• Caracas (Venezuela)

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Alexis Correia

La normalidad rosada

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El programa de Hablan las paredes (Globovisión, 11:00 pm) que más me dio dentera fue el del rejuvenecimiento vaginal. Dudo que Jorge Gaviria, especialista en cosmetoginecología láser, sea un encantador de serpientes, pero aquel apuesto hombre juraba la satisfacción garantizada en dos sesiones mientras gesticulaba haciendo conductos en el aire como si hablara de piezas industriales: “Se busca disminuir el calibre, y si el calibre es el adecuado, hacemos un chichón en la cara anterior para que haya mayor fricción. Mayor fricción, mayor gratificación”.

“También está la vulvoplastia láser: con la gran cantidad de fotos eróticas que circulan actualmente, las mujeres pueden comparar sus genitales y darse cuenta de que no están dentro de la normalidad rosada, simétrica y pequeñita, sino que sobresalen como las alas de una mariposa (sic). 20 cc (centímetros cúbicos) de grasa de los labios menores los llevamos a los mayores. Estamos hablando de volver a tener relaciones sexuales con la luz encendida”, prosiguió Gaviria con esa suficiencia que jamás desprenderé al hablar de vaginas. También se refirió al “diseño vulvar”, el “tensado vaginal láser”, la “unión de los músculos del piso pélvico en el núcleo fibroso del perineo”, la “introducción del espéculo”, la “mejora de la calidad del epitelio” y la “bioestimulación de las paredes”. No sé por qué, pero aquel día el estudio de TV estaba iluminado de verde.

La mayoría de los programas de sexo en TV no aguantan un ritmo diario, predomina la voz de los sexólogos y tarde o temprano se forma una guachafita (lo que tampoco es que tenga nada de malo). Conducido por Guillermo Tell "el Gato" Troconis, Hablan las paredes apunta, al parecer, a avanzar contra esas tendencias. Solo una noche vi a un sexólogo (ellos no tienen el monopolio del debate del frote), en el espacio dedicado a los tríos, y fue de los más aburridos. En la emisión dedicada a la profesión de bomba sexy, Guillermo Tell consiguió arrancarle el lado humano a Deisy Gamboa, con sus botas rojas de tacón alto encaramadas hasta los muslos: “Deisy G. es mi marca y vendo fantasías. Soy una fantasía para muchos pero solo una realidad para el hombre que quiero. Y cuando quiero, me entrego en cuerpo, mente y alma. De resto soy ama de casa: cocino, plancho, lavo y tengo mascota”.

Su acompañante, el manager de divas David Páez, lanzó la frase de la noche: “La lujuria es al hombre lo que vanidad a la mujer. A ellas les encanta ser el centro del deseo”. Me sentí un poco menos mal al recordar mi etapa de piropos lascivos bobos que me sonrojaban más a mí que a las desconocidas que los recibían.

Quizás a Guillermo Tell se le va un poco la mano con el tratamiento respetuoso. Habla demasiado como una persona de la era prerreguetón. “Permítanme esta pregunta, no me la vayan a malinterpretar”; “me tengo que meter en sus vidas con todo el respeto, si ustedes me lo permiten”; “hablemos de sexo, con el permiso de ustedes dos, damas presentes”, fueron tres expresiones que le escuché al Gato en el programa que tuvo dos mujeres con discapacidad visual como invitadas. Quizás se trata de un cliché de la liberación femenina, pero tengo entendido que a ellas no les gusta que les hablen con tanta caballerosidad ni pedidera de permiso, ni siquiera las que solo ven luces y sombras. Más bien en este caso estaban ansiosas por exponer su fogosidad: “Los otros cuatro sentidos se te desarrollan al máximo y el sexo cambia a favor. Percibes hasta la energía del que te viene a echar los perros”.