• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Freddy Carquez

El militarismo en Venezuela (siglo XXI)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Sobre esta deformación política, tan frecuente en la conducta social de nuestras elites, se ha discutido bastante a lo largo y ancho de los doscientos años de vida republicana, pero los sucesos de las últimas semanas nos dicen a gritos que aún falta un trecho histórico importante por transitar para que se produzca una consistente superación de tan irracional e inhumana desviación.

Porque el militarismo consiste en una política de Estado en la cual se utiliza a conciencia una institución organizada y equipada para defender y proteger a la comunidad, apoyada en el control monopólico del poder letal de las armas y se le convierte en un instrumento ciego y sordo, dedicado a agredir a la ciudadanía, para proteger una y otra vez a los amos del poder económico y político de turno.  

Porque no se trata de llevar puesto o no el uniforme, de andar armado o desarmado, de retratarse o no con los militares, de organizar o no pretenciosos y caros desfiles, de confundir al ciudadano con el tramposo antagonismo de civiles o militares en la conducción de la nación, infantiles argumentos todos ellos, que solo esconden que cuando hablamos de militarismo estamos hablando de una política desarrollada desde el poder y dedicada a sembrar el terror en la población, sin importar el sexo, la raza, la condición  social o profesional de quienes la dirigen.

Y el meollo de su existencia está dado por nuestra comprensión en torno a la utilidad o necesidad que tiene la sociedad de resolver sus diferencias o contradicciones utilizando la violencia en forma organizada y sistemática, o de admitir con firmeza y responsabilidad el respeto a las normas constitucionales, que demandan del Estado y de quienes lo dirigen la defensa a ultranza del derecho a la vida, a la libertad y a la prosperidad de los ciudadanos.

Porque el comportamiento que generalmente es asumido desde el poder por quienes lo han administrado en Venezuela está sustentado y ampliamente deformado por las pretensiones hegemónicas, por el continuismo y el nepotismo, comportamientos inspirados en la  mayoría de los casos por la defensa de privilegios e intereses económicos personales o grupales, ignorando los inalienables derechos a la pluralidad en las ideas y a la diversidad de intereses presentes en la sociedad venezolana, protagonista principal de la República a la cual las armas de la nación deben defender en forma permanente.

El continuismo y el nepotismo que hoy existe en la dirección del Estado, dirigido a mantener una desigual y corrupta administración de la renta petrolera, responsabilidad que se concreta en el control de la producción y comercialización de los hidrocarburos, es desde hace un siglo un extraordinario punto de conflicto entre los grupos de poder al interior de nuestra República, y constituye en el presente la principal razón del proceso de deterioro que vivimos; pareciera que nunca  antes la riqueza del país había sido tan codiciada. 

Aun en las sociedades atrasadas tercermundistas, el instrumento armado sigue siendo utilizado por el  poder económico y burocrático de turno para imponer el reparto desigual de la renta, sin importar que los beneficios finales de cualquier administración estén muy lejos del contingente humano utilizado para imponer el orden o el silencio; al final de los conflictos suscitados, el balance, estimados generales de la República, es una nueva camarilla de boliburgueses y una gran cantidad de víctimas cuyos nombres borra el indetenible y disolvente efecto del tiempo.

Y aterrizando de nuevo en los problemas de nuestra sociedad, ¿qué es lo que discutimos?, ¿es que acaso es falsa  la motivación de los millares de venezolanos que en las calles del país se quejan del franco deterioro económico, social, cultural y político en el cual nos encontramos?, ¿pero que, además, también exigen explicaciones al gobierno que conduce el ciudadano Nicolás Maduro, sobre la utilización de los millardos de dólares que la nación ha recibido durante los últimos 15 años?, ¿dónde están?, ¿qué se han hecho?, ¿quién los tiene?, ¿adónde han ido?

Por lo que resultaría incomprensible, dada la extraordinaria importancia de los temas en discusión, que las instituciones con mayor fortaleza, responsabilidad  y opinión de Venezuela, como son las universidades, las academias, la Iglesia, los partidos, los sindicatos y gremios, el movimiento estudiantil y las Fuerzas Armadas, carezcan de explicaciones y respuestas coherentes frente a problemas como: el proceso de violencia interior que se ha desarrollado, la organización estatal del desorden, la corrupción y el empobrecimiento que nos consume.

Es completamente obvio, ministra de la Defensa, que la institución que usted dirige no es, ni debe ser, protagonista de las soluciones, pero tampoco puede, ni debe ser, soporte de lo contrario, que es en buena medida lo que ha venido sucediendo, independientemente de que su corazoncito se acelerara cuando escuchaba al presidente anterior o lo haga ante el actual; sus emociones no son razón para intervenir como soporte público del gobierno y sus políticas, salvo que su objetivo sea provocar a quienes en las FANB y en la población piensen lo contrario, contribuyendo así a desordenar aún más a Venezuela, lo que ha sido hasta el presente una política de Estado.

Tanto usted como los restantes oficiales que comparten la orientación gubernamental y que están dispuestos a activar en la gestión estatal deben solicitar su salida formal de la institución y dedicarse a militar en el PSUV, en el PCV o en cualquier otra organización, porque es muy importante comprender que están muy equivocados cuando lo hacen parapetados en sus uniformes, porque por ese camino de echarle leña al fuego no vamos para ninguna parte. Y asumiendo con claridad la responsabilidad por lo que hagan o dejen de hacer, sin pretender colocarse por encima del resto de la sociedad.