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Juan Barreto

La multitud, ¿sujeto revolucionario?

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 Metabolismo del capital es mutación, cambio y especialización cada vez más eficiente del proceso de valorización y explotación. La revolución industrial, caracterizada por la acumulación originaria, la aparición del obrero masa (apéndice de la máquina), que va desde 1848 en adelante, cede paso a un segundo momento que cubre de los años veinte hasta los sesenta, caracterizada por la era imperialista –tailorismo, fordismo y trasformación del obrero en técnico profesional– acelerando la especialización y la fragmentación del trabajo en su división al infinito. Un tercer momento, signado por la explosión de la revolución de la informática y las nuevas tecnologías; la irrupción y predominio de la producción “inmaterial” (información, espectáculo, etc.), y el surgimiento paulatino del obrero social, es decir de la multitud, es la etapa que alcanza nuestros días.

Cada una de estas fases implicó una forma de organización que va del partido cerrado a los sindicatos de masas. La creciente complejidad del tejido social en las sociedades del capitalismo tardío plantea la urgente e impostergable tarea de la teoría en relación con la construcción de los lentes adecuados para la lectura de la realidad. Asistimos a un momento de los que llama Ernesto Laclau alta contaminación de las configuraciones sociales tradicionales, de su mutación y reacomodo, cuando no de su transformación y superación radical.

Todo el marco relacional de la fibra molecular de la dominación política, la coerción ideológica y la explotación del trabajo, asume nuevas formas, a su vez cruzadas por los efectos de los mass media, la crisis actual de los mercados y el impacto de la revolución cultural y tecnológica (producto de la mundialización del capital en su fase globalizada). De modo que pensar la transformación social, así como sus máquinas-aparatos, supone de suyo abandonar la comodidad de la poltrona dogmática y aceptar la invitación al debate fecundo en torno a la construcción de las formas de dirección política.

Esto implica caminar sin detenerse en una revisión consistente y de fondo en torno a la experiencia histórica de más de 500 años de lucha de los sectores subalternos en América Latina y más de 200 años de combates de la clase directamente productora del capital: el proletariado. Pero este término, temido por muchos y despreciado por tantos, es un significante flotante que exige ser llenado. Para nosotros, la multitud es la nueva forma específica del proletariado moderno en la fase del capitalismo posfordista. Este reconocimiento no es inocente, por el contrario, tendrá efectos en los logros o fracasos que vaya acumulando el bloque social histórico de los sectores subalternos al capital.

Decir multitud es decir también que el partido será construido en la medida en que es repensado desde una nueva perspectiva de clase, en la que el concepto masa es discutido en función de su superación histórica, en tanto el centro de decisiones políticas se desplaza también hacia el reconocimiento de la multiplicidad de experiencias que lograron territorializar y hacer cuerpo bio-político con los conceptos, haciendo realidad el viejo anhelo de una producción política de abajo hacia arriba hasta alcanzar la horizontalidad. Lenin lo decía: “El partido debe prefigurar a la sociedad que queremos. Cuando los intereses de las masas choquen con el horizonte cerrado de la partidización, debemos optar por las masas”. Así, el debate partido de masas-partido de cuadros, será sustituido por uno nuevo: ¿partido-movimiento?, ¿movimiento de movimientos?, ¿cómo construir un partido de la multitud, del nuevo proletariado, es decir, cómo constituir un pueblo? Responder a esta pregunta es crucial y determinará si el movimiento se subordina al partido o el partido es expresión del movimiento.