• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Freddy Carquez

Los negocios del internacionalismo

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hoy, marzo del año 2014, cuando nos detenemos en la discusión que se produce en el país en torno a la situación de deterioro estructural de la nación y a la continuidad de la política presidencial de confrontación con la población, surgen a la luz del día las preocupantes implicaciones que tienen nuestras relaciones económico-políticas con algunos países de la vecindad, tan importantes y comprometedoras, como las que hace unas décadas, en las primeras del siglo XX, se desarrollaron con las empresas petroleras anglo- holandesas y norteamericanas. 

Intercambios en los cuales inexplicablemente el gobierno chavista-madurista que se ha jactado hasta el cansancio de soberano, se ha copiado también las perversas enseñanzas del gomecismo y del perezjimenismo en la materia de los negocios externos, porque escoge, propone y decide sobre la explotación de nuestra riqueza y utilización del dinero de la renta petrolera y minera sin informar en forma transparente a nuestra sociedad, y sin debatirlo democráticamente con ella.

Tema y situación inocultable que nos ilustra casos como la oscuridad reinante en el intercambio comercial y financiero que se ha desarrollado con la República China o con el teocrático gobierno iraní; el desconocido costo de la amplísima “cooperación” que en servicios públicos nos vende el Estado cubano, cuya presencia va desde “la inteligencia y defensa nacional” hasta la salud, el deporte, el turismo y la educación de los venezolanos.

Discutibles inversiones, a las cuales deben sumarse los abundantes y prósperos negocios que a lo largo de más de 14 años se han organizado con políticos y empresarios brasileños, colombianos, argentinos, bolivianos, nicaragüenses, ecuatorianos y panameños, amén de los numerosos regalitos en dólares a la jauría de pordioseros “internacionalistas” postsoviéticos que aún deambulan en el planeta y que pronto descubrieron la “generosidad” chavista.

En un texto de reciente publicación (El chavismo. Un proyecto político empobrecedor y autoritario), explico e insisto en que uno de los rasgos más importantes y definitorios que caracterizaron las experiencias nacionalsocialistas norafricanas fue que sus liderazgos convirtieron la adquisición de material de guerra y el comercio energético petrolero en el corazón de la economía de esos países, e ignoraron la construcción industrial interna y la democratización de sus Estados, con el dramático balance de violencia y pobreza 50 años después, cuyos efectos están a la vista.

Chatarra militar utilizada para proveer ejércitos improvisados, armados primero por la URSS y unas décadas después por Estados Unidos y la Unión Europea, conducidos una y otra vez a conflictos armados de los cuales salieron siempre con las tablas en la cabeza, políticas estimuladas por el antisemitismo y por la discutible conducción  de la justa reivindicación nacional del pueblo palestino. 

Un verdadero festín y jugosos negocios es lo que ha organizado el Ejecutivo actual con los inmensos recursos de los cuales ha dispuesto la nación durante todo lo que va del siglo XXI, extraordinaria expropiación a nuestra nación y a su población, políticas de Estado cuya precariedad la podemos apreciar en el deterioro de las condiciones y de la calidad de la vida de sus trabajadores y de sus profesionales y técnicos.

Profundo desorden que ha comprometido la estructura productiva del país, al desalojar del mercado una buena parte del empresariado nacional, particularmente el agroindustrial y manufacturero, para entregárselo sin limitaciones a los productores extranjeros de la vecindad (colombianos, brasileños y argentinos), que son hoy parte importante del capitalismo iberoamericano en plena expansión.

Que se ha asociado a la transnacionalización chino-brasileña-argentina y cubana que crece en el subcontinente, para la cual se han creado parapetos políticos como el Alba o la Unasur, desde los cuales se pretende defender el continuismo en el poder burocrático y petrolero de los nuevos agentes de la oligarquía venezolana boliburguesa, escudados en el nacionalismo decimonónico y el antinorteamericanismo. 

La exportación de nuestra renta para la realización de prósperos negocios en Suramérica y el Caribe, para la economía de puertos y el tráfico con las divisas mediante las empresas de maletín constituyen la esencia de las políticas económica del Estado actual, todas destinadas a la acumulación de capital a manos de la nueva burocracia boliburguesa, la cual no ha hecho otra cosa que enriquecerse, a expensas de correr la arruga de nuestro atraso estructural.

Porque sigue siendo la utilización y administración nacional, social y productiva de nuestra renta petrolera el principal problema a resolver y la más importante de las soluciones a nuestro crónico empobrecimiento, tarea que el presente gobierno prometió a los cuatro vientos que solucionaría y no solo no ha cumplido, ha mentido hasta el cansancio y utiliza las fachadas internacionales, como el Alba y la Unasur, para esconder con sus socios sus grandes negocios.