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Eddy Reyes Torres

El nacimiento de la mentalidad democrática de los venezolanos

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Formalmente, la democracia en Venezuela se inició en 1948 cuando Rómulo Gallegos fue electo presidente mediante elecciones libres. Sin embargo, la mentalidad democrática de los venezolanos se forjó varios años antes, como veremos a continuación.

Al momento de fallecer Juan Vicente Gómez, el 17 de diciembre de 1935, lo sucede su ministro de Guerra y Marina, el general Eleazar López Contreras, quien desempeñaba el cargo desde 1931. Según Rómulo Betancourt, López fue designado por los ministros de Gómez, de acuerdo con la fórmula prevista en una Constitución salida de las manos de letrados que traducía al lenguaje jurídico la voluntad del dictador.

A pesar de lo anterior, la designación no contaba con el apoyo del general Eustoquio Gómez, primo de Juan Vicente Gómez y para entonces presidente del estado Lara, quien aspiraba a suceder a su pariente. López, sin embargo, movió con habilidad los hilos, días previos al fallecimiento del Benemérito. Así, ante la gravedad de Gómez, el gabinete se trasladó a Maracay para estar cerca del Presidente moribundo. Pero el 15 de diciembre, el Benemérito sufrió un colapso cardíaco-respiratorio que hizo temer por su desenlace final. Sin pérdida de tiempo, a los ministros se les solicitó que se trasladaran a Caracas con el propósito de levantar un acta, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 97 de la Constitución, para el caso de que se produjera la falta absoluta del Presidente de la República. Así se procedió y el acta fue firmada, sin fecha, por los presentes. De acuerdo con la misma, se acordó por unanimidad designar a López Contreras como Encargado del Poder Ejecutivo. Al Congreso le correspondió después (el 31 de diciembre de 1935) hacer la designación de la persona que sería Presidente hasta el 19 de abril de 1936. Por supuesto que el elegido fue el general López Contreras.

Pero volvamos unos días atrás. El día 18 de diciembre, el Presidente Encargado se dirigió al país a través de un documento publicado en toda la prensa nacional, en el que sintetizó sus acciones inmediatas: mantener la paz y el orden, y atender las serias dificultades económicas que tenía el país. Otra medida que tomó, de gran significación, fue ordenar la libertad de los presos políticos, lo cual causó desagrado entre los allegados a Gómez y en particular a Eustoquio, por considerar que así se ponía en peligro la situación política y la seguridad de sus familiares y amigos. La preocupación de éstos no era infundada: eran conscientes de que si el infortunio los tocaba les aplastaría sin conmiseración.

Para nadie era un secreto que Eustoquio Gómez mantenía intacta su aspiración de hacerse del poder. Para ello pensaba contar con el respaldo de tres figuras prominentes del gomecismo: los generales Pérez Soto, León Jurado y Félix Galavís, presidentes de los Estados Zulia, Falcón y Yaracuy. Pero, en un momento en que se requería de la mayor filigrana, su carácter frontal y maneras imprudentes conspiraron contra sus deseos. Años más tarde, Alfredo Tarre Murzi (Sanin) señaló: “López venía preparándose para suceder a Gómez, pero jamás dio un paso en falso e hizo pruebas de mucha habilidad frente a sus rivales y adversarios del gomecismo”.

Una vez superada la peligrosa cuesta y luego de ser ratificado por el Congreso, el nuevo Presidente de la República procedió a sustituir a la mayoría de los miembros del Consejo de Ministros. Se esperaba, sin embargo, que continuaran las mismas políticas y prácticas del régimen anterior.  En ese sentido, los más cercanos a Juan Vicente Gómez tenían presente el momento en que: “Terminado todo el proceso de ‘embalsamamiento’ se presentó el General Eleazar López Contreras, encargado de la Presidencia de la República, el cual se acercó al cadáver con pasos solemnes hacia quien había sido su Jefe, se inclinó con reverencia y conmovido le besó en la frente manifestando enseguida que había sido el mejor padre que él había tenido”. Pero obligado por la evolución de las circunstancias históricas, el sucesor del Benemérito se vio en la necesidad de introducir los primeros cambios al repertorio, poco antes de la muerte del dictador, cuando ya se sabía que era un hecho irreversible: procedió a permitir el regreso de los exiliados por causas políticas y a liberar, como ya se señaló, a todos los presos políticos.

A pesar del gesto inesperado, las manifestaciones contra Gómez fueron inevitables, expresándose en forma de disturbios callejeros y saqueo de las casas y propiedades de connotadas figuras del régimen. Como consecuencia de lo anterior, el Gobierno decretó la suspensión de las garantías constitucionales. Poco después, el 12 de febrero de 1936, el Consejo de Ministros autorizó al entonces gobernador del Distrito Federal, general Félix Galavís, para establecer una Junta de Censura en Caracas. Como secuela de esta decisión, se desataron los demonios.

La Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) promovió junto con otras organizaciones protestas contra tales medidas. El viernes 14 de febrero se llenó de manifestantes que arremetieron contra la Gobernación. El oficial a cargo de la custodia de dicha dependencia ordenó a la tropa disparar contra los exaltados, con resultado de cuatro muertos y más de cien heridos. El lamentable hecho dio lugar a una impresionante manifestación que se dirigió a Miraflores. Se trataba de la primera y más grande que hubiesen visto ojos venezolanos, según Manuel Caballero, que marca el comienzo de nuevos tiempos políticos en el país. La marcha fue encabezada por el rector de la Universidad Central de Venezuela, Francisco Antonio Rísquez, y los estudiantes Jóvito Villalba y Rafael Caldera, líderes de la FEV.

Marcando distancia con el pasado, el presidente de la República los recibió y el rector Rísquez le dijo: “Mire, Presidente, Villalba y yo pensamos igual, lo que pasa es que él tiene 28 años y yo 78, así que creo que Villalba va a ser más explícito”. López oyó entonces con atención los requerimientos de los manifestantes en la voz del bachiller Villalba: nombramiento de un gobierno totalmente formado por gentes de las filas de la revolución democrática; exclusión de los gomecistas del gabinete; nombramiento de gobernadores de Estado que representen en verdad las aspiraciones de cada una de esas regiones y que también fueran hombres acreditados en la lucha contra la tiranía; libertades democráticas, supresión total de la censura y plenas garantías para la expresión del pensamiento; libertad de organización sindical; y término de todos los monopolios y de todas las manifestaciones de feudalismo y del atraso en la vida política de Venezuela.

En el curso de su vehemente intervención, Villalba llegó a golpear con su pajilla la mesa donde presidía el López Contreras, lo cual fue visto por algunos ministros y edecanes como un irrespeto. Amenodoro Rangel Lamus, en su libro Los problemas de la tierra y otros ensayos, comenta que ese día, al marchar López para su casa, le oyó decir: “Hoy si me han hecho doler la cabeza”. Pero lo cierto es que los acontecimientos no le impidieron actuar de manera serena y hábil. En específico, el Presidente se comprometió a revocar las medidas de censura y someter a la acción del Poder Judicial a los funcionarios culpables de excesos en la represión de la manifestación de ese día, en horas de la mañana. Además, como resultado de lo anterior, López realizó cambios sorprendentes: varios opositores a Gómez (Arévalo Cedeño, José Rafael Gabaldón, Rufino Blanco Fombona y Francisco de Paula Aristiguieta) fueron designados gobernadores en diferentes estados. Adicionalmente, José Rafael Pocaterra, quien había escrito profundas denuncias en Memorias de un venezolano de la decadencia, ocupó la presidencia del Senado. En el gabinete fue nombrado para el cargo de Ministro de Relaciones Interiores el general Régulo Olivares, quien en 1913 había renunciado al Ministerio de Guerra y Marina y había permanecido en Nueva York hasta 1935. Más aún, López designó ministro a figuras de reconocido prestigio como Enrique Tejera, Alberto Adriani, Esteban Gil Borges, Alejandro Lara, Caracciolo Parra Pérez y Néstor Luis Pérez.

Las realizaciones del Gobierno de López Contreras fueron innegables. Así, por ejemplo, Arnoldo Gabaldón puso en práctica las recomendaciones formuladas por la Conferencia de Directores de Salud Pública de Washington en 1936, llevándose a cabo una lucha como nunca antes contra la tuberculosis, el paludismo y las enfermedades venéreas; además, se aumentó el número de hospitales y la tasa de nacimientos, y se redujo la mortalidad general. En el área educativa hubo avances importantes: desde la aprobación de una nueva Ley de Educación hasta un aumento significativo de la cobertura de la población escolar (que pasó de 20 por ciento en 1937 a 50 por ciento en 1940). Además, se creó el Instituto Pedagógico Nacional y la Escuela Industrial del Zulia. En el campo de la cultura, se inauguró el Museo de Bellas Artes, el Museo de Ciencias y se creó la Revista Nacional de Cultura. En el terreno institucional, se creó el Banco Central de Venezuela mediante ley, en 1939, cuyas funciones iban desde regular el crédito, la circulación monetaria y asumir la exclusividad de la emisión de billetes, hasta centralizar las reservas internacionales del país. Y también se creó la Contraloría General de la República con el propósito de mejorar el manejo y control de los fondos públicos. No menos importante fue su expreso distanciamiento del ejercicio tiránico del poder. Así lo expuso el propio López Contreras cuando se dirigió al Congreso en abril de 1940: “Yo rechazo rotundamente la teoría que sustenta el cesarismo como forma natural de gobierno que cuadra a nuestro carácter y formación étnica. La rechazo, por sobre todo, poniendo de presente el modo normal como se ha venido desenvolviendo la vida venezolana, en sus diversos aspectos, en el lapso transcurrido desde el punto en que todo el empuje y la fogosidad de su carácter, el país empezó de nuevo a trillar la senda republicana”.

En el ejercicio de sus funciones y en su vida, López Contreras actúo siempre de manera disciplinada y austera. Por esa razón el historiador Manuel Caballero sostiene: “Eso hace que en 1931 reciba una presea que nada tiene que hacer con la vida militar, y que él morirá sin haberse enterado de ella: un informe del embajador de EEUU en Caracas lo señala como un hombre pobre, rara avis entre los oficiales de la cleptocracia gomecista”. El mismo Manuel Caballero afirma que bajo su Presidencia nació la democracia venezolana, lo cual no es atribuible a su persona sino a la calle, con ocasión de la manifestación del 14 de febrero de 1936.

Lamentablemente López Contreras perdió la oportunidad de consolidar plenamente la democracia durante su mandato. En 1940, cuando se discutió en el Congreso la Ley de Censo Electoral y de Elecciones, se pudo cambiar el sistema de sufragio pero no se hizo. Se prefirió mantener el sistema de elección indirecta o de segundo grado. En su último mensaje al Congreso el Presidente dijo: “Soy el primero en reconocer que aún no hemos logrado llevar a la práctica todas las conquistas de la democracia, pero ello no se debe a una acción negativa del régimen sino a circunstancias de carácter racial, ambiental e histórico que es menester ir encauzando con la evolución ininterrumpida del elemento humano, cuya inteligencia, sentimiento y voluntad es necesario educarlos progresivamente para el ejercicio de los derechos políticos”.

Hoy nuestro proceso democrático experimenta un serio retroceso; pero se equivocan quienes creen que el autoritarismo tiene alguna posibilidad de consolidarse. Nuestro pueblo está en plena fase de tomar el impulso necesario para adentrarse todavía más en el campo de las libertades plenas y el respeto de los derechos humanos. No alberguen dudas pues así será.

 

@EddyReyesT