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Edgar Cherubini

El mesías islámico y el apocalipsis

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Los fanáticos del Estado Islámico libran una guerra mística. La teología musulmana proclama que un mesías implantará el reino del islam en la Tierra. Los yihadistas sunitas afirman que el Mahdi, el Guía, ya arribó y lidera a los combatientes en Daquib.   

Lo que hoy conocemos como Estado Islámico de Irak y Siria, EIIS, ISIS o Daesh, es una organización sunita que sucedió a Al-Qaeda Irak, creada en 2003, durante la ocupación de las tropas americanas en ese país. A partir de 2006, el Estado Islámico ha estado atrayendo hacia sus filas a fanáticos sunitas provenientes de diversos países del Medio Oriente. Una de las razones esgrimidas por los líderes del nuevo califato, y que ha sido la fuente de reclutamiento de miles de jóvenes de todas las capas sociales de la población musulmana mundial, es que entre sus militantes se encuentra el Mahdi o Soberano de los últimos días, una suerte de mesías anunciado por el Corán.

Nos encontramos ante unas creencias muy arraigadas del milenarismo musulmán, que habla del fin de los tiempos y la instauración del reino o sociedad islámica perfecta en la tierra antes del Yaum al-Qiyamah o día del juicio final.

Una de las diferencias con los musulmanes chiitas es que estos sostienen que el Mahdi se encuentra aún oculto para proteger su vida porque en el futuro será “el Salvador del mundo y traerá la justicia sobre la Tierra”. Mientras que para los sunitas el Mahdi ya se encuentra a la cabeza de sus huestes, como lo afirman importantes jeques y eruditos islámicos, por eso han acelerado la instauración del Califato y el lugar escogido según las profecías es la ciudad de Dabiq en Siria, donde, según ellos, comenzará el apocalipsis.

El analista Ryan Mauro (The Islamic State Seeks the Battle of the Apocalypse) hace una interesante observación sobre un video donde aparece Abu Musab al-Zaraqawi, líder de Al-Qaeda en Irak, antecesor del ISIS, antes de que fuera eliminado en 2006 por un drone americano. En la arenga hace referencia a “las armadas de cruzados que serán quemados en Dabiq”.  Lo que al-Zaraqawi afirmaba, no era otra cosa que un hadiz o jadiz , recopilación de las sentencias de Mahoma, escritas por los sabios y eruditos encargados de transmitir  las enseñanzas orales del santo Profeta del Islam. De allí el horror de las imágenes emitidas por los órganos propagandísticos del ISIS de los yihadistas quemando vivos a los infieles y prisioneros. 

Sahih Muslim, uno de los autores de los Jadiz, en su libro La agitación y los portentos de la última hora (The Book Pertaining to the Turmoil and Portents of the Last Hour - Kitab Al-Fitan wa Ashrat As-Sa`ah), afirma proféticamente: “Las últimas horas antes del apocalipsis estarán signadas por la ocupación de los Romanos de las tierras de al-A’maq o de Dabiq”. No es al azar que el Estado Islámico se refiera a Obama como “el perro de Roma” y al Ejército americano como “los Romanos”, en una clara y actualizada alusión a sus antiguas escrituras, así, el Estado Islámico proyecta sus acciones según sus creencias milenaristas provocando la confrontación para de esa forma acelerar y justificar su profecía apocalíptica: “El Jadiz dice que Dabiq será controlada por los mejores soldados islámicos provenientes de la Meca. Ellos capturarán a los ‘Romanos’ (americanos) en el momento que lancen su ataque”.

Cuando observamos a estos fanáticos destruyendo cruces, quemando iglesias y bibliotecas, demoliendo los museos, degollando y quemando vivos a los cristianos de Irak o a quienes no se plieguen a sus creencias, en realidad están despejando el camino para el Mahdi y la refundación del mundo.

No pasar por alto que tanto Irán como su brazo armado contra Israel, la temible Hezbollah, siendo chiitas, proclaman por igual la llegada del Mahdi.  El integrismo chiita y el extremismo sunita beben de la misma fuente, el Corán, interpretándolo a su manera ambas facciones desean destruir la cultura occidental.

Para enfrentar a un enemigo, la primera tarea es conocerlo y definirlo. Esto ha sido difícil para los políticos occidentales. Para citar un solo ejemplo, en Francia, después de los últimos ataques terroristas de enero, reivindicadas por ISIS y Al-Qaeda, el presidente Hollande en su discurso de desagravio afirmó que las masacres “no habían sido perpetradas por musulmanes”. El populismo socialista ha conducido a sus líderes a una forma de ceguera cuando desde el gobierno afirman que la pobreza es la causante del terrorismo islámico, obviado la psicopatía religiosa como una de las causas. Muchos de los jóvenes yihadistas noruegos e ingleses que se han unido al ISIS provienen de familias pudientes. Bin Laden, quien perteneció a una familia musulmana millonaria, siempre tuvo la convicción de que sus acciones eran un preámbulo a la instauración del Reino Islámico y que él no viviría para presenciarlo.

Graeme Wood (What ISIS Really Wants), afirma: “La realidad es que el Estado Islámico es islámico. Muy islámico. Sí, ha atraído a psicópatas y aventureros, en gran parte de las poblaciones descontentas del Medio Oriente y Europa. Pero la religión predicada por sus seguidores más fervientes se deriva de las interpretaciones coherentes de los eruditos del Corán y de las enseñanzas del islam. Prácticamente todas las decisiones importantes y la ley promulgada por el Estado Islámico se adhieren a lo que denominan ‘la metodología profética’, que es detallada meticulosamente en sus pronunciamientos y en su propaganda, significando y proyectando así la profecía y el ejemplo de Mahoma. Los creyentes musulmanes pueden rechazar el Estado Islámico, muchos lo hacen, pero pretender que no es un grupo religioso y milenarista es obviar la realidad, generando falsas interpretaciones en Europa, y a Estados Unidos a subestimarlo, estableciendo necios esquemas para contrarrestarlo”.

La realidad es que el Estado Islámico, aparte de ser una banda de sicópatas sumidos en el oscurantismo del siglo VII, es una organización religiosa que persigue una profecía en la que ellos son los agentes del apocalipsis. Su estrategia se engendra en una teología que alienta a los creyentes, combatientes invisibles diseminados por todo el mundo, a accionar el gatillo del fin de los tiempos y engrosar el ejército de mártires guiados por el Mahdi.  Se trata de una batalla mística por Alá y la instauración del Reino del Islam sobre la Tierra. ¿Cómo luchar contra un ejército con un concepto metafísico de la guerra, dirigido por un ser mítico?

 
edgar.cherubini@gmail.com

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