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Valentina Quintero

La minería ilegal acaba con Canaima

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Muy cerca de este avión en Campo Carrao está la mina, a orillas del río Carrao, cerquita del Salto Ángel / Pisapasito

Muy cerca de este avión en Campo Carrao está la mina, a orillas del río Carrao, cerquita del Salto Ángel / Pisapasito

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“Tú sabes que el río Churum es color colita. A veces llegamos con los turistas y está marrón”, afirma José Gregorio Jiménez, uno de los operadores de turismo en Canaima, hijo de una pemona. “Es por la minería en Campo Carrao”, asegura. Esta es la mina más polémica, la única dentro de los límites del Parque Nacional Canaima, en el codo que cruza del río Carrao al Churum cuando se hace el paseo por el Akanan bajando desde Kamarata.

El Churum es el río que se forma cuando bajan las aguas del Salto Ángel. Entre 10 y 20 balsas circulan libremente por estas aguas que siempre han sido sagradas, pulcras y con ese tono rojizo que emociona a la visita. En estas balsas mineras hay bombas que succionan la arena del fondo del río. Un jovencito pemón, conectado de un tubo para respirar, pasa turnos de doce horas bajo el agua sacando arena para buscar el oro. Hace dos semanas murió uno. “Pero murió cumpliendo con su trabajo”, nos dice una joven pemona que trabaja como cocinera en la mina. “Yo sé que es ilegal y que destruimos la tierra de nuestros ancestros, pero a mí nadie me saca de la mina porque me gano 10.000 bolívares en una semana y eso es lo que necesito para alimentar a mis hijos”.

El mismo domingo 5 de octubre que se paralizaron las operaciones turísticas en Canaima por falta de combustible, muchos aseguran que en Campo Carrao aterrizaron 2 aviones Antónov cargados de combustible con 2 bombas 6 cilindros que tienen más fuerza en la succión y en la presión y son bien costosas. Venían de La Paragua. “Solo con complicidad de la Guardia se puede sacar un vuelo así”, asegura la gente de Canaima. Pudimos ver la mina y las balsas en un sobrevuelo por Campo Carrao. Un agujero doloroso, una llaga imborrable, lagunas perforadas con mangueras y balsas que salen al amparo de la noche, pero se oye el pavoroso ruido de las bombas. Todos han visto las balsas. Nosotros las vimos escondidas en un caño. Es la primera mina que se trabaja dentro del PN Canaima.

Hay otras muy cerca de la pista. La de Paúl es un destrozo inmenso, notorio, inocultable desde kilómetros de distancia. Está fuera del parque pero en los límites. Los estragos que ocasiona caen directo al río Caroní, pues está en sus orillas. Esos sedimentos van a la represa del Guri. Hay otra en el Yuri, muy cerca de la laguna. A esa llegan los pemones en moto. Cobran 1.500 bolívares por la carrera. Es un taxi-mina. Hay más de 50 motos en Canaima. En la comunidad de Antabares, en Arekuna, también junto al Caroní, hay otra mina feroz. El agujero es inmenso y se ve clarito desde el aire. Cuando lo sobrevolamos había gente trabajando. Está fuera de los límites del parque, pero justo al lado. Pone marrones las aguas del Caroní y les lanza el mercurio.

 

Los pemones divididos. “Acabar con la mina es irse por las ramas. El problema real de Canaima es la inflación. Un kilo de queso amarillo regulado cuesta 650 bolívares, la harina pan 200, el litro de aceite 200, hacer un mercado de una semana sale por 15.000 bolívares”, afirma Arnaldo Cabrera, pemón dueño de un abasto. “El turismo se acabó. Aquí llegaban 100 turistas diarios a Hoturvensa (actual Venetur) y ahora no llegan ni 3”, agrega otro. Aseguran que ya no se puede vivir del turismo y por eso muchos acuden a la minería.

Es verdad que el turismo ha tenido una baja notoria y dolorosa. La pista tiene varios años en pésimo estado. Solo pueden aterrizar aviones pequeños, lo cual hace que el pasaje sea muy costoso y baje el flujo de pasajeros. Los extranjeros aparecen de vez en cuando y en pocas cantidades. Aquí llegaron vuelos directamente de Europa en la época de gloria: años ochenta y noventa. A diario subían montones de curiaras llenas de visitantes hasta la caída de agua más alta del mundo.

“Nosotros sacaremos a nuestros hermanos pemones de la mina”, afirma convencido Leonardo Martínez, el capitán de la comunidad. Todo Canaima conoce a los pemones mineros. Aquí viven 3.000 personas. Pero sus hermanos aseguran que los precios de la comida son muy altos y que necesitan la mina para comprarlos. Su familia trabaja en la mina. Le duele, pero no ha podido convencerlos de salir. ¿Es verdad que las autoridades necesitan de su permiso para sacar a los pemones de la mina? “Sí. Pero ya lo tienen. Ese fue nuestro compromiso en la reunión que hubo en Puerto Ordaz con el ministro de Turismo, el gobernador de Bolívar y el general del REDI”. A partir de los sucesos de Urimán, donde un grupo de indígenas amarró a los guardias nacionales y les quitó las armas, los militares deben solicitar autorización del capitán de la comunidad para sacar a los pemones de la mina.

 

El combustible de la polémica. Una mina no existe sin combustible. El tambor de 200 litros cuesta 50 bolívares en La Paragua. A la mina se le puede vender ese tambor por entre 20.000 y 30.000 bolívares. Cada operador turístico tiene un cupo mensual. Se le asigna después de presentar más recaudos que el antiguo cupo Cadivi. Y deben demostrar en qué lo usaron para que se los den al mes siguiente. Ese combustible hay que buscarlo en La Paragua. Hacer la cola desde la madrugada. A veces se los dan y otras dicen que no ha llegado. Llevarlo a Canaima es una fortuna, porque todo se transporta por avión. El general Marcelino Pérez es el jefe del REDI en la zona. ¿Quién controla el combustible? Hicieron un trabajo de inteligencia en Canaima y determinaron que el combustible del turismo se estaba desviando a la mina. Recortaron los cupos. Los operadores paralizaron las operaciones, hubo una reunión y se llegó a acuerdos. Uno de ellos fue sacar la minería del Parque Nacional. El general Pérez estuvo con una comisión en Canaima la semana pasada. Lo conocimos. Tiene perfecto conocimiento de lo que ocurre, las minas localizadas y los mineros identificados. Se comenta que pronto los sacarán. Hay que hacerlo con mucha cautela, porque siempre se enteran y sacan todo. Tienen teléfonos satelitales. Alguien da el pitazo. Se dice que la mina de Campo Carrao pertenece a una empresa colombiana y que un indígena de Las Bonitas es el capo contratado para operarla. Si de La Paragua no dejan salir combustible a la mina, la mina se acaba. Y el combustible de La Paragua lo controla la Guardia Nacional.

 

Lo que exigimos los venezolanos. El Parque Nacional Canaima es patrimonio de la humanidad. Del Auyantepui se desprenden la caída de agua más alta del mundo, el Kerepakupai Vená. En estas tierras se originó el mundo. Es una región anciana y sensible. Las llagas que le ha abierto la minería no sanarán jamás. Quedarán ahí como señal de nuestra indolencia. Si todos saben dónde están las minas, quiénes son los mineros y los estragos que causa esta actividad, ¿cómo se explica que no se acabe con este crimen? No queremos minería en Canaima. Punto.