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Iván Simonovis

¿Por qué es necesaria la policía?

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En 1977, la huelga de 18.000 agentes, dejó sin protección policial a más de un millón de habitantes de la ciudad brasilera de Recife.

Durante cinco caóticos días, la cantidad de homicidios se triplicó en esta metrópolis costera. Ocho bancos fueron atracados. Las pandillas arrasaron salvajemente con un centro comercial y fueron disparando por los vecindarios de clase alta. Realmente fue una anarquía sin precedentes. 

Desde los comienzos de su historia moderna, la creación de un cuerpo policial ha generado esperanzas y temores; se espera protección, pero se temen los abusos de poder, sin embargo la policía constituye una institución fundamental para la vigencia del estado de derecho, para preservar la seguridad de la población y para asegurar la entrega de otros servicios sociales. 

Especialmente en situaciones de emergencia o catástrofe, probablemente constituye la institución del Estado que se relaciona más frecuentemente con las personas.

De allí la importancia de su adecuado financiamiento y entrenamiento, el cual debe despertar la confianza y en consecuencia el apoyo de los ciudadanos.

El sistema tradicional japonés de una policía comunitaria, ha despertado el interés de otros países como España, Francia, Estados Unidos, etc. 

La policía japonesa suele trabajar desde pequeñas comisarías de distrito que cuentan con unos doce agentes organizados en turnos. Contar con una policía que trabaja en estrecha colaboración con la comunidad, ha contribuido a que Japón goce de la envidiable fama de poseer calles porque es posible pasear sin peligro. 

Sin una fuerza policial lo más probable es que impere la anarquía. Pero, incluso con la policía, ¿vive el mundo en seguridad?

En la mayoría de las ciudades, así como en muchas zonas rurales, se respira una sensación de inseguridad. ¿Podemos esperar que la policía nos proteja del crimen organizado y de los delincuentes comunes? ¿Harán que la seguridad reine en las calles? ¿Ganarán la batalla contra la delincuencia?

En realidad, la policía es como una curita con la que se pretendía curar el cáncer. Los estudios realizados muestran que las tres actividades principales de la policía –patrullar las calles, acudir a los avisos de emergencias e investigar los delitos- no detienen la criminalidad ¿Por qué no? 

Combatir la delincuencia a fuerza de incrementar la presencia policial resulta imposible desde el punto de vista económico. 

Según la policía, si no llegan al lugar del delito en menos de un minuto, es poco probable que atrapen a los culpables. La investigación criminal tampoco ayuda, pues la delincuencia no se detiene ni cuando los detectives consiguen que se encarcele a los infractores.

Las medidas drásticas contra ciertos delitos, como el tráfico de drogas o los robos, han sido muy eficaces durante un tiempo, pero cuesta lograr resultados permanentes.

No todo el mundo entiende que la tasa de criminalidad no sólo depende del control policial, para reducir los niveles de impunidad debemos ciertamente contar los policías eficientes que identifiquen y detenga al delincuente, pero luego se requiere de un fiscal que acuse al delincuente, posteriormente éste deberá ser sentenciado por un juez y finalmente enviado a una cárcel a cumplir una condena.

Es así como el Estado genera un mensaje de eficiencia al delincuente en la aplicación de la justicia y al ciudadano.