignación de divisas decretadas por el gobierno.

Si no conociéramos al personaje, su declaración nos resultaría un escándalo inaceptable, sin más. Dado que lo conocemos y estamos curados de espanto, no nos sorprendemos demasiado y observamos que es una nueva prueba de la enfermedad del escarnio que es moneda corriente entre los jerarcas del régimen.

La explicación de Ramírez, además de una burla, es una gran mentira. La gente sabe que la economía venezolana no va a mejorar en 2014. Toda persona que va con regularidad al mercado está fatalmente convencida de que en febrero va a pagar más que en enero, y de que la escasez de productos continuará.

El fulano “socialismo del siglo XXI” no ha sido, no es y no será nunca otra cosa excepto una coartada. Es una fórmula para encubrir una fechoría. En verdad, los dirigentes del chavismo –ese falso catecismo de la igualdad, de la inclusión y de la felicidad social– son los máximos beneficiarios de un capitalismo de Estado cruel y feroz, que corta como un sable la capacidad de supervivencia de la maltratada mayoría.

El régimen presidido por el fantasma de Chávez y por su afásico médium, Nicolás Maduro, no va a garantizarle al pueblo la buena salud, el alimento sano ni la inversión exitosa. Mucho menos va a lograr que el macrocefálico Estado venezolano supere el modelo rentístico petrolero. No lo ha hecho en 15 años, no lo va a hacer ahora. Aunque quisiera, no puede. Si pudiera, lo detendría su insolvencia intelectual.

Rafael Ramírez está al tanto de todo esto, pero dado que es un poseso de la desvergüenza no tiene empacho en largar falsedades a diestra y siniestra. Mientras esté en el poder siempre va a idear el cuento que se ajuste a sus intereses, y lo dirá con su cara bien lavada, con esa cara de millonario que ha pasado el día entero es un spa, a dólar libre.

Cuando Chávez dijo por primera vez que estaría en el poder hasta 2021, muchos nos preguntamos por qué había escogido esa fecha. Parecía una cuestión de cálculo constitucional, pero no era así. Era porque en 2021 se cumplirán dos siglos de la Batalla de Carabobo y, dado que su delirio le hacía creer que él era el enviado de los cielos, ese año Venezuela celebraría su verdadera independencia, gracias a su liderazgo.

Chávez ya no podrá cumplir su deseo. Lástima. Pero viendo el estado de cosas, viendo el cruento resultado de 2013 y olisqueando ya la sangre y la miseria de 2014, está bien claro que los sucesores del finado están sometiendo al pueblo a una nueva versión de la Guerra de Muerte. ¡Tan fieles son a la historia!

Nadie se engañe: las nuevas medidas económicas nos han hecho más pobres. No hay dinero, y el que hay es para ellos. El país está prácticamente quebrado. Ahora no solo tendremos que sobrevivir al hampa. También al hambre. Qué destino, Dios mío.