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Carlos E. Aguilera Arteaga

“La nomenklatura chavista”

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 “Como amo la libertad, tengo sentimientos nobles y liberales, y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos” Simón Bolívar

La llamada nomenklatura, es una palabra latina, que ha alcanzado la misma connotación que el termino gulag, ignorado hasta el día que Soljenitsyn lo utilizó para describir el sistema de concentración ario soviético, frase ésta última que es de Jean Ellenstein, historiador comunista francés miembro del PICF, pero disidente de la ortodoxia oficial, prologuista de la obra del historiador soviético Michael Voslensky, autor de la obra “La nomenklatura”, que describe la cara de quienes detentaban el poder en la otrora URSS, en la que 750.000 privilegiados “constituyeron la clase dominante y explotadora del pueblo soviético”.

Para conocer un poco más acerca del tema cuyo título encabeza el presente artículo de opinión, y posteriori compararlo con el mayúsculo escándalo que en toda la historia republicana de nuestro país viene ocurriendo desde hace 17 años, conviene saber quién era Voslensky. Nacido hace más de 60 años en la URSS, es historiador y fue alto funcionario colaborador del Comité Central del Partico Comunista soviético, al que representó en conferencias Internacionales. Perteneció al Consejo de la Academia de Ciencias Sociales  y ejerció como profesor en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú. Desde el año 1972 vive en Occidente y está considerado como uno de los especialistas más solventes de la política soviética

¿Qué es la nomenklatura?  En la URSS, se entiende por nomenklatura “la lista de puestos de dirección dependientes de las instancias superiores del partido y la lista de personas nombradas para esos puestos o que se mantienen en reserva para esos mismos cargos. La nomenkaltura en definitiva, responde a una pregunta que en cierta ocasión se planteó Trotski: ¿Quién dirige la Unión la Unión Soviética?. Para el revolucionario ruso, colaborador de Lenin y asesinado en México, el poder fue “usurpado” por la burocracia parasitaria. Otros especialistas, han intentado luego demostrar que el poder está en manos del ejército, o del partido o de la policía, pero Voslenski responde categóricamente y con lujo de detalles, que en la URSS, como en los demás países socialistas, el poder total, absoluto y despótico está en manos de la nomenklatura, cuyos padres fueron Lenin y Stalin, y cuya dominación y privilegios no han hecho más que extenderse hasta la presente fecha. La nomenklatura, según Voslensky es “la clase de privilegiados, la clase de explotadores de la sociedad soviética, una clase que aspira a la hegemonía mundial, una clase de parásitos, elegidos cada vez más, por motivos hereditarios”.

El autor describe la trayectoria de nomenklatura hasta que llega al pleno disfrute de todos sus privilegios; lujosos apartamentos, refinadas comidas en restaurantes y acceso a comercios especiales, datchas (casas de campo), sueldos diez veces superiores a la media, más bonos especiales mensuales, lujosos centros de descanso, vehículos de lujo y lo que constituye su “insustituible droga”: el poder. La nomenklatura en la Unión Soviética estaba conformada por los principales funcionarios del gobierno y del partido comunista. Disfrutaban de grandes privilegios y manejaban una clientela sometida los designios del Jefe que concedía cargos, que convertían al titular de dicha nomenklatura en un poderoso ciudadano que no solo ejercía sus funciones, sino que aupaba y practicaba la corrupción, manejando el poder de manera absoluta, especialmente bajo el caudillaje de Stalin y Breznev.

Mereció la oposición de Lenin en los últimos tiempos de su vida y de Trotski y la oposición de izquierdas que fue diezmada, recluida en los gulags o asesinada sin contemplación. Pero esa organización no solo continuó hasta el fallecimiento de Stalin y la reunión del XX Congreso del partido comunista, sino que se prolongó hasta la extinción de la URSS, creando un minicapitalismo salvaje -que entregaba a los principales integrantes de esa nomenklatura grandes privilegios y honores, y evitando que nada se decidiera fuera del conocimiento del politburó del partido y de la oligarquía que gobernaba. Esta era integrada por un reducido número de servidores del sistema, que rotaban dentro de la más alta burocracia y a los que, muy de vez en cuando, se los mantenía alejados del poder, perfeccionando un reciclaje que figuraba por todo el supremo aparato del gobierno y del partido.

Con el advenimiento de Krushev y sus denuncias contra Stalin, se supuso que la nomenklatura dejaría de existir, pero no ocurrió así, pues se creó una nueva y se mantuvo la antigua en tanto sus integrantes demostraran una servil adhesión a los nuevos gobernantes. No eran muchos en un país tan grande, uno de los mayores de la Tierra, con una población de centenares de millones de habitantes, es decir, se trataba de una pequeña oligarquía en un mar de pobladores. Sus abusos, sus privilegios, sus mentiras conocidas, por un tiempo toleradas, finalmente se desplomaron y el sistema sostenido a base del enorme poder de unos cuantos que lo ejercieron como una tiranía, se hundió y fue a parar en lo que se llamaba el basurero de la historia.

La Rusia de hoy casi no ha cambiado y en lugar de la nomenklatura existe una alta clase integrada por las mafias que negocian todos los bienes existentes, desde misiles nucleares hasta petróleo, así como diminutos aparatos de última y extraña tecnología, y lo hacen sin el menor escrúpulo ni vergüenza, y Venezuela es uno de sus más allegados aliados con el que se lucra económicamente con la venta de misiles, aviones, helicópteros, tanques y sofisticado armamento, que según versados investigadores del tema militar, son de segunda mano.

Si repasamos un poco la dolorosa  historia  de nuestro país en estos últimos años, desde que se enquistaron el poder los llamados socialistas revolucionarios  bolivarianos del siglo XXI, observaremos que a lo anteriormente señalado, no habría que agregarle absolutamente nada, y por el contrario, más bien habría que sumarle un rosario de desaciertos, errores, abusos y latrocinio perpetrado por quienes a mala hora llegaron a tomar el poder por la vía del voto popular, el mismo que hoy descarada y cínicamente pretenden desconocer, tras la apabullante derrota infringida por la oposición, en el pasado proceso electoral en el que se escogieron los parlamentarios que conformaran la nueva Asamblea Nacional, con una indiscutible mayoría calificada.

Esta es la nomenklatura chavista que ha llevado al país a la más indescriptible ruina, jamás experimentada desde el nacimiento de la República. Y probablemente esta sea una de las razones por las cuales los socialistas bolivarianos y marxistas, y por ende comunistas, temen perder las riendas del poder, por cuanto más tarde que nunca los estropicios perpetrados por los padres de esta vorágine populista y demagógica, saldrán a la luz pública, tan pronto el  nuevo y democrático parlamento investigue de acuerdo a la propia ley y la Constitución Nacional, lo acuerdos, convenios, contrataciones y demás compromisos contraídos por el gobierno socialista, bolivariano y marxista, muchos de los cuales convirtieron de la noche a la mañana a más de uno de sus militantes en millonarios boliburgueses, que de humildes barrios en los que habitaban pasaron a vivir en lujosas residencias en el país y en el exterior y exhiben costosos vehículos de marca, amén de otras bondades que contradice el llamado del extinto padre de esta debacle , quien solía afirmar reiteradamente que “ser rico es malo”.

Un Feliz y Próspero Año 2016 les deseamos a todos nuestros lectores y votos por que en el seno de sus hogares reine la paz, armonía, felicidad, dicha, prosperidad y salud. Volveremos a la palestra de nuestro oficio, en la segunda quincena del próximo mes de enero 2016.  ¡Felicidades!

careduagui@yahoo.com // @_toquedediana