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Beatriz de Majo

El que con niños se acuesta….

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Costosa les resultó a Juan Manuel Santos y a su equipo la ingenuidad con la que se sentaron a departir con el gobierno de Nicolás Maduro, apenas arrancó su segundo período presidencial. La agenda del primer acto oficial de política exterior del  presidente reelecto había sido cuidadosamente escogida: el tema del contrabando sería uno en el que no se presentarían diferencias de importancia con Venezuela.

Ambos países están afectados por esta lacra, así que todo lo que había que hacer para mostrarle al mundo lo bien que se llevan los dos gobiernos era montar y cacarear un plan anti-contrabando, establecer una Comisión que le diera continuidad y mostrar la forma en que la voluntad política de los dos presidentes, resolvería en poco tiempo un grave problema.

Pero además, con el entendimiento de los dos actores, Maduro y Santos, también se le asestaría un sablazo al problema al comercio ilícito de drogas que  atraviesa la frontera binacional con inusitada facilidad. Más todavía: nada hay mejor para hacerle ver a los gringos que todo marcha sobre ruedas también en ese terreno antidroga y que los colombianos han conseguido poner a trabajar a los de al lado a favor de un tema que les quita el sueño a los del norte. 

En el encuentro se habló de otras cuantas cosas que preocupan a Colombia y, particularmente, de las promesas incumplidas de reactivación del comercio; de los pagos ultra-retrasados de Venezuela a los neogranadinos que tienen muy desagradados a los empresarios colombianos; de los retrasos en entregas de divisas, de las exageradas exigencias sanitarias; de los proyectos de inversiones fronterizas que tampoco despegan….

En fin, con la elegancia propia de los godos neogranadinos, a la delegación venezolana les fueron planteados estos y otros escollos que sería útil resolver para mejorar las relaciones y para poderse llamar con toda propiedad “hermanos bolivarianos”. Pero el gran tema para ocupar exitosamente los titulares de la prensa de ambos lado del Arauca era, evidentemente, la causa anti-contrabando. 

Con ello Santos le daba satisfacción a todo el sector privado de los departamentos  limítrofes que se quejan de la competencia desleal que enfrentan por parte de las importaciones ilegales de mercancías venezolanas. Y el gobierno venezolano igualmente mostraba a su población descontenta, cómo está embalado en resolver el dramático problema de desabastecimiento nacional que se produce por la colosal cantidad de mercancías que se fugan por los caminos verdes y no verdes al país vecino.

Así fue como la prensa lo recogió y como la bufa reunión cumbre cartagenera se convirtió en un encuentro  glorioso, productivo, repleto de entendimientos, una fenomenal expresión de la integración entre los dos países. 

Horas apenas habían pasado cuando, con fanfarria revolucionaria, se anunciaba del lado venezolano, el cierre de la frontera como una herramienta fundamental para detener el contrabando. Algunos hasta nos preguntamos cómo fue que el sagaz Juan Manuel y la destacada María Ángela cayeron en la ligereza de creer que el transito ilícito se resuelve poniéndole un candado a la frontera.

Lo que siguió fue el silencio sepulcral del gobierno vecino. El anuncio venezolano fue calculado para aparecer en el momento en que la prioridad del recién estrenado presidente Santos era el nombramiento del gabinete de arranque y el inicio, en La Habana, del más espinoso y crucial tema de la agenda de la paz: el de la reparación a los afectados por el conflicto armado. Solo después pudimos enterarnos que la medida venezolana se tomó a espaldas del entendimiento alcanzado con los vecinos y de manera inconsulta.

¿Cómo calificar esta carta -se preguntan en Nariño-  que sacaron de su manga los revolucionarios: animosidad, descuido, irrespeto? En el terreno de lo diplomático, es este un episodio lamentable- por lo inadecuado e inamistoso- del que los colombianos se recordarán largo rato.

Pero quizá así los vecinos comprendan, que como reza el refrán, eso es lo que ocurre al que  con infantes pernocta...