• Caracas (Venezuela)

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Juan Barreto

El necio

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Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

Silvio Rodríguez

El fascismo es la irracionalidad y las emociones convertidas en prácticas políticas, es el miedo al cambio, a la pérdida de un estatus amenazado, una necesidad diseñada en los medios de propaganda y convertida en reacción instintiva y reacción política, y como toda reacción al miedo es violenta, es agresión contra todo aquello que desestabiliza o amenaza la paz tranquila de las clases en el poder.

El fascista tiene una solución mágica para la resolución de todos los problemas; el uso de la violencia y la muerte de quienes sean distintos al orden que al fascista le hace bien. Explotando los miedos y los odios de clase, la burguesía y el imperio desarrollan una operación psicológica y mediática que paulatinamente ha venido ganando audiencias en la clase media. Tocando en primer lugar la microfísica del deseo a nivel molecular hasta hacer de esta expresión bio-política y molar. Aplicación del terror asesino contra todas las fuerzas antiimperialistas, lesionando los derechos políticos fundamentales y los derechos humanos, siendo dirigido el principal golpe contra la clase trabajadora, los estudiantes, los pobladores y sus organizaciones. Asimismo, un clima de resentimiento y revancha social que incuba los fenómenos psicosociales de “la personalidad autoritaria” (Adorno dixit) o la estructura de carácter sadomasoquista asociada al “miedo a la libertad” (Fromm), acompañan a fenómenos de degradación moral como efecto de la experiencia bélica.

El fascismo retorna como rostro oculto del monstruo de la derecha imperial a través de diversos síntomas de nuestro tiempo y de la escena contemporánea: racismo, discriminación étnica, neoliberalización espiritual, sobreexplotación del trabajo asalariado, xenofobia, violencia contra las minorías, búsqueda de identidades populistas de derecha, anticomunismos reciclados y neo-fundamentalismo reaccionario.

El proyecto del fascismo es el miedo, es crear las condiciones óptimas para generar mayor explotación; mientras que el proyecto histórico de las clases comprometidas con la liberación del trabajo busca liberar al resto de la sociedad, entendiendo por libertad no solamente la idea del liberalismo de libertad y libre albedrío como goce individual; sino como un fruto del esfuerzo humano que logra la potenciación del ser colectivo.

Las tesis opuestas al fascismo asumimos que la libertad no se privatiza tras convertirse en mercancía, sino que se vuelve al social en forma de pasiones colectivas de cooperación. El proletariado al liberar el trabajo, es decir, al desprender el trabajo de su actual condición como simple productor de mercancías se plantea como un instrumento para la producción de la vida libre y el bienestar colectivo. Se trata de superar el sentido burgués de la propiedad en la misma medida en que se libera la clase proletaria a sí misma; cosa que no entendieron los estalinistas al creer que sometiendo a la población a un nuevo régimen de dependencia en relación con el Estado, se liberaba la sociedad toda.

Es necesario crear equipos de estudio e investigaciones para luchar contra el fascismo, que analice esta presencia terrorista en Venezuela, eduque al pueblo y cree estrategias para combatirlo.

Y así Eliécer, camarada, hermano, amigo, tu sangre se multiplicará en miles de mujeres y hombres que seguirán la senda de Chávez hacia la libertad, condición ontológica de la ética. Tu vida se sembrará en la lucha permanente contra el terror que impone el fascismo, y con tu valentía. Estoy de seguro que triunfaremos. ¡Honor y gloria!