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Maximiliano Tomas

La novela familiar de Francisco el Bueno

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Está llegando una buena temporada para los amantes de esa vieja afición, la de leer libros. Dos veces al año las editoriales deciden concentrar parte de lo mejor de su oferta: para las fiestas y ya pasada la sequía del verano y el comienzo de clases, y con la Feria del Libro de Buenos Aires a punto de inaugurar (a propósito: ¿qué pasará con la Feria ahora que le ha nacido una competencia nacional y popular en Tecnópolis? ¿Y qué pasará con Tecnópolis, y con el Encuentro Federal de la Palabra, cuando el kirchnerismo deje el poder? ¿Levantarán en ese inmenso predio un nuevo Italpark?).

En fin, decíamos que hay dos momentos del año cuando muchos de los buenos libros aparecen, y esos momentos suelen darse durante abril y noviembre. Ahora mismo, por ejemplo: hay nuevas ficciones de Richard Ford, Zadie Smith, Iris Murdoch, V.S. Pritchett y Kurt Vonnegut, además de las novelas y libros de cuentos de autores argentinos. Y hay también una novela breve que se llama Mecánica y viene firmada por un tal Francois Bon. Al parecer, hay en la actualidad tres Francois Bon: el peronista, argentino y ecuménico con oficina en Roma; un joven paracaidista y esquiador extremo que puede bajar la cara sur del Aconcagua en menos de cinco minutos, y un escritor francés nacido en Vendée en 1953. Sobre él, y acerca de la aparición de Mecánica, su primera novela en castellano (al parecer, Bon tampoco fue traducido al inglés todavía), es que hablaremos brevemente aquí.

Bon debe haber sido uno de los primeros escritores en el mundo en tener página web propia, en 1997, y al parecer se enorgullece bastante de eso. También se ha convertido con los años en una suerte de especialista acerca del futuro del libro, signifique eso lo que signifique. En todo caso, le preguntan bastante sobre el asunto en algunas entrevistas y suele participar de foros y mesas redondas sobre el libro electrónico y las nuevas tecnologías. En las fotos se parece un poco a José Pablo Feinmann, con esa manera poco privilegiada de envejecer de ciertos rostros, pero con el agregado de esos rizos grises típicamente franceses. Todo lo que no convoca un retrato precisamente alentador. Pero Francois Bon también escribió sobre Bob Dylan, Led Zeppelin y los Rolling Stones. Llegó a la literatura de adulto, luego trabajar en la industria nuclear y de la aviación, y de estudiar filosofía. Y desde entonces escribió unas treinta novelas (muchas de ellas publicadas por Minuit) y ganó algunos premios importantes. Finalmente, Bon acaba de ser publicado en la Argentina por Mardulce, cuya colección de narrativa extranjera (y especialmente sus autores franceses) es, por definirla de algún modo, sorprendente y sofisticada.

Mecánica es una novela experimental y tradicional, todo al mismo tiempo: trata de la inminente muerte del padre del protagonista (apellidado Bon, como el autor), y la evocación de su figura y del pasado en común que esa situación provoca. Pero aquel pasado familiar está sustentado en la profesión del padre (mecánico de autos, luego concesionario de la Citroen) y en la pasión por las máquinas, los motores y los circuitos que uno legó a otro. Y esa biografía y esos lazos son abordados por el autor a través de una sucesión de palabras disparadoras, significantes alineados como entradas de una enciclopedia, que se van repitiendo a lo largo de las páginas: "voz", "casa", "lengua". O por ejemplo "Noches": "el recuerdo de horas así, detrás del parabrisas, él manejando, en la sucesión precisa de vehículos y de años. Mi madre sentada atrás con el hijo más chico que duerme sobre el asiento, la cabeza sobre las rodillas de ella, las piernas sobre las nuestras, y el olor de los tapizados nuevos del D 21 o el D 23 que nos quedaremos por cuatro meses y que será revendido antes de la aparición del nuevo modelo (...) Esa desaceleración del tiempo, y la perspectiva de la ruta que se ilumina en el haz de los faros, son nuestros juguetes, con el bloque óptico y la lamparita amarilla".

Una narración familiar, entonces, o del desgarro que la muerte genera en la familia, que se despliega como un rompecabezas que el lector debe ir acomodando. Y, a la vez, una novela materialista, que puede ser leída como una historia fragmentaria del automóvil (y de otros objetos y herramientas de un mundo en retirada: relojes, televisores, lapiceras), ese símbolo central en la historia económica moderna. Por detrás, la sombra de las dos guerras que fracturaron al siglo pasado, sus efectos y consecuencias en la vida del pueblo francés. O también, como afirma una frase hacia el final del libro, que funciona como síntesis de Mecánica y que podría haber sido un buen subtítulo: "El mundo delante de uno pero separado, puesto que limitado y embellecido, por el marco del parabrisas".