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Daniel Samper Pizano

Dos niños que esperan un bebé

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Samuelito Henao Venegas pudo ser el último niño colombiano que nazca en el 2013 o el primero en el 2014. Es normal que acontezca, porque entre el 31 de diciembre y el 1° de enero se calcula que nacerán en Colombia cerca de 250 criaturas. Lo insólito es que los progenitores de Samuelito son unos niños.

Sebastián, padre del bebé, tiene 14 años de edad y Carolina tenía 15 hace nueve meses, cuando quedó embarazada.

Ellos encarnan un fenómeno social cada vez más frecuente y lamentable: la reproducción prematura entre colegiales y, en general, entre adolescentes. Los dos viven en el barrio San Mateo de Soacha, una zona donde se ve a numerosas sardinas que empujan cochecitos con bebés que son hijos suyos.

Sebastián y Carolina han sido vecinos desde niños, juegan juntos desde entonces y cursan el mismo nivel en el colegio General Santander.

"Durante años fuimos amigos y estudiábamos en el mismo grado, pero en diferentes aulas ­dice él­. En febrero del año pasado unieron los salones y ahí empezó todo".

Sebastián tenía 13 años y notó que le atraía Carolina. Ella percibió lo mismo. Salían al parque en bandada con los amigos, pero se las arreglaban para tener algún momento a solas. "En febrero nos dimos el primer beso", confiesa el chico.

Hasta ese momento no habían recibido clases de educación sexual en la escuela, pero sí en sus casas. María Fernanda López, que trabaja como ayudante de hogar y es madre de Sebastián, transmitió a su hijo lo que le había advertido su abuela: "Mucho cuidado, porque ellos tienen con qué y usted tiene por dónde".

También fue explícito el papá, Omar Leonardo Henao, que trabajó cuatro años en España lejos de la familia y regresó con un pequeño capital.

En casa de Carolina y sus hermanos tampoco eran tabú los asuntos de la reproducción. Los dos adolescentes reconocen que estaban informados de los peligros del sexo sin protección y las maneras de evitar el embarazo.

Significativamente, no eran dos rebeldes perdidos de sus hogares, ni dos estudiantes vagos. Ambos han sido niños buenos y disputan los primeros puestos en el colegio. Pero la pasión nos ataca a todos y muchos se olvidan de lo que aprendieron al respecto.

Del primer beso pasaron pronto a compartir cama cuando Carolina o Sebastián quedaban al cuidado de la casa. Llevados por el entusiasmo practicaron unas cuatro veces sin píldora, anticonceptivo mecánico ni condón, recursos que conocían por las charlas francas con los padres. A la quinta vez se consumó la inesperada, indeseada fecundación. Era una tarde de marzo.

"Las ganas y la irresponsabilidad nos impidieron pensar ­comenta hoy Sebastián­.

Nos habían alertado de todos los riesgos, pero uno se enloquece y cree que no pasará nada si lo hace." El retraso avisó y una prueba de maternidad practicada en el centro de salud lo confirmó: Carolina, apenas quinceañera, estaba embarazada.

"Creí que me volvía loca", dice María Fernanda. El niño y la niña también se asustaron.

Temían sanciones y reproches. Sin embargo, Omar lo tomó con calma. Hubo lágrimas y abrazos. Habló con los padres de la niña y en un consejo bifamiliar consultaron la decisión de la pareja. Ambos querían que el niño naciera, así que, con el respaldo de los dos núcleos familiares, Carolina siguió yendo al colegio con su barriguita creciente y allí revelaron que los condiscípulos iban a ser padres.

Cada quien permanece en su casa y por ahora no hay planes de matrimonio ni de vida común. Son dos escolares y deben seguir estudiando hasta que se gradúen en 2014 y puedan sostenerse.

Hace algunos meses supieron que el bebé sería varón y acordaron llamarlo Samuel. A diferencia del año pasado, en esta Navidad el Niño Dios no les regaló ropa, balones ni discos de Carlos Vives. Esta vez les trajo un niño.