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Edgar Cherubini

Los nobles salvajes

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Resulta paradójico que para el europeo del siglo XVI, los indios del Amazonas representaron una posibilidad de transformación política y social. Las descripciones que Americo Vespucci hizo de Brasil y del Amazonas en su Mundus Novus (1501) produjeron un impacto tremendo en la sociedad europea de la época. En especial causó asombro la forma de vivir en absoluta libertad de los indígenas, su vida comunitaria liberada de toda moral conocida y su organización social armoniosa, sin propiedad privada, sin religión, ni reyes. Pensadores del siglo XVI como Thomas More en su Utopía (1516) acogieron la idea del “noble salvaje” del nuevo mundo y su “sociedad comunista” liberada de los “vicios derivados de la propiedad privada” y del “pecado de la riqueza” o de “la frivolidad”, representaban un camino luminoso en medio de la obscuridad y el desasosiego imperantes en Europa. El noble salvaje pronto se convertiría en una teoría política y un llamado a la independencia y a la revolución. Campanella, Bacon, Montaigne y hasta el mismo Shakespeare, cada uno en su momento, expusieron las virtudes de los indios del Amazonas en contraposición a la de los decadentes valores europeos. Montesquieu en El Espíritu de Las Leyes (1748), hace énfasis en la igualdad: “Porque no tienen posesiones, no hay desigualdad”.  Diderot recoge estas mismas ideas en la Enciclopedia y finalmente la Revolución Francesa y los movimientos independentistas de América usan como consignas la “libertad” y la “igualdad”. 

La traducción que hizo Rousseau de Utopía (1780) fue leída y adoptada por Marx como libro de cabecera. Marx y Engels denominaron a las primeras formas de socialismo como “socialismo utópico”, definiendo así lo que debería ser el estado natural de los hombres en sociedad. De allí que la mayoría de los comentaristas de Utopía refieren a esta obra el origen de las ideas comunistas de los primeros padres tanto del Marxismo como de la Iglesia. 

Aun en nuestros días la idea del noble salvaje y su sociedad ideal, ha hecho que en la aproximación a la problemática indígena haya posiciones encontradas entre los que piensan que hay que preservarlos de la contaminación cultural occidental, oponiéndose a su proceso de socialización, entre los que se encuentran antropólogos que han levantado en treinta años de activismo dentro de las universidades latinoamericanas, norteamericanas y europeas, lo que han definido como una nueva “antropología crítica”, “progresista”, “comprometida” y “militante. De allí que las etnias del Amazonas hayan sido tomadas por algunos radicales que buscan a través del tutelaje del indígena la posibilidad de realizar al fin la creación de un comunismo utópico, germen de un cambio planetario.

Por otra parte están los que consideran que las culturas representan un dinámico sistema de intercambio y que su integración a la civilización es inevitable. Entre estas dos posturas no hay consenso y por el contrario, abundan las contradicciones, las posiciones radicales y las distorsiones que impiden tener una visión clara de cómo solucionar la dramática realidad que viven los indígenas en el presente.

Pero la supuesta utopía que anunciaron los ideólogos del Foro de Sao Paulo en 1990, transformada en nueva Internacional Comunista, cuando decidieron asumir las luchas de los pueblos latinoamericanos bajo nuevas modalidades, entre otras, la de fomentar movimientos políticos étnicos por los derechos de los indígenas o “pueblos originarios”, se ha transformado en un “se vale todo” para beneficio de las multinacionales en Brasil, Ecuador, Bolivia y próximamente en Venezuela. 

Etnias y culturas en vías de extinción

Habitantes originales de la selva, yanomamö o yanomamis, viven en los límites virtuales entre Brasil y Venezuela, en un territorio de 250.000 Km².  Su población actual no llega a los 15.000 en Brasil y cerca de unos 11.000 en Venezuela. Los yanomamis se encuentran hoy en vía de extinción a causa de la invasión de buscadores de oro y la deforestación de sus territorios ancestrales. El Amazonas venezolano y su  territorio de 184.000 Km², forma parte del “pulmón verde del planeta” y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo, manteniendo el equilibrio climático al producir nubes, lluvias, agua y oxígeno para todo el planeta. En sus selvas han sobrevivido por miles de años diversas etnias que constituyen los reservorios de la sabiduría ancestral de la humanidad. A título de ejemplo, la cultura y cosmovisión de los yeküana o makiritares es un modelo de pensamiento digno de ser incluido en el pensum de estudios de las universidades.  

Sin embargo, es patético el estado de ingobernabilidad de esos territorios. Los garimpeiros o mineros ilegales brasileños, colombianos y venezolanos, arrasan indiscriminadamente la selva y utilizan mercurio en el proceso de extracción del oro, perjudicando los suelos y envenenando los ríos. Están respaldados por inversionistas que los dotan de armas, logística y helicópteros. Utilizan a los indígenas como guías, los esclavizan en las minas, hostigan y violan a sus mujeres. El solo contacto con los nabë o forasteros, desata entre ellos epidemias causadas por virus ante los cuales su sistema inmunológico no tiene defensas. La mayoría de los 11.000 yanomamis que habitan en el Alto Orinoco padecen malaria, oncocercosis o ceguera de los ríos, tuberculosis, helmintiasis, asma, hepatitis viral y anemia, entre otras enfermedades.

El Amazonas venezolano es el escenario de una lucha de poderes por el control de esos territorios por parte de militares, diversos entes gubernamentales, multinacionales mineras, madereras y agroindustriales, grupos fundamentalistas, garimpeiros y la guerrilla colombiana aliada con el narcotráfico y el negocio del oro. Todo esto amenaza la supervivencia de los indígenas, víctimas desde hace quinientos años de un etnocidio sistemático. 

En nombre del “socialismo” se promueve la devastación ambiental

Con la venia del régimen chavista, en Venezuela está en marcha una rebatiña orquestada por intereses muy poderosos que buscan la progresiva ocupación de esos territorios y de sus riquezas naturales. Llama poderosamente la atención que el 20 de marzo se publicó en la Gaceta Oficial N° 40.376, el Decreto N° 841, mediante el cual se crea, con un lenguaje orwelliano, la Comisión Presidencial para la Protección, el Desarrollo y Promoción Integral de la actividad minera lícita, en la Región Guayana. Dicha comisión busca implementar el llamado "Arco Minero del Orinoco", contemplado en el Segundo Plan Socialista de la Nación 2013-2019. Este nuevo instrumento fue aprobado sin ninguna consulta y acostumbrados como estamos a la anárquica gestión del Estado, coloca en situación de riesgo ecológico y humano dicha región. Por otra parte, está en “estudio” en la Asamblea Nacional una nueva Ley de Fronteras, que permitirá la promoción de actividades de explotación mineras, petroleras, forestales y otros desarrollos en territorios indígenas, parques nacionales, reservas forestales y de biosfera muy vulnerables, que se encuentran actualmente bajo la denominación de Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae).

¿Quiénes mueven los hilos del régimen detrás de bastidores, para la promoción de los proyectos mineros y de explotación en Amazonas y Guayana? Entre otros, corporaciones chinas, a quienes el gobierno les ha concedido la prospección minera del territorio nacional. Por otra parte está Brasil, ya que algunos analistas señalan al ex presidente Lula como uno de los promotores de negocios de las multinacionales brasileñas con Cuba y Venezuela. Según el informe Otálvora (Edgar C. Otálvora, Negocios de Lula, Diario las Americas, 23/03/14), “Uno de los negocios que Lula está promoviendo en Cuba es la producción de biocombustibles. Lula viajó acompañado del senador brasileño Blairo Maggi, propietario del Grupo Amaggi, el mayor productor de soya a nivel mundial. Convertir caña en gasolina, es el negocio en el cual Odebrecht y Maggi están interesados”.

Las empresas de Maggi están señaladas por las organizaciones de protección ambiental de Brasil, como las principales causantes de la deforestación de enormes extensiones de bosque tropical. Durante el gobierno del “socialista” Lula (2003-2010), se deforestaron 110.852 Km2 de la selva amazónica, concedidas a corporaciones madereras, petroleras, agroindustriales, mineras y de biocombustibles, sin importarle la destrucción de la mayor reserva de la biosfera del mundo, la desaparición de miles de especies animales y de plantas, así como la extinción de nobles y sabios individuos que conforman las etnias que allí habitan. Los socialistas salvajes del siglo XXI, se encaminan a ocupar nuestras selvas, evitemos su devastación.