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Pedro Llorens

La revolución "pompier"

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Salvo la pasión por los relojes caros y la práctica del elitesco deporte de nadar en la piscina de Rico Mc Pato (Fondo de Desarrollo Nacional), expropiada y usufructuada por él (si algo salía de allí era gracias a su magnanimidad: “Creo que algo me queda”, solía decir), a la que hacía llegar beneficios que constitucionalmente debían ingresar al fisco o al Banco Central, los gustos de Corazón de Mi Patria eran de una ramplonería digna del regodeo artístico conocido como “camp”, analizado por la escritora estadounidense Susan Sontag, cuyos habituales “olfatean el hedor y se jactan de tener un estómago fuerte”…

El libro El oráculo del guerrero, una muestra de las preferencias literarias de quien gobernara este país a lo largo de 15 años, fue ampliamente recomendado, distribuido (se hizo una importación especial) y finalmente recogido cuando se supo que escondía una sutil prédica homosexual, lo que de algún modo encaja con una de las características de la literatura “camp”, el gusto por lo andrógino, por lo hermafrodita…

Y no se hable de su obra literaria que nadie conoce: se sabe que escribió un cuento y lo mandó al concurso anual de El Nacional y nunca más se supo de él (más suerte tuvo el relato netamente “camp” de Jorge Rodríguez)… mientras que su obra pictórica es ampliamente conocida (todos los autócratas son malos pintores) y es más propia del arte “pompier” (en francés, bombero, basto, sin mérito). 

Lo que sí es netamente “pompier” es la curiosa ideología bolivariana que se inventó Corazón de Mi Patria con un fondo fascista que lo persigue desde que salió de la Academia Militar, condimentado con el partido militar y el gobierno cívico-militar propuestos por el argentino Ceresole, y un socialismo a la cubana que el internacionalista Demetrio Boersner define como “capitalismo de Estado militarista y autoritario”, ahora en manos de personajes que dan grima por torvos y no sólo de mirada, también de actitud y de la mollera.

Diosdado Cabello no ha visto la pelea de Alí con Foreman en la que éste pegó con todo lo que le dio la gana hasta cansarse y, sin embargo, bastó que le dieran unos toques para que cayera noqueado; y tampoco la ha visto el bigotón Pánfilo, empeñado en confundir agresores con agredidos, violentos con pacíficos, matones con dialogantes y en dar a conocer exactamente lo contrario de lo que ocurre… sin advertir que la mentira también está sujeta a la ley de gravedad y que, mientras de más arriba se lance, más ruido hace al caer y más daño hace al que la dice.