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Antonio Ecarri Bolívar

Una necesaria respuesta a Rafael Poleo

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La respuesta que Rafael Poleo dio en su editorial “Corto y Profundo”, de la semana pasada, a un artículo mío publicado por su mismo periódico, por @ElNacionalWeb y El Carabobeño, sobre la antipolítica y que titulé: “Como remeros de viejos galeones”, debo confesar que me produjo una doble impresión: la primera, de regocijo, porque exalta el ego, de cualquier modesto escribidor, el hecho de que el más reputado analista político del país tome en cuenta a uno; pero la segunda percepción es que mi respuesta sería necesaria para los lectores, pero casi innecesaria para un periodista y POLÍTICO (así con todas las mayúsculas) como Rafael Poleo, quien ha vivido y conoce todo, lo que ha pasado y sigue ocurriendo en Venezuela, sobre este tema de la antipolítica. Además, jamás incluiría a Poleo como promotor de la “antipolítica”, no está en su naturaleza.      

Claro que estoy muy lejos de pretender enzarzarme en una esgrima verbal o escritural con un compatriota con quien me unen más cosas que las que nos separan –comenzando por el apego a los principios de honestidad, a rajatabla, que nos inoculó en el cerebelo (con el perdón) Rómulo Betancourt, pero es que por lo demás sería un despropósito trenzar una polémica con quien ha cultivado –con su “Corto y Profundo”–  el género del artículo breve, de contenido escaso, casi de mera insinuación, pero con todos los dardos que se pueden lanzar en tan corto espacio con una maestría sorprendente y prácticamente incomparable. Dios me libre, pero Poleo me pide precisiones y aquí vamos.

En primer lugar, Poleo, jamás me opondré a que los periodistas critiquen a los políticos, no fue esa mi intención, pues sería absolutamente una futilidad, porque en primerísimo lugar y por no ser ningún tarado podría dejar de interrogarme, de manera elemental: ¿cuál sería el periodista, redomadamente retrasado mental, que me haría caso? En segundo lugar, porque he defendido y defiendo la libertad de expresión, sin límites, como defiendo la cultura y todo el pensamiento humano sin censura de ninguna especie, con la única excepción de lo que pueda afectar a los infantes. Tan ha sido esa mi conducta, que al canal de televisión que más criticó, o más bien “demolió” los cimientos de la democracia (al menos contra AD fue demoledora su crítica exagerada), como RCTV, cuando Chávez la cerró, no solo escribí artículos en contra de esa arbitrariedad, sino que, a pesar de mi provecta edad, salí a patear calles de varias ciudades en defensa de ese canal que Marcel Granier no pudo mantener, a pesar de sus “ayuditas” a la entronización de Chávez en el poder. Sí, lamentablemente, a Granier y a los Phelps les ocurrió como al famoso estribillo de la canción cubana: “Chacumbele… él mismito se mató”.

La antipolítica, usted lo sabe, amigo Poleo, contribuyó a que este régimen antihistórico llegara y se entronizara en el poder para desgracia de los venezolanos. Y, precisamente, Chávez utilizó esa antipolítica para, una vez en el poder (no antes, of course, porque primero se los chuleó y los utilizó hasta el paroxismo, al punto de que hasta se habla de señoras, de alta cuna y baja cama, que le hicieron favores de todo tipo) metiera en el mismo saco “los cuarenta años de fracasos de la falsa democracia puntofijista” y también a “la oligarquía, a los empresarios cómplices del fracaso de cuarenta años, a los sindicalistas corruptos, a los curas “adecos con sotana” y, principalmente, a ustedes: los medios de comunicación “mentirosos al servicio de oscuros intereses nacionales y transnacionales”. A esa, Poleo, es a la antipolítica, que dio esos resultados, a la que me refiero y, lo lamentable, es que esos “managers de tribuna” siguen como los Borbones, “que no olvidan ni aprenden” con la misma prédica antipolítica y vuelvo a recordar a Dionisio Ridruejo: “Todo radicalismo esconde la antipolítica”. Claro, no se nos escapa que los políticos corruptos y también los “privados” que usufructuaban el poder (casi los mismos que siguen haciéndolo) forman parte de toda la tramoya antipolítica.

Ahora, sobre las críticas que lo expatriaron a usted de AD en el 91, por “criticar a un presidente adeco, a su novia y a su jefe de seguridad”, pues no le agarro el rabo a perro que no conozco, porque en esa época, ni en ninguna otra, he estado en la administración pública y la dirección del partido era otra, a la que ni soñaba yo con pertenecer, porque era la que distribuía cargos y canonjías. Este CEN, al que pertenezco, solo ha administrado las deudas que nos dejaron quienes se lucraron en el poder. Los adecos que hoy permanecemos en el partido, después de más de 20 años sin saber lo que es gobierno, Poleo, nada le debemos al país en materia de vagabunderías. Aunque el balance de la historia adeca es tan positivo que somos capaces de asumir las cosas negativas del pasado, a beneficio de inventario, por estar seguros de que la cuenta nos favorece y la historia nos absolverá. Epa, Poleo, ¿prohibir yo? ¡Jamás! ¿Expatriarle? ¡Nunca! Regrese pronto, para que se incorpore a su partido y nos ayude a seguir administrando las deudas y reivindicando nuestro legado histórico, que no es el de “navajitas”, sino el de Rómulo, demás héroes y mártires de nuestro orgullo. Un abrazo.

 

PS: Disculpe lo largo compañero, pero su “Corto y Profundo” era corto, pero demasiado profundo… y el mío a pesar de lo largo, pues me quedé corto…diría don Mario Moreno.