• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Lorena González

La mirada crítica

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

                Termina el año. Como el país, la evaluación general en el área apunta a un recorrido pleno de dificultades: desvíos, cambios y variaciones que reflejan la inestabilidad de un contexto sitiado por la poca planificación y remarcado por el ejercicio aleatorio de políticas alternas, embaucadas en el sino sin norte de sus propias circunstancias. En estos tiempos nadie piensa a largo plazo, nada se proyecta; todos caminan, ahogados en un entorno de emergencias donde aquel espíritu institucional de la continuidad con el que nos formamos algunos profesionales de las artes visuales, parece ya una vieja emanación de lejanas latitudes, un halo fantasmal, un sueño de otro ser.

                No obstante y aunque el destajo inunda el ambiente, las individualidades continúan trabajando en la complicada construcción de ese acervo, resonancias de lo que sabemos es la única posibilidad para asentar institución, aprendizaje, desarrollo, tradición, herencia; muchos están allí, armando bases solitarias, conscientes de las acciones que deben superar la intermitencia, la arbitrariedad, el devaneo y el populismo. Cuesta sostener los valores en momentos tan enmarañados, pero detrás de la labor está el saber que una buena gestión garantiza el futuro, un tiempo donde las señales bien impresas continuarán sus caminos en el alma de los otros. No se puede abandonar la vía a manos del azar, hay que construir bien y seguir haciendo para cuando retorne el códice abierto de la cultura libre.

                De los ejes tradicionales que destacaron este año resalta la permanencia de dos eventos cruciales: El Salón Jóvenes con FIA y El Salón Michelena. En el caso del primero fue la alianza Banesco-FIA la responsable de otorgarle continuidad a un suceso del arte emergente que se ha convertido en referencia capital no sólo de los nuevos creadores sino también de las líneas de investigación que distintas curadurías imprimen sobre esa pequeña historiografía de nuestro arte. En la edición #17, fue Ruth Auerbach la responsable de convocar a veinte artistas que bajo el título Construcciones identitarias: cuerpo, memoria y lugar, reflejaron la expansión de las arterias críticas de la instalación y la performance en la actualidad. Aunque el desarrollo en los espacios institucionales de Ciudad Banesco complejizó las visitas del público, Auerbach logró extender una mirada dinámica sobre varios artífices de toda la región venezolana, apuntando a un salón novedoso de múltiples formatos con una gran cantidad de participantes inéditos.

                Con respecto a la Bienal 67ª del Salón Arturo Michelena, luego de mucho trabajo, dobleces y fracturas, sus organizadores han iniciado la consolidación exitosa de un encuentro que convocó a un amplio margen de autores de todas las edades, espacio eficiente de diálogo y confrontación donde pueden leerse las texturas de la producción de artistas de trayectoria junto a noveles creadores. Distribuido en tres lugares dentro de la ciudad de Valencia (Galería Universitaria Braulio Salazar, Centro Cultural Eladio Alemán Sucre y Gabinete del Dibujo y de la Estampa) más de cien artistas venezolanos estuvieron presentes, matizando un alto porcentaje de talento joven que aunque con muy buenos proyectos no destacaron en la premiación. Tal vez para su próxima edición, el jurado deba reevaluar estas consideraciones, alternando la solidez formal de la trayectoria con el impulso acertado de estas nuevas generaciones, participantes de un país movedizo que también se esfuerzan por preparar las cartografías de un mejor futuro.