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Colette Capriles

Una mirada distraída

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Dos observadores consuetudinarios de la situación venezolana, Joaquín Villalobos y Fernando Mires, se han ocupado esta semana de nosotros. Villalobos con un artículo publicado en El País de España y Mires con una réplica en su blog http://polisfmires.blogspot.com. El tema es calibrar la longevidad del chavismo, sin Chávez se entiende. En mi opinión, Mires subraya muy bien las simplificaciones que Villalobos introduce en su análisis, sin desestimar la conclusión. Que el chavismo “llegó para quedarse” como afirma Villalobos con cierto aire condescendiente, después de 14 años en el poder, no es algo que asombre; sería en todo caso su extinción lo que sorprendería. El problema es que las razones que según Villalobos sostendrían esta supervivencia no son las correctas, y la impugnación de Mires se limita a matizarlas en vez de ofrecer al análisis las condiciones que mejor explicarían el asunto.

Villalobos en efecto repite la “sabiduría convencional”, el lugar común que atribuye la fortaleza del chavismo a la redistribución de la renta entre los pobres, al carisma del líder y a la oposición errática (que por cierto en la versión de Villalobos alcanza a estar compuesta por la astronómica cifra de ¡70 organizaciones!). Apenas rasguña con ello la superficie más ramplona de las cosas, y Mires, con sus habilidades de espadachín, remata eficazmente estos argumentos y remito al lector a comprobarlo. De lo que no habla ninguno de los dos es de las peculiaridades del chavismo, de su complejidad y de sus transformaciones. Sólo como ejemplos, hay tres dimensiones que deberían incluirse:

La primera es que la idea de que los pobres forman la base de apoyo mayoritaria electoral del chavismo no ha podido ser confirmada. Así como lo oyen: Noam Lupu publicó en 2010 un artículo académico que muestra que, exceptuando las elecciones de 1998, no hay sesgo de clase en el voto chavista, al menos hasta las elecciones presidenciales de 2006. Y Javier Corrales, profesor en Amherst, publicó en Foreign Affairs, el 04/12/2012, una pieza llamada “Cómo hace negocios Chávez”. La tesis es que, aunque atacando al sector privado en el discurso y reduciéndolo al mínimo en la práctica, este sector privado, ultradependiente, es extremadamente rentable y explica el apoyo a la gestión de Chávez. Un indicador: entre 2000 y 2010, el mercado bursátil aumentó 875%, mientras el salario real cayó 40%. Durante el mismo periodo, en Chile, el mercado bursátil aumentó 375%, en Brasil 399%, en México 654%.

Por otra parte, el asunto de la identidad política. Mientras se ignore el largo proceso de construcción de las mitologías e ideologías del chavismo y del hiperbólico aparato de propaganda que le sirve de plataforma, no se está evaluando correctamente una de sus fortalezas. Si se sigue percibiendo que se está frente a un fenómeno carismático que tendría por contraparte un pueblo “pobrecito” sediento de imágenes heroicas, se está simplemente siendo víctima de esa misma propaganda. Una serie de técnicas narrativas importadas de detrás de la Cortina de Hierro, y una minuciosa construcción de estereotipos sociales y políticos han dado por resultado nuevos espacios identitarios.

Y de paso, así tampoco se podría comprender la dimensión institucional, o la “arquitectónica” chavista, por así decirlo, que se ha venido solidificando mientras se horada y destruye toda institucionalidad democrática, los espacios de deliberación y de libertades, y sobre todo, los espacios espontáneos. Una parte no pequeña de la población venezolana está bajo el control, supervisión y “gestión” directa del Estado, mediante sistemas de encuadramiento (listas de beneficiarios y receptores de programas “sociales” articuladas con unidades de trabajo político, etc.) que forman una red de muchos niveles de complejidad, uno de los cuales (pero sin reducirse a este) es la actuación como feroz aparato electoral.

Un poquito más de atención, señor Villalobos, y menos distracción, le ayudarán además a comprender que el modelo se replica, con variaciones locales y consecuencias impredecibles.