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Pedro Llorens

Hombres sin identidad

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Los adecos se justificaban: “¡No somos suizos!”, lo cual además de absolutamente innecesario no excusaba de modo alguno la falta de excelencia en sus gobiernos, especialmente después de que Orson Welles aclarara en la película El tercer hombre que el único aporte de la república helvética a la humanidad era el reloj de cucú.

Quienes nos malgobiernan ahora lo tienen más difícil para excusarse por haber convertido al país en potencia de la incapacidad… suma de todos los asolamientos registrados desde que Colón hiciera trampa para convertirse en el primer hombre que puso un huevo de pie, ante el asombro de Isabel y Fernando.

Cuando la mayoría de los malgobernantes de ahora apareció, nadie sabía de dónde venían ni adónde se dirigían, y no pocos llegaron a creer que eran producto de un huevo o cigoto mecánico elaborado en Cavim… El camuflaje bolivariano no logró impedir que se les identificara como parto tardío del perezjimenismo, antes de que Castro los convenciera de que el camino más corto para perpetuarse en el poder era la revolución socialista y se pasaran todos con sus corotos, incluido el retrato del Libertador pintado en 1825 por José Gil de Castro en Lima, que luego desecharon, en insólito salto atrás, por la imagen del mestizo que ahora preside los actos oficiales.  

La aparición del actual presidente, tan extraña como su bigote y tan mal documentada que ha dado lugar a todo tipo de especulaciones, permite colocarlo entre las identidades blanqueadas para una nueva identidad cívico militar tutorada por Cuba. Su vida pública comenzó con su detención en Coche, en compañía de Cilia Flores, a la que se vinculaba al robo de armas del oficial Efraín Bracamonte.

Por último, un caso que no es de falta de identidad sino de una inexplicable pérdida de ella, la del periodista Eleazar Díaz Rangel, hasta el punto de haber dicho, por cadena de radio y TV, en presencia de Nicolás Maduro (quizá por ello), nada menos que “desde que llegó Hugo Chávez a la Presidencia se acabaron la censura y la intimidación a los medios”… y también que “los periodistas de esta época no han visto llagas, solo han visto peladuras”. Semejante muestra de chavismo senil me permite recordar un encuentro en el restaurante Le coq d’or con el profesor J. R. Núñez Tenorio, en 1998, a quien recriminó agriamente su apoyo a la candidatura de Chávez (él respaldaba a Irene Sáez) sin que sirvieran de algo los intentos de mediación que hicimos Jesús Romero Anselmi y yo.

pllorens@el-nacional.com