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Fernando Ochoa Antich

El nacionalismo chavista, una bandera de pacotilla

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Nicolás Maduro, igual que Hugo Chávez, ha tratado de enarbolar la bandera del  nacionalismo para enfrentar las justificadas críticas surgidas, en amplios sectores de la opinión internacional, por  sus arbitrarias acciones represivas contra la oposición democrática. Sus asesores comunicacionales le han insistido en la necesidad de acusar de entreguistas a todos los gobiernos venezolanos anteriores a  la mal llamada revolución bolivariana. En estos días escuché en Radio Nacional una cuña afirmando que la nacionalización petrolera no era obra de Carlos Andrés Pérez, porque las filiales venezolanas, al reemplazar a las transnacionales, continuaron vendiendo petróleo a Estados Unidos. El nacionalismo petrolero fue bandera fundamental de Acción Democrática expresada esencialmente por la creación de la OPEP en 1960 y la acción militante de importantes líderes democráticos como fueron  Rómulo Betancourt y Juan Pablo Pérez Alfonzo.

Hugo Chávez, en su esfuerzo por falsificar la historia, diseñó, desde el inicio de su gobierno, una campaña orientada a descalificar la política exterior de los gobiernos democráticos. En justicia, esos gobiernos mantuvieron no solo una política internacional absolutamente independiente de cualquier centro de poder, incluyendo Estados Unidos, sino que se negociaron importantes acuerdos limítrofes, muy beneficiosos para nuestro país, en los cuales se definieron las áreas marinas y submarinas con: Estados Unidos, a través de  Puerto Rico y las Islas Vírgenes; el Reino de los Países Bajos, a través de Aruba, Curazao, Bonaire, Saba y San Eustaquio; Republica Dominicana; Francia, a través de Martinica y Guadalupe y Trinidad y Tobago. A partir de 1998, no se ha avanzado en ninguna negociación. Están pendientes: Colombia, Guyana, San Cristóbal y Nieves, Reino Unido, a través de Montserrat, Dominica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Granada, y Barbados.

Los acuerdos firmados por los gobiernos democráticos siempre tuvieron un objetivo estratégico: garantizar a Venezuela una salida soberana y libre desde la cuenca del río Orinoco al océano Atlántico, establecer una zona económica exclusiva de 200 millas, y permitir la exploración y explotación de aquellas áreas pertenecientes a cada país. Al mismo tiempo, se logró que Estados Unidos, Francia y los Países Bajos reconocieran nuestra soberanía sobre la isla de Aves y su derecho a una zona económica exclusiva de 200 millas. En el año 2001, Dominica, respaldada por  Barbados, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y Las Granadinas, denunció, en la reunión de jefes de Estado y de gobierno del Caricom, la ocupación de Venezuela de la isla de Aves. De todas maneras, fue tal la fortaleza jurídica de los acuerdos limítrofes firmados que condujo a la Organización de Estados del Caribe Oriental, en el año 2007, a reconocer la soberanía de Venezuela sobre dicha isla.

Los gobiernos democráticos siempre se caracterizaron por defender, con gran firmeza, los intereses de Venezuela en las negociaciones con Colombia para delimitar las áreas marinas y submarinas en el golfo de Venezuela, incluyendo la eficiente movilización de nuestras Fuerzas Armadas, en 1985, por la presencia de la corbeta Caldas en nuestro mar territorial. Esa crisis diplomática y militar encontró un marco de negociación conveniente con la firma del Acuerdo de San Pedro Alejandrino y el reconocimiento por Colombia de los principios de la bilateralidad y globalidad. A partir de ese momento, las negociaciones han avanzado progresivamente en todos los campos, aunque las erráticas políticas de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro han impedido que se alcance una solución definitiva del problema. Solo con recordar la declaración de Hugo Chávez, en la cual estableció la neutralidad de Venezuela en el conflicto entre el Estado colombiano y la FARC, es  más que suficiente.

Durante los cuarenta años de gobiernos civiles se mantuvo un consistente esfuerzo de negociación con Guyana, tratando de lograr una solución práctica de la controversia como lo establece el Acuerdo de Ginebra. Lamentablemente, la intransigencia de Guyana lo impidió. De todas maneras, la posición firme de Venezuela al no reconocer concesiones en la zona en reclamación sirvió de presión en la búsqueda de una solución. Además, en el espacio marítimo se mantenía un permanente patrullaje de buques de la Armada, el cual ha sido inexplicablemente suspendido. Para colmo, la imprudente declaración de Hugo Chávez en contra de los más altos intereses de la nación, al mantener en Georgetown “que el gobierno de Venezuela no se opondrá a que empresas extranjeras exploten yacimientos petroleros y gasíferos en el disputado territorio, si es en beneficio de sus habitantes” debilitó considerablemente nuestra posición en las negociaciones. La respuesta de Guyana fue clara: dar concesiones no solo en el territorio en reclamación sino también en aguas venezolanas. Dolorosamente, el gobierno de Nicolás Maduro no ha sido capaz de enfrentar con decisión esta amenaza. Definitivamente, compromete nuestra soberanía. El nacionalismo chavista, una bandera de pacotilla.

 

fochoaantich@gamil.com

@FOchoaAntich